domingo, 20 de abril de 2014

Semana Santa en Auvernia

Y por fin llegaron las vacaciones de Semana Santa. En estas fechas, siempre aprovechamos unos días para viajar con nuestros hijos. Esta vez, como el año pasado, nuestro destino fue Francia. Es un país que nos encanta, pues tiene multitud de paisajes que visitar y actividades para realizar, y todo está muy bien cuidado. Además, es un destino fácil para desplazarse en coche desde nuestra ciudad. Siempre solemos buscar un sitio con actividades interesantes para los niños que a la vez cumplan con las expectativas de los mayores, así que este año nuestro objetivo fue visitar el Parque Natural de los volcanes de Auvernia.

Así que con el coche cargado de ilusión (y sin olvidar los dos pares de zapatillas) nos pusimos en marcha hacia la ciudad de Clermont-Ferrand. En realidad íbamos a una "pequeña aldea gala" llamada Tournebise (algo así como una pedanía del municipio de Saint-Perre-Le-Chastel), pero no nos salía en el GPS, ni el uno ni el otro, así que decidimos ir tirando y ya preguntaríamos al llegar a la región. Después de una parada técnica tras atravesar la frontera, nos dirigimos hacia el norte, donde esperábamos parar para visitar la megaestructura del que fue el puente atirantado para vehículos más alto del mundo hasta 2012: el viaducto de Millau.
Aleix, Ainhoa, Arantza y Jordi al Viaduc de Millau.
Al cabo de unas horas de viaje nos acercamos a Clermont-Ferrand y nos empieza a preocupar que no va a ser fácil llegar a nuestro destino (que sólo sabemos de manera orientativa dónde está). Paramos en diferentes sitios para preguntar y nadie ha oído hablar de ese lugar. Nos lo tomamos a risa. Por las pistas que vamos dando, nos van orientando hacia pequeños pueblos de la zona hasta que, a la entrada de uno de ellos, vemos un mapa y, por fin, encontramos el municipio de St Pierre.
Por fin lo encontramos.
El paisaje es espléndido. La campiña verdísima, bosques, muchísimas vacas y, a nuestro alrededor, los conos volcánicos, presididos por la espectacular mole del Puy de Dôme. Ya me imagino lo que vamos a disfrutar de nuestros entrenamientos, ya que esos no hacen vacaciones.

Llegamos a nuestro alojamiento, una casita de madera en medio del campo que parece salida del cuento de Heidi. ¡Y es que hasta hay dos cabritas blancas!

Volca'lodges de Tournebise.

Lionel y Ainhoa con Blanquita.
Pero, eso sí, equipada con todas las comodidades. Nos quedamos boquiabiertos cuando vemos el jacuzzi exterior...
Jordi en el jacuzzi.
Dejo a Jordi y a los niños en la casa y, sin deshacer las maletas, me pongo la ropa de correr y las zapatillas y me voy a dar una vuelta. ¿Qué mejor que reconocer la zona corriendo? Ordenadamente, para no perderme, voy siguiendo diferentes caminos, pero todos van a dar a campos de hierba, algunos con vacas, otros no. Me alejo un poco más y veo un camino que acaba en una barrera de madera. La rodeo y veo un sendero que se adentra en el bosque. Lo sigo hasta que, al cabo de un rato, ya he pasado dos desvíos, me he torcido el tobillo dos veces y una rama casi me saca un ojo, así que decido volver por donde he venido, no sea que empecemos mal las vacaciones. Con todo, ya he completado el entrenamiento del día.

Uno de los motivos de visitar la región era Vulcania, un parque temático sobre volcanes. Queríamos dedicarle dos días, para poder disfrutar no sólo de la parte de atracciones, sino de las exposiciones científicas. Sin embargo, un día completo e intenso de 10 h a 18 h nos llega para poder verlo todo.
Exterior de Vulcania. Al fondo, el Puy de Dôme.

El meteorito de Tamentit, de más de media tonelada.

Bajando al cráter. Entrada a Vulcania.

Jordi y yo nos turnamos a la hora de entrenar. Ya hemos conseguido un buen mapa y esta vez él descubre un circuito circular por asfalto de unos 12 km, que atraviesa la pequeña ciudad de Pontgibaud. El perfil es de fuertes subidas y bajadas. Estamos a más de 800 m de altura y, con 12ºC, la temperatura es buena para correr.

La región es ideal para hacer excursiones. Una de ellas es subir al Puy de Dôme, de 1465 m de altura. Será la primera vez que Ainhoa sube una montaña. Nos hemos decidido a hacerlo ya que está muy fuerte desde que el pasado mes de septiembre entró a formar parte del equipo benjamín de balonmano de Tàrrega.

Comienzo de la excursión al Puy de Dôme.
Cadena de volcanes.
Llegando a la cima.
Cima del Puy de Dôme.
Y ya de vuelta después de unos días de vacaciones, estoy contenta porque no he descuidado el entrenamiento para el maratón del próximo 18 de mayo. Hoy, ya en casa, he realizado la última salida larga de 30 km en 2 h 40 min, todos ellos bajo la lluvia.

¡Qué bien que se siente uno cuando lleva los deberes al día!

¡Hasta pronto!








sábado, 5 de abril de 2014

Viaje a la Antártida

Hoy no os voy a hablar de correr. Sin carreras y en pleno plan de entrenamiento para maratón, he pensado en hacer un pequeño paréntesis en el contenido del blog. Volviendo hacia atrás en el tiempo, he encontrado recuerdos sobre un lugar remoto: la Antártida. Hace bastante años, cuando aún era estudiante de Doctorado, tuve la oportunidad de viajar a la Antártida en el marco de un proyecto científico orientado al estudio del campo geomagnético. Fueron dos meses y medio en la Base Antártica Española de la Isla Livingston, durante el verano antártico.

Debido a su lejanía, era como si la Antártida no perteneciera al mundo real. De hechola existencia de esa "Tierra del Sur" no fue confirmada hasta hace menos de 200 años, cuando expediciones inglesas y rusas comenzaron a explorar las regiones por debajo del Círculo Polar Antártico. Fue el capitán Cook fue el primero en atravesar el paralelo 66º en 1753, sin embargo, nadie había visto nunca la Antártida hasta que el capitán de navío británico Wiliam Smith tocó tierra en ella en 1819. Existe, sin embargo, la sospecha de que un barco español, el San Telmo, desviado de su ruta por fortísimos temporales típicos de aquellas latitudes, pudo llegar a la Antártida algunos meses antesSé que voy a ir a esa tierra desconocida, donde sólo el viaje mismo ya representa una aventura, de esas que sólo había podido imaginar en los libros. 

Canal de Beagle
Hoy en día, llegar a la Antártida cuenta con todos los avances de la técnica. Hay Bases que cuentan con un aeropuerto y, en el caso de la americana Amundsen-Scott, tiene varios vuelos diarios a la Base McMurdo (también estadounidense) durante el verano antártico. A pesar de todo, es un viaje no ausente de peligros. El itinerario seguido para ir a las dos Bases Españolas, situadas en las Islas Shetland del Sur (cerca de la península Antártica) se inicia bien en Punta Arenas, en Chile, como en Ushuaia en Argentina, dependiendo del año. Debido a la corriente circumpolar, en el Paso de Drake hay corrientes fortísimas del oeste, con olas de más 10 metros. El Hespérides nos recoge en la ciudad chilena de Punta Arenas. Será un viaje por mar de tres días, de los cuales las primeras horas son las más apacibles, recorriendo el Estrecho de Magallanes y el Canal de Beagle. Las vistas desde la cubierta son impresionantes. Sin embargo, una vez superado el Cabo de Hornos, la situación cambia completamente.


Paso de Drake
Por supuesto, ya nadie sale a cubierta. Hasta que, pasados dos días,  el estruendo y el terrible balanceo se transforman en una calma extraña. El paisaje ha cambiado completamente. Ahora todo es gris. El barco se desplaza sin prisa, el capitán siempre atento al radar. Y aparecen los primeros icebergs.


Primeros icebergs, Paso de Drake
La visión de tierra firme me hace rememorar antiguas travesías. No fue hasta 1911 cuando dos expediciones paralelas, una noruega y otra inglesa, consiguieron llegar al polo sur geográfico. El 14 de diciembre de 1911 Roald Amundsen, 4 compañeros y 18 perros (de los 52 que comenzaron la travesía ) llegaron al polo después de 57 días caminando sobre el hielo. Dejaron allí una tienda con la bandera noruega y una carta para la otra expedición y retornaron a salvo a su base desde donde zarparon hacia Australia para informar al mundo de su triunfo. Un mes después, el grupo inglés liderado por Scott llegó al polo sur encontrándose con que no habían sido los primeros en alcanzar su objetivo. Muy decepcionados y débiles por el frío y el esfuerzo, iniciaron el viaje de vuelta. Fueron sorprendidos por 8 días de mal tiempo que les impidió avanzar y finalmente murieron de frío, tan  solo a 18 km de un punto de aprovisionamiento.


Llegando a las Shetland del Sur
El polo sur no había vuelto a ser visitado desde las expediciones de Amundsen y Scott  en 1911. En 1957 los Estados Unidos finalizan la Base Amundsen-Scott para realizar estudios científicos. Es una base permanente, donde el personal que pasa la invernada no puede salir de allí durante los 6 meses de invierno. Las dos bases españolas, situadas en la Isla Livingston y en la Isla Decepción, sólo se abren durante el verano antártico. Serán más de dos meses de contacto puro con la naturaleza gélida, en un aislamiento casi total. Somos 14 personas: la mitad científicos y, la otra mitad, técnicos de mantenimiento.
El Hespérides desde la playa de la Base.
La antigua Base Antártica Española
Con unos 14 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales el 99% están cubiertos de hielo, la Antártida es, en promedio, el continente más alto, el más frío, el más ventoso y, por supuesto, el menos habitado de toda la Tierra. El interior de la Antártida presenta el clima más áspero del mundo. La temperatura más baja del planeta se registró allí en agosto de 2010 (-93.2°C). Por otra parte, en la base francesa de Dumont d'Urville se registró en julio de 1972 una velocidad del viento de 320 km/h. Además, con una precipitación media anual en el continente de unos 50 mm por año, la Antártida es un desierto, por definición, a pesar de contener más del 70% de las reservas de agua dulce del planeta. Pero, a diferencia de otros desiertos, la evaporación es tan baja que la poca nieve que cae se va acumulando durante cientos y miles de años creando capas enormemente gruesas de hielo.Nuestra Base está ben acondicionada. Las habitaciones, con literas, son cómodas y dispone de calefacción. Vamos, además, muy bien equipados con ropa interior térmica, forro polar, cortavientos, guantes, gorro, buenos calcetines y botas de montaña.


Isla Livingston

Monte Friesland
La vida en la Base discurre plácidamente. Funciona como un barco, con sus horarios fijos de desayuno, comida y cena, la jornada de trabajo y los turnos de limpieza. Junto a nosotros, conviven líquenes centenarios y multitud de especies de animales marinos.

Junto a elefantes marinos.
Pingüino barbijo en la playa de la Base.
Mi trabajo consiste en construir tres casetas que albergarán los instrumentos que medirán el campo magnético terrestre. Es un trabajo duro que hay que realizar a contrarreloj, muchas veces bajo las inclemencias del tiempo.

Caseta para la instrumentación geomagnética
Pero los fines de semana hacemos excursiones: a visitar la pingüinera o el glaciar. Son salidas en las que hay que extremar la vigilancia, ya que la ayuda más cercana en caso de accidente puede encontrarse a tres días de distancia, dependiendo de por dónde ande el Hespérides, que lleva un médico a bordo.
De visita en la vecina Base búlgara
De excursión por el glaciar
Con Javier Cacho, el Jefe de la Base, en el glaciar.

Y si no lo estábamos ya antes, con el paso de las semanas nos volvimos un poco locos.
En el agua sólo sobreviviríamos 3 minutos
Fría, fría,...
Los días de 24 horas tocan a su fin. Un día, de repente, se empieza a hacer de noche y vemos la Luna brillar en el cielo. El verano antártico se acaba y es hora de volver a casa.

Cae la noche en la Base.



       

lunes, 10 de marzo de 2014

Marxa dels Castells de la Segarra (9 de marzo de 2014)

Después de muchos meses en modo asfalto, ayer tocaba un cambio total de chip. Desempolvé mis zapatillas de trail y me dispuse a hacer la máxima distancia que he corrido hasta el momento: 54 kilómetros.

Era la 15ª edición de la Marxa dels Castells, prueba puntuable para la Copa Catalana de Marchas de Resistencia, en la que se pueden escoger dos distancias: 54 km y 80 km. El recorrido es de subidas y bajadas constantes, pero de poca importancia, alcanzando un desnivel acumulado de 1.200 m. El circuito, que cada año cambia de sentido, se desarrolla por pequeños pueblos de la comarca de La Segarra, con el gran atractivo de los numerosos castillos que se encuentran a su paso.
Castell de les Sitges. Foto: J. Riambau.

Es una prueba que se puede realizar corriendo o andando y año tras año aumenta el número de participantes, alcanzando este año los 2.900 inscritos. La salida tenía lugar en Guissona, muy próxima a Tàrrega, con lo que muchos de mis compañeros del club ya la habían hecho, algunos de ellos muchas veces. Sin embargo, yo no me he visto capaz de realizar una distancia tan larga hasta este año. Todos hablaban muy bien de ella, así que me hacía muchísima ilusión.

Después del desastre del medio maratón de hace una semana, pensaba que no estaba en mi mejor momento de forma, así que la ilusión se mezclaba con el miedo a no poder acabar en condiciones. Sin casi poder dormir de los nervios, me levanto a las 4:40. Me tomo un plátano y una botella de Isostar Long Energy. Creo que no es mucho, tengo un amigo que se zampa un plato de macarrones antes de pruebas de este tipo, pero me es imposible comer nada más. La prueba empieza a las 7 de la mañana y es espectacular el ambiente que se respira, tantos miles de personas en una ciudad tan pequeña. Aún está oscuro, pero el sol saldrá pronto, así que no es necesario llevar frontal. Me recomiendan que me sitúe en las primeras líneas, pues enseguida empiezan tramos de senderos que hacen muy difícil adelantar. A las 7 en punto, al estruendo de un trabucazo, se da la salida.
L'Aranyó. Foto: J. Riambau.
Salgo sin prisas, sin presiones. Sabiendo lo que tenemos por delante, creo que 5:30 min/km es un ritmo óptimo. Me sorprendo al ver a decenas de corredores y corredoras que me adelantan a toda velocidad. No me dejo llevar por ello. En mi experiencia, he acabado aprendiendo que en este tipo de pruebas el regular al principio es fundamental. Durante los primeros kilómetros el número de corredores que voy encontrando es muy grande pero, poco a poco, voy adelantando posiciones. Hay algunos tramos de senderos muy estrechos donde hay que ir en fila india, apartando la vegetación con los brazos y con mucho cuidado en ver por dónde se pisa. El primer avituallamiento es pasado el km 12. Ya me habían avisado de lo espectacular de ellos: chocolate caliente, café, zumos, todo tipo de pastas dulces, galletas, frutos secos, fruta cortada a trozos, chucherías, en fin, una bacanal que, desafortunadamente, los corredores únicamente admiramos, pero de los que sin duda tomarán buena cuenta los caminadores que vienen detrás. Yo bebo agua de mi camelback, en la que he diluído un sobre de sales, tomo un gajo de naranja y en menos de un minuto ya estoy corriendo de nuevo.
Foto: Esports Truga, Cervera.

Ahora el circuito está más despejado de corredores, aunque aún somos muchos. En este punto me sorprendo al ver que no estoy cansada, me siento como si no hubiera empezado a correr. ¿Será un buen día? No quiero ni pensarlo, pues aún falta mucho por delante. Voy descontando kilómetros. Paso un segundo avituallamiento donde me tomo mi único gel y llego al tercero del kilómetro 28 situado en el espectacular pueblo de L'Aranyó, cuna del escritor Manuel de Pedrolo. Allí relleno la camelback de agua y, después de tomarme un pequeño trozo de plátano y otro gajo de naranja, retomo la marcha enseguida. Estoy comiendo muy poco, no sé si eso me pasará factura más tarde. En ese punto de control me dicen que soy la tercera mujer, pero intento no pensar en ello, porque reacciono muy mal a la presión y hoy las cosas van estupendamente de momento.

Foto: Esports Truga, Cervera.

En el kilómetro 35 ya estoy corriendo sola. Tengo algunos corredores sueltos por delante y algunos por detrás. Me tranquiliza su referencia, pues mi mayor miedo en este tipo de pruebas es perderme. Pasamos un túnel bajo la autovía y por primera vez tengo que ponerme a caminar en una dura subida de 400 metros. Llegamos a Cervera, la capital de la comarca. En el polideportivo han preparado lo que será la comida de la jornada. Algunos corredores ni siquiera entran, supongo que para evitar tentaciones, pero yo lo hago fugazmente para coger un vaso de caldo caliente que me sienta de maravilla. A lo lejos vislumbro los bocatas de longaniza.

Ahora nos encaramos de nuevo hacia Guissona. Atravesamos alguna carretera y la vía del tren, ya hay letreros que avisan de que tengamos cuidado. El paisaje es verdaderamente espectacular, con la campiña tan verde en esta época del año, los almendros en flor y la silueta de la Sierra del Montsec y las cumbres nevadas de los Pirineos al fondo. Aunque hoy no es importante, me fijo anecdóticamente en mi paso por la distancia del maratón: son 4:15 h. Mi cabeza está puesta más allá, faltan 12 km. El último punto de control  lo encontramos en el avituallamiento del km 49.De nuevo paso por alto las exquisiteces gastronómicas y, con otro gajo de naranja, encaro mis últimos 5 km. Sigo encontrándome bien, noto algo cargados los cuádriceps y los gemelos, pero nada importante.
Cumbres pirenaicas al fondo. Foto: J. Riambau (edición 2013).

No queda ya nada, estamos entrando en Guissona y sólo quedan 2 kilómetros, pero justamente por estar tan cerca se hacen los más largos. Entro al pabellón polideportivo, me escanean la tarjeta de control y me felicitan por ser la tercera mujer. Han sido 5 h 30 min. Ahora sí, me tomo tres vasos de zumo y coca con chocolate. También me llevo el bocata de longaniza, ¡creo que me lo merezco!

lunes, 3 de marzo de 2014

7 segundos

¿Os ha pasado alguna vez el encontraros en la línea de salida de una carrera y pensar en qué diantres estáis haciendo allí? A mí muchas veces, pero el domingo en la Mitja Marató de Cambrils tuve mucho tiempo para pensarlo. Al final, de todas las carreras te llevas algo, y estos 7 segundos hicieron que para mí valiera la pena estar allí ayer.

video
Vídeo de corriendovoy.com

Guardaba muy buenos recuerdos del año pasado en esta carrera, en la que conseguí mi mejor marca personal en medio maratón. Era, además, la última prueba de la Half Marathon Series de Tarragona en la que estoy participando. Este año la carrera ha crecido. Con más de 2.500 participantes, se podía escoger entre la modalidad de carrera en patines, 10 km o 21,1 km. La salida de los patinadores y de los 10 km era a las 9:30 y, supongo que para evitar aglomeraciones, retrasaron el medio maraton hasta las 11 de la mañana. Sin embargo, la recogida de dorsales se cerraba a la misma hora para todos, así que tocó madrugar y presentarnos en Cambrils a las 9 de la mañana para recoger el dorsal y la bolsa del corredor. Después, a esperar durante 2 horas. Por cierto, que de nuevo me quedé sin camiseta de mi talla. Ya sé que no será por camisetas, pero si seguimos así, pronto voy a llenar el cajón de mi hijo y a vaciar el mío, ja, ja,...

A las 11 en punto se da la salida. No hace mucho calor, pero el sol pica y, además, se ha levantado un viento del sur bastante fuerte que ya ha tirado al suelo una de las vallas de la organización. La salida es en bajada y el primer kilómetro lo hago a 4:15 min/km, aunque a partir del kilómetro 2 me pongo a mi ritmo habitual de 4:30 min/km en la primera parte de la carrera. En el kilómetro 3 ya pienso en parar. En el avituallamiento del km 5 giramos 180º y no paro por los pelos. Igual hay que volver, así que sigo corriendo. Me digo que cuando pase por meta en el kilómetro 10 abandono. Paso por el arco de 10 km en casi 47 minutos. Muchos corredores ya se quedan allí. Yo sigo adelante y encaro la segunda vuelta al circuito. Aunque intento distraerme, estoy pensando todo el rato en parar. Pero sólo es la cabeza, porque en realidad no tengo ninguna excusa para hacerlo, no me duele nada. Mi ritmo de crucero es 4:50 min/km, lo puedo mantener sin esfuerzo, más rápido me exigiría una fortaleza mental que hoy no encuentro por ningún lado. No tengo ganas, pero tengo que acabar, es la última prueba del circuito y voy la quinta de la clasificación general femenina de la Serie.

En el kilómetro 14 me pasa la liebre de 1:40. Lo conozco, nos vimos en el medio maratón de Tortosa de hace tres semanas donde casi hago MMP. Me pregunta qué hago allí, me coge de la cintura y me intenta enganchar al grupo. Pero yo ya lo doy por perdido y poco a poco me desengancho. En el kilómetro 15 veo a una chica que me suena. Creo que es Maria, la cuarta clasificada de la Serie. Yo no voy bien, pero creo que ella va peor. Cuando la alcanzo no soy capaz de adelantarla como si nada. Me pongo a su lado y me dice que no se ha recuperado del maratón de la Costa Daurada, que desde entonces ha perdido la forma y que hoy la voy a pasar. Entonces le propongo que corramos juntas y ella se adapta bien a mi ritmo de crucero. Corremos juntas los kilómetros que faltan. En el 19 le digo que sólo faltan dos kilometrillos, son palabras de ánimo para las dos. Por fin llegamos a meta. Nos cogemos fuerte de la mano y pasamos juntas bajo el arco de llegada. Hoy no importan los tiempos ni las clasificaciones. Me llevo de esta carrera algo mucho más importante.

¡Hasta pronto!


lunes, 10 de febrero de 2014

Mitja de Tortosa (9 de febrero de 2014)

Ya tengo la tercera camiseta.
Ayer se celebró la primera edición del medio maratón de Tortosa, la tercera prueba del Half Marathon Series de Tarragona. Era una carrera que no me podía perder, ante todo porque estoy participando en la serie pero, además, porque le tengo un cariño especial a Tortosa al haber vivido allí 11 años cuando los niños eran más pequeños.

Esta vez viajamos los cuatro el sábado. Mi hijo mayor tenía la agenda bastante llena, quedándose el sábado en casa de un amigo y el domingo en casa de otro. Nosotros dos y la niña nos fuimos a Amposta, a casa de otros amigos. Así que esta vez la carrera tenía también otro aliciente.

Después de bastantes meses sin correr debido a la lesión en el tendón de Aquiles, ahí anda Jordi recuperando ritmos poco a poco, así que, al no poder correr como le gusta a él, decidió acompañarme y hacerme de liebre. Estas tres semanas después del maratón de Tarragona he continuado entrenando a ritmos bastante fuertes, así que, aprovechando que tendría una liebre de lujo me propuse atacar mi MMP en la distancia. El circuito se desarrollaba por ambos márgenes del río Ebro y era bastante llano, así que todo parecía favorable. Sin embargo, nos esperaba alguna sorpresa imprevista.

Río Ebro. Al fondo, Castell de La Suda. Foto de Ximo Barberà.
Unos minutos después de las 10 de la mañana se da la salida. Somos casi 700 corredores, entre ellos agunos atletas de gran nivel, como los ganadores en categoría masculina y femenina del maratón de Tarragona. Empezamos a correr rápido, más adelante ya se estabilizará el ritmo. Pero, al cabo de 250 metros, nos encontramos con el primer imprevisto: un tramo de 300 metros sin asfaltar, lleno de piedras y baches que nos sorprende a todos. Y es que por ese tramo vamos a pasar 4 veces durante toda la carrera. Hay que ir con cuidado y mi ritmo se resiente. Pasado ese tramo continuamos el recorrido a buen ritmo. Corremos junto al río y sé que el paisaje es precioso porque lo conozco, ya que en carrera es difícil fijarse. Alrededor del kilómetro 3 entramos en un tramo de 1 kilómetro de vía verde, de nuevo sobre tierra cubierta de gravilla resbaladiza. Pasaremos 2 veces por allí. En el kilómetro 7, otro tramo de unos 300 metros por un parque con mucha grava, que hace que los corredores nos desviemos por la hierba. También pasaremos dos veces por ese lugar. Completamos así los 10 primeros kilómetros del recorrido en un tiempo oficial de 45:31 e iniciamos la segunda vuelta.

Jordi me lleva buen ritmo, va girándose contínuamente, hablándome y animándome, para él es como si fuera andando. Me grita que apriete, que me ha visto correr más rápido. Yo pienso en contestarle que se calle de una vez, pero no puedo hablar, bastante tengo con respirar. La segunda vuelta es muy dura. Los tramos que no son de asfalto me hacen reducir el ritmo muchísimo y estoy realmente cansada. Pero ahí tengo a Jordi sin parar de gritar y le sigo como puedo. Poco a poco se va acercando la meta. El arco de llegada se ve desde lejos, pero cuesta llegar hasta él. Con las fuerzas justas consigo esprintar junto a Jordi y entramos juntos en meta en 1 h 37 min 40 s. Sólo a 4 segundos de mi MMP en medio maratón. He sido, sin embargo, la quinta mujer y la segunda de mi categoría.

Clasificación por categorías.

En definitiva, se trata de un circuito llano pero para nada fácil. Alrededor de un 18% de la distancia es sobre tierra y hay un par de rampas para acceder a dos puentes que hay que subir dos veces. La organización es buena, dentro del estándar de las otras pruebas del circuito. En mi opinión, un medio maratón recomendable.

Ahora a continuar entrenando para mi próxima cita: la última prueba del Half Marathon Series, el medio maratón de Cambrils del 2 de marzo.

¡Ya os contaré!

lunes, 20 de enero de 2014

Marató de la Costa Daurada-Tarragona 2014

Salida. Foto: Miguel Joglar.
  
Noveno maratón finalizado. No cumplí mi objetivo, pero estoy satisfecha igualmente, pues lo hice lo mejor que pude. Rebajé en 4 minutos mi marca del año pasado en la misma carrera  y creo que esa ha de ser la referencia correcta. Por lo demás, no quiero caer en excusas como que he encadenado tres maratones en 4 meses o que el circuito estaba lleno de cuestas. Todo eso no sirve si se ha entrenado bien. Mi reflexión es que hay que entrenar más, pero no en cantidad, pues creo que ya hago suficientes kilómetros. Toca entrenar mejor. Aquí os dejo mi crónica de la MCD 2014, mi tercera participación en esta carrera y la segunda desde que cambiaron el circuito de Salou a Tarragona.


Suena el despertador a las 5:30, aunque hace bastante rato que estoy despierta. No tengo hambre, pero me tomo los tradicionales: plátano, barrita Isostar y té a la canela. A las 6:30 viene a buscarme Xavi, un compañero del club. Resulta que tenía dorsal para una carrera de 10 km el mismo día, pero le ofrecieron uno para el maratón y lo intercambió sin problema. Para entrenar, dice..., es tremendo. En una hora ya estamos en Tarragona y aparcamos muy bien cerca de la salida. Recogemos el dorsal, nos cambiamos y nos deseamos suerte. Somos tres compañeros del club que correremos el maratón y dos que harán la carrera de 10 km.

Kilómetro 10. Foto: Paz.
A las 9 en punto se da la salida. El día es bueno para correr. Está tapado, hace fresco y el viento que sopla no es muy fuerte. No hay problema de aglomeraciones. Me pongo desde el primer kilómetro a un ritmo por debajo de 5 min/km. La idea es no ver ese 5 en el Garmin en ningún  momento. Veo los dos globos de 3:30 a una distancia de unos 200 m y decido atraparlos muy poco a poco. Lo consigo en el kilómetro 5. El circuito es muy llano más o menos hasta el km 8. A partir de ahí, empiezan los tramos de cuestas. Como aún estoy fresca, consigo mantener el ritmo de las liebres en las subidas, recuperando en las bajadas. A pesar de que es muy incómodo ir con ellas, debido a la gran cantidad de gente que sigue ese ritmo, me mantengo siempre a su lado. La razón es que están haciendo un trabajo fenomenal, manteniéndose entre 4:50 y 4:55 min/km de manera muy constante.

Kilómetro 22. Foto: Jordi Nager.

Hacia el km 20 pasamos por debajo del arco de salida y el circuito se endurece. Pasamos el medio maratón en 1 h 44 min pelados. Empieza un tramo de cuestas que se alarga hasta el km 27. Un largo kilómetro en bajada nos prepara para otra subida que nos llevará, en el km 31, a una pista de atletismo. He conseguido estar con la liebre hasta el km 28-29. A partir de ahí ya no puedo más y veo cómo se va alejando poco a poco. A partir del km 32 y hasta la meta, el circuito se suaviza nuevamente. Los kilómetros avanzan poco a poco. Mi referencia es el km 40, en el que el año pasado nos hacían pasar bajo el arco de meta. Pero este año no es así, sino que nos desvían por un lateral para completar los dos kilómetros que faltan. Creo que es una decisión acertada y me alegra que hayan hecho ese cambio. Hacemos dos kilómetros en ida y vuelta por el espigón del Puerto de Tarragona. Cuando voy, veo a las liebres que vuelven. Este tramo es muy llano y, aunque algunos kilómetros antes estaba para el arrastre, veo que ahora puedo hacer un cambio de ritmo importante. Los últimos 200 m encuentro fuerzas para esprintar y restarle segundos al crono. Paro el Garmin en 3 h 35 min. En las clasificaciones veo que he quedado la 1ª de mi categoría, así que subo al podio. Estoy muy contenta, su importancia es la justa, pero esas pequeñas cosas me dan mucha motivación.

Judit, (1ª Senior F), Xavi y Arantza (1ª F40). Foto: Xavi Capdevila.

En resumen, en mi opinión el MCD es un maratón recomendable. La organización, en todos sus aspectos, es buena, y también lo es el ambiente. Veo que, además, hacen esfuerzos en mejorar de una edición a otra. Si tengo que encontrarle una pega, es que este año me quedé sin camiseta de la talla S y la M me queda como un saco. Aunque no es algo que me quite el sueño, pues será por camisetas...

Ahora a seguir entrenando para conseguir nuevos objetivos. Tengo apuntado en la agenda para los próximos 6 meses: 1 carrera de 10 km, tres medios maratones, un maratón y dos carreras de ultradistancia. ¡Ya os contaré si puedo con ello!

video
Llegada a meta. Tiempo real: 3 h 35 min 29 s. Video de Corriendo voy.

Aquí os dejo un enlace a la fantástica crónica de la MCD del marcador de ritmo de 3:30, el conocido triatleta Robert Mayoral. Pincha aquí

viernes, 10 de enero de 2014

¿Nos darán suerte los conguitos?

El día de Nochevieja, a la hora de la cena, me dí cuenta de que había olvidado comprar las uvas. Así que este sería, probablemente, el primer fin de año sin tomarlas desde que tengo uso de razón, y de eso hace ya 4 décadas. ¡Horror! A ver si nos íbamos a quedar sin tener un año próspero según marca la tradición. Decidimos entonces despedir el año con 12 "conguitos", solución que, todo sea dicho, les encantó a los niños.

Y es que durante las últimas semanas he andado bastante despistada. En lo que respecta a nuestra afición común, se ha cumplido justo un año desde que me nombraron presidenta del Club. Es un cargo que intento llevar con responsabilidad y que me exige bastante tiempo. Este final de año, los compañeros de la Junta  decidimos darle forma al entrenamiento conjunto del año pasado y organizar la 2ª Sant Silvestre Targarina. La idea principal era ofrecer un evento atlètico gratuíto, lúdico y familiar que, por otra parte, no consumiera recursos del más importante "Quart i Mitja Marató Ciutat de Tàrrega", del que se celebrará en mayo su 14ª edición. Todo ello sin renunciar a los servicios de una buena carrera como son: el cronometraje, seguro de accidentes, regulación del circuito por la guardia urbana, avituallamiento, premios a los ganadores en categoría masculina y femenina y obsequio a todos los participantes. Con 160 inscritos y un ambiente espectacular, creo que conseguimos nuestro objetivo. Aquí os dejo un video precioso de la carrera gracias a Dani Hernández.


          Video de la 2ª Sant Silvestre Targarina. Gentileza de Dani Hernández.

Estas últimas semanas he estado entrenando bastante, ya fuera Navidad, Año Nuevo o Reyes, probablemente igual que vosotros. También estuve unos días en mi tierra, Euskadi, visitando a la familia y aproveché para entrenar en el precioso paisaje lleno de desniveles y bajo la lluvia. Y es que dentro de 9 días tengo el Maratón de la Costa Daurada-Tarragona y el plan de entrenamiento no entiende de fiestas. Mis sensaciones son buenas y estoy animada de cara a la carrera. Me noto fuerte, dentro de mis posibilidades, y espero atacar la marca de 3:31 en Barcelona, aunque el perfil de Tarragona desde luego no es el mismo. Y si no lo consigo, pues nada, a por la próxima.

En Euskadi.
Antes de acabar, os comento un tema que puede ser de vuestro interés. Hace unos pocos meses noté que mi Garmin Forerunner 405 no rendía igual que antes. Después de 3 años de uso muy intensivo, ví que la batería se agotaba pronto, hasta que recientemente ya no me duraba más de 2 horas. Busqué por internet y encontré una página alemana que, por menos de 23 euros te envían la batería de repuesto, para que la reemplaces tú mismo. En esa misma página hay un vídeo donde se muestra detalladamente cómo hacerlo.Lo estuve pensando, pero, sabiendo que nunca me he caracterizado por ser una "chispas", el riesgo de estropear el reloj me pareció demasiado alto. Así que pedí un presupuesto aquí a Garmin Iberia por hacerme ellos el trabajo. Me contestaron rápidamente, y arreglar el reloj cuesta 73,81 euros, IVA y envío a casa incluído. La diferencia es grande con la primera opción, aunque aún es más grande si tuviera que comprarme un reloj nuevo, así que preferí mandar el reloj a su casa donde seguro que me lo iban a tratar muy bien. La garantía de reparación es de 6 meses y yo espero tener reloj al menos durante 3 años más.

Hasta pronto.
Feliz Año Nuevo a todos.