martes, 22 de noviembre de 2016

3 minutos y 51 segundos

¿Tienes 3 minutos y 51 segundos?



¿Maravilloso, verdad?

Se trata de la Trail Menorca Camí de Cavalls, una competición de ultradistancia consistente en dar la vuelta completa a la isla de Menorca por el Camí de Cavalls, un sendero litoral trazado originariamente por los ingleses hace más de 300 años y cuyo principal uso era el de defender la isla. Es una carrera de 185 kilómetros con un desnivel positivo de 2.863 metros que hay que realizar en un máximo de 40 horas y que dará su salida el viernes 19 de mayo de 2017 desde la localidad menorquina de Ciutadella.

Y sí, ¡ya me he inscrito! 


No ha sido de repente. Llevaba un año pensando en esta carrera, pero entonces no me veía capaz de afrontar un reto de tal calibre. Por ese motivo me planteé el 2016 como un año de preparación. Y qué mejor preparación que participar en la Copa Catalana de Marxes de Resistència. Han sido bastantes pruebas de ultradistancia, entre 48 km y 87 km, con muy poco tiempo de recuperación entre ellas. Mirando hacia atrás, en 10 meses he hecho:
13 pruebas de ultratrail / 2 maratones de asfalto / 1 maratón de montaña / 1 medio maratón y 1 carrera de 10 km.
Y con buen resultado, lo que me ha dado la confianza que necesitaba para subir otro escalón más e inscribirme en la Trail Menorca Camí de Cavalls.

6 meses por delante

A partir de ahora, toda mi actividad irá enfocada a ese 19 de mayo. Mi idea es seguir un plan de entrenamiento para maratón con objetivo la Marxa dels Castells de la Segarra, de 54 km, que se realiza en marzo. A partir de ahí, aumentaré el volumen de kilómetros volviendo a participar en las marchas que tengan lugar en marzo, abril y mayo.

Ya veis que dejo poco al azar, ja, ja,...

Os dejo con una imagen que espero poder disfrutar dentro de unos meses.

Faro de Favaritx (Menorca). Imagen: organización TMCdC.

¡Ya os contaré!

jueves, 10 de noviembre de 2016

XXII Marxa del Garraf (6 de noviembre de 2016)

La última prueba de la Copa Catalana de Marxes de Resistència. Por fin, después de tantos meses de madrugones y kilómetros iba a conseguir el objetivo que me marqué a finales del 2015. Durante los días anteriores, se anunciaban lluvias y los primeros fríos para el fin de semana, pero tenía clarísimo que eso no iba a impedir que, ni que fuera arrastrándome, llegara hasta la meta. En casa también estaban todos contentísimos, pues no hay que olvidar que estas aventuras afectan también a nuestro entorno más próximo.

"Jaula" de corredores. Foto: UME Gavá.
La salida será a las 6 de la mañana del domingo, así que me levanto a las 3, tomo un buen desayuno y salgo en coche hacia Gavá. Habrá más de 1.000 participantes entre las dos distancias (48 km y 21 km) y la organización ha habilitado zonas de aparcamiento señalizadas. Cuando llego cerca de la zona de salida hacia las 5 de la mañana, la Guardia Urbana me muestra amablemente dónde debo dejar el coche. Una primera gran impresión de la organización. Me dirijo a buscar el dorsal, pero toca esperar unos minutos, ya que aún están montando el chiringuito. Hace bastante frío, y hoy ya he estrenado la camiseta térmica y los guantes que guardé hace unos meses, además del cortavientos impermeable. En ese momento empieza a llover, pero por suerte el viento se lleva las nubes y al final el sol nos acabará acompañando durante toda la prueba.

La larga fila de participantes con la ciudad al fondo. Foto: Xavier Capdevila (FEEC).
El recorrido es circular, sobre una distancia de 48 km con un desnivel acumulado de 3.214 m.  Es una prueba que se puede hacer caminando o corriendo así que, para facilitar la salida, la organización ha habilitado una zona vallada por delante del arco de salida para concentrar a los corredores, que saldrán por delante. Es la primera prueba de la Copa en la que encuentro esta distinción entre corredores y caminadores, pero tiene su explicación, ya que, después de unos dos kilómetros a la salida de Gavá, se inicia una subida con bastante desnivel hasta el kilómetro 9 por unos senderos muy estrechos y técnicos donde es imposible adelantar y donde hay que ir obligatoriamente en fila india. Salgo corriendo y me sitúo en buena posición antes de la subida. Sin embargo, no soy muy rápida subiendo así que me voy apartando para dejar pasar a los corredores que veo que me van alcanzando. Aún no ha salido el sol, así que el oscuro camino sólo está iluminado por la larguísima fila de participantes con sus frontales. A medida que vamos ganando altura, se ven al fondo las luces de la ciudad. Es un espectáculo precioso.

Llegando al primer avituallamiento. Al fondo, el radar meteorológico del Puig de les Agulles.
Minuto a minuto, cada vez hay más luz natural y por fin apago el frontal antes de llegar al avituallamiento del km 9, en uno de los puntos más altos del recorrido. Allí me encuentro bidones con bebida caliente, dónuts y otros alimentos. Yo sólo tomo un vaso de cacaolat caliente que me sienta de maravilla. Desde ese punto hasta el siguiente control del km 18 descenderemos 500 m, primero por una carretera y después por un estrecho sendero que bordea las canteras que hay esa zona y que finaliza en la playa del pueblo de Garraf. Este tramo, con el mar al fondo, es absolutamente impresionante. El camino no es difícil, así que puedo correr a buen ritmo hasta llegar al control. El sitio es precioso. Tenemos la playa y las olas rompiendo a pocos metros de nosotros. Ese momento hay que aprovecharlo, así que me quedo unos minutos comiéndome un pequeño bocadillo de jamón y admirando el paisaje.

km 18. Garraf.
Bordeamos un pequeño tramo de playa y encaramos ya las empinadas subidas hacia el interior del macizo del Garraf. Los senderos son estrechos, rodeados de vegetación baja y arbustos típicos de esta zona, con muchas piedras. El desnivel será principalmente en subida hasta el kilómetro 36, con algunas pequeñas bajadas intermedias. Hay bastantes tramos con ese desnivel justo que no sabes si caminar o correr y que hago a intervalos, corriendo y andando. Desde el km 9 que he ido casi todo el tiempo sola. La verdad es que me encanta esa sensación de libertad, estoy disfrutando muchísimo. Además, hoy el marcaje del recorrido es sorprendente. Está hecho a conciencia, a prueba de miopes, como una servidora. Por primera vez en este campeonato, hay veces que hasta pienso que se han pasado con tanta cinta, ja, ja,... Si le añadimos que físicamente mi cuerpo está respondiendo de maravilla, no podía ir mejor.

Un par de avituallamientos más y encaramos los 11 km de la bajada final. De ellos, los primeros 7 km aproximadamente son por caminos bastante técnicos, que hay que bajar básicamente saltando de piedra en piedra. Pongo a prueba la técnica que he ido aprendiendo durante todos estos meses y me sorprendo de lo rápido y bien que voy. Hay que ir muy concentrado y al final se hace un poco largo. Además, en ese tramo nos encontramos con los caminadores de la distancia corta. Nunca les pedí paso, por respeto, pues no participaban en ninguna carrera, y tengo que agradecerles la deferencia que tuvieron absolutamente todos al apartarse cuando oían que les alcanzaba corriendo por detrás.

Finalmente, piso las primeras calles de las urbanizaciones que rodean Gavá, lo que es un gran descanso para mis pies. Aún quedan unos 4 km hasta la meta, pero tengo fuerza suficiente, así que aumento el ritmo. Voy mirando el reloj, pues mi idea era llegar antes de las 7 horas. Por nada especial, sólo son esos objetivos que nos marcamos a nosotros mismos. Veo mi coche aparcado, unos cientos de metros más y ya llego a la plaza del Ayuntamiento. Hay mucha gente, entre los llegados a meta y toda la gente animando. Y me fichan la tarjeta en 6 h 49 minutos. Es un gran tiempo y estoy contentísima. Bocadillo de longaniza, un dónut y una Coca-Cola en botella de cristal (me encanta).

He ganado mis últimos 17 puntos y, con 274, ya he conseguido la Copa Catalana de Marxes de Resistència 2016. Estoy cansada, para qué nos vamos a engañar. Es un reto que requiere mucho sacrificio, sobre todo si, como una servidora, el objetivo es hacer todas las pruebas corriendo. Y, ¿por qué escogí este objetivo a finales de 2015? Hay una razón de mucho peso y os lo explicaré en la reflexión que publicaré en una próxima entrada.

¡Hasta pronto!


martes, 18 de octubre de 2016

La Marxassa (15 de octubre de 2016)

La Copa Catalana de Marxes de Resistència no entiende de agujetas, así que, sin haberme recuperado aún de la tremenda paliza de la Rasos-Manresa de hace una semana, tocaba participar en la Marxassa. Era de nuevo una trail no circular de 62,5 km de distancia y 4.032 m de desnivel acumulado (1.690 positivos y 2.352 negativos) con salida en la ermita de Sant Martí de Montseny y llegada en la ermita de Sant Simó de Mataró.

Ermita de Sant Simó (Mataró). Fuente: https://ca.wikipedia.org/wiki/Ermita_de_Sant_Simó
Los corredores estábamos convocados a las 5:30 de la mañana en Mataró para coger los autobuses que nos llevarían a la zona de salida. Eso significaba que esta vez superaría el récord del madrugón para ir a una prueba de la Copa, ya que quería salir de casa hacia las 3 de la mañana para llegar con tiempo suficiente. Poco antes de las 6 de la mañana arranca el autobús y la gran mayoría de corredores cerramos los ojos en un duermevela que interrumpiremos al llegar al municipio de Montseny. El autobús nos deja en la carretera al pie de la ermita. No son las 7 de la mañana, así que no ha salido aún el sol, y ya se ve una fila de lucecitas que avanzan en fila india por la montaña. Y es que los autobuses los ha asignado la organización por orden de inscripción y, a medida que estos van llegando, van fichando la tarjeta uno a uno a los corredores, que pueden tomar la salida. Yo voy en el autocar número 5, así que debo de tener por delante a más de 200 personas.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)

Debemos estar a unos 11ºC, pero entre el madrugón y el viaje en bus estoy destemplada y tengo frío. Enciendo el frontal y sigo la fila de corredores y caminadores que bajan por estrechos senderos a través del bosque. El primer tramo lo hago caminando, ya que a veces hay embudos y es imposible adelantar a nadie en unos caminos tan estrechos. De todas maneras agradezco que sea así, ya que poco a poco me voy activando y entrando en calor. Cuando llegamos a caminos más amplios, empiezo a trotar y a poder adelantar. Voy con bastante calma, ya que aún estoy medio dormida y tengo los cuádriceps doloridos de la semana anterior. Además, está oscuro y no me sé el camino, así que, siempre que adelanto a alguien, es porque tengo a la vista al siguiente corredor para seguirle y no perderme. Esta estrategia la sigo durante bastantes kilómetros, hasta que, una vez a pleno sol e identificadas al 100% las marcas del GR que había que seguir, me atrevo a ir sola.

Siguiendo el GR. Foto: Xavier Capdevila (FEEC)

Los avituallamientos de esta prueba son famosos y tengo la oportunidad de comprobarlo en el primer control del km 9,6. Allí me tomo un vaso de leche caliente con Cola-Cao y un dónut que me sientan de maravilla. Seguimos subiendo y bajando a través de los bosques del Parc Natural del Montseny, húmedos por la lluvia caída los días anteriores. Segundo control en el km 18,2 pero allí sólo bebo agua. No acabo de entrar en calor, ya que aún es muy temprano. Echo de menos los cálidos días del verano con sus altas temperaturas. Y así, sola con mis pensamientos, llego al tercer control del km 26,5 en Sant Celoni. Bebo agua de nuevo, como un trozo de plátano y tomo unos frutos secos que voy comiendo mientras salgo caminando del avituallamiento. Entramos en la zona del Parc Natural del Montnegre. Durante este tramo, ya voy prácticamente sola y tengo que estar mucho más pendiente de las marcas del GR, pero no hay pérdida. Me encuentro con muchos ciclistas en sus BTT y también bastantes motos de trial que me hacen apartar a un lado del camino. El siguiente control será en Sant Martí de Montnegre, en el km 36,2, donde nos tienen preparado el vermut. Lo agradezco, pero no lo bebo, je, je,...

Imagen: https://xarxadesenderistes.wordpress.com/2013/10/21/20a-marxassa/
Pasado el ecuador de la carrera veo que me encuentro muy bien, así que me atrevo a apretar un poco más. Y llegamos al control del km 45, en Vallgorguina, donde nos espera la comida. Ensalada, pan con tomate y longaniza, yogurt, fruta, bebidas, café,... Hay mesas y sillas preparadas en el polideportivo, pero mi objetivo es llegar a meta lo antes posible, sin contar que si me siento quizá no me pueda levantar, así que bebo dos vasos de Coca-Cola, cojo medio bocadillo de longaniza y salgo andando del control mientras me lo voy comiendo por el camino.

A partir de este punto, los avituallamientos están más juntos, lo que se agradece mucho, ya que permite dividir la distancia restante en tramos más pequeños. Limonada casera en el km 52, y vino (que yo no bebo) en el km 57. Desde este lugar elevado se ve el azul intenso del mar. Y un nuevo control en el km 59, donde bebo un vaso de agua y ataco los últimos tres kilómetros y medio hasta la meta. Quizá sean los más largos, ya que se ve el mar y la ermita a las afueras de Mataró a donde tenemos que llegar. Miro el reloj y veo que si no aflojo el ritmo podré bajar de las 9 horas. Este tramo es por pistas anchas y es fácil correr, así que avanzo rápidamente y llego por fin a la ermita de Sant Simó, donde reciben a todos los participantes al sonido de un cencerro. Me fichan la tarjeta en 8 h 57 minutos. Estoy más que contenta, ya que he sido la tercera mujer y la 21 del total de participantes, cosa que no me esperaba para nada, pues con acabar y conseguir los puntos ya me daba con un canto en los dientes... Pero cada vez estoy más convencida de que siempre es una sorpresa cómo te va a responder el cuerpo en este tipo de pruebas.



Con los 22 puntos de la Marxassa ya tengo 257 y sólo queda una prueba, el 6 de noviembre, para acabar la competición.

¡Ya os contaré!

lunes, 10 de octubre de 2016

25a Marxa Rasos-Manresa (8 de octubre de 2016)

Y después de unas cuantas semanas de descanso, volvía a la Copa Catalana de Marxes de Resistència. ¡Y de qué manera! Serían unos 82 km en una trail no circular desde Rasos de Peguera hasta la ciudad de Manresa. Con un desnivel acumulado de 3900 metros, de los cuales algo más de 1200 son positivos, la tendencia del recorrido es principalmente descendente. Pero eso no quiere decir que sea fácil, ni que haya que perderle el respeto a la distancia, como vais a ver enseguida.

El punto de encuentro era el pabellón deportivo de Manresa, a las 9 de la mañana, desde donde nos llevarían en autocar hasta el chalet-refugio de Rasos de Peguera, a 1800 m de altitud en el prepirineo oriental. Me daba miedo marearme durante la hora aproximadamente que duraría el viaje, especialmente por las empinadas curvas del tramo final, pero finalmente llego en bastante buen estado. El sitio es precioso. Leo que el refugio es el más antiguo de Catalunya. Fue construido en 1933 para dar cobijo a aquellos que, o bien con mulas o a pie, acudían desde la ciudad de Berga para disfrutar del esquí, que nació en Catalunya precisamente en este lugar en 1908.

Antes de la salida. Chalet-refugio de Rasos de Peguera.
Poco después de las 10:30 h de la mañana, se da la salida. Uno a uno nos van marcando la tarjeta de control y empezamos nuestra aventura. En 3 km, ya bajamos 500 metros por estrechos senderos rodeados de hermosos bosques. No tardo mucho en darme cuenta de que, debido a los cuatro meses de preparación por asfalto para el maratón de Zaragoza, he perdido la forma en este tipo de terreno. Lo intento hacer lo mejor que puedo, pero tengo que ir muy tensa y frenando, y estoy cargando demasiado los cuádriceps. Me da mucho miedo la noche, así que quiero avanzar rápidamente para estar lo más cerca posible de Manresa cuando se ponga el sol. El circuito está marcado con marcas  permanentes de color blanco y azul, en las piedras y en los árboles, así que hay que ir muy pendiente de no saltarse ninguna. Poco después de la salida, siguiendo a unos compañeros, nos perdemos. La mejor decisión es volver atrás hasta que encontramos el camino correcto. Pensando en las horas de sol que me quedan, sólo sufro por el precioso tiempo que acabo de perder.

Aún entera en los primeros kilómetros. Foto: Xavier Capdevila (FEEC).
Hacia el km 9, paso el primer control. En todos ellos siempre bebo agua y, cada hora aproximadamente, voy tomando la pastilla de sales. Nos internamos de nuevo en el bosque. Ha llovido los días anteriores, así que todo está húmedo. El suelo está completamente cubierto de hojas, que en ocasiones me cubren hasta los tobillos, por lo que hay que ir con muchísimo cuidado, ya que no sabes lo que hay debajo. No pasan ni 500 metros después de tener este pensamiento, que me encuentro con un grupo de gente parada en medio del camino. Un corredor se ha hecho daño, luego he sabido que se rompió la tibia y el peroné a la altura del tobillo. Ya han avisado a emergencias, han hablado con los bomberos y han dado las coordenadas de geolocalización. Dos corredores han ido a avisar a la organización al avituallamiento. Así y todo, me quedo allí bastantes minutos. Hay una acumulación de varias personas atendiendo al accidentado y va llegando más gente. Por detrás, pronto va a llegar la "escoba" de la organización de la carrera, así que decido tirar adelante.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC, edición 2014).
Antes del kilómetro 20, me he vuelto a perder tres veces más y toca volver atrás de nuevo. Me planteo que me pasa algo, no es normal, debo de tener el día tonto. Llego al control del kilómetro 30 que casi no puedo ni andar, cada paso es una tortura. En ese punto, tengo los cuádriceps destrozados y creo que se me ha acabado la carrera. Me ha llevado 4:15 horas llegar hasta aquí, y eso que era en bajada. Recuerdo que la semana anterior hice un maratón de montaña sólo en 5 minutos más que hoy, y es que en la montaña no hay referencias de tiempo que valgan, ja, ja,... Mientras voy caminando, me como medio bocadillo de jamón dulce y llamo a casa. Me encuentro muy mal, y aún tengo 50 kilómetros por delante. Jordi me dice que si hace falta que abandone, pero no lo puedo hacer, sería tirar por la borda tantos meses de sacrificio, ya que necesito los puntos para la Copa. Nunca había sufrido tanto en una carrera. Toca tirar de la cabeza al límite para avanzar trotando y no perder demasiado tiempo antes de que caiga la noche. Me da la impresión de que los avituallamientos están muy lejos los unos de los otros. Pasado el km 40 entro al punto de control que está situado en el bar de un cámping. Ya no me queda ni una gota de reserva de agua, así que cargo a tope la mochila de hidratación ¡cómo pesa!. Y es que, además de los casi 2 litros de agua, llevo un conjunto completo de ropa de recambio, el frontal, las pilas de recambio, una linterna adicional por si acaso, el cortavientos, el vaso, las gafas, algunos geles y barritas, las pastillas de sales, la gopro, el teléfono móvil, las llaves del coche... ¡madre mía!

Siguiendo las marcas.
No sé en qué kilómetro, hay que atravesar un curso de agua. No hay opción alternativa, así que toca mojarse completamente los pies. Y, casi a las 7 horas de empezar a correr, se me acaba la pila del Garmin. Ahora ya no voy a poder controlar los kilómetros, pero llevo un reloj normal en el otro brazo para saber la hora (más peso, ja, ja,...). Estoy obsesionada con la puesta de sol, que es a las 19:22, pero creo que tendré luz al menos durante media hora más. Quiero estar cerca de Manresa para entonces. Hacia esa hora, sin luz, ya veo muy borroso, así que me pongo las gafas. Media hora después, me pongo el frontal y, algunos minutos después, enciendo la linterna alternativa. Sólo faltan 20 kilómetros, se ven las luces de Manresa, ¡ánimo!. Pero el camino se desvía de esas luces. Nos internamos de nuevo en la montaña. Está oscuro como la boca del lobo. Estoy completamente sola. La luna, en cuarto creciente, casi no alumbra. Sólo se oyen los ruidos del bosque. A veces me giro asustada y apunto con la linterna, son ruidos a los que no estoy acostumbrada. Con el frontal ilumino el camino y con la linterna de mano voy apuntando a los árboles en busca de marcas. Hay muchas, pero no puedo trotar, ya que entre ver por dónde piso y no perder ninguna marca tengo muchísmo estrés. Intento no pensar más que en avanzar. Cada vez que veo una marca, me entran ganas de llorar, por la tensión, imagino.

Pronto caerá la noche.
Ahora sí, parece que esas luces se van acercando. Salgo del camino y entro en Manresa por una estrecha carretera. Me suena, es por donde he ido esta mañana con el coche. A lo lejos veo el pabellón y me animo. Horror, una cruz en la carretera, por aquí no es. Tiro a la derecha, no hay marcas, a la izquierda tampoco. Vuelta atrás, una señal apunta a un camino que nos llevará, junto a las vías del tren, hasta la llegada. Creía que lloraría a moco tendido, pero estoy tan destrozada que no tengo ganas ni de eso. Han sido más de 12 horas y media, no sé exactamente el tiempo. A pesar de toda la odisea, he sido la segunda mujer. Nos reciben con simpatía; hay pan con tomate, embutidos, caldo, aceitunas, patatas, fruta, bebida, pero lamentablemente tengo el estómago encogido. Ahora tengo que coger el coche y son unos 45 minutos por autovía hasta Tàrrega. Ya está, tengo mis 26 puntos adicionales y un total de 235. Ya sólo quedan dos pruebas más. Esto está siendo más difícil de lo que creía, ja, ja,...


¡Hasta pronto!

lunes, 3 de octubre de 2016

5a. Marxa Vall del Corb (2 de octubre de 2016)

Una semana después del maratón de Zaragoza, tocaba guardarlo en el cajón y ponerse de nuevo las pilas. Y es que me había inscrito en la 5ª edición de la Marxa de la Vall del Corb, de la que he hecho todas sus ediciones excepto la primera. La distancia: de nuevo maratón, pero esta vez por senderos y caminos. La salida y llegada: en Guimerà, precioso pueblo medieval a pocos kilómetros de Tàrrega. El paisaje: mezcla de zonas boscosas, campos de cultivo, viñas, olivos, castillos y ermitas. El ambiente: casi familiar, con unos 200 participantes entre las dos distancias (22 y 42 km).
Guimerà. Imagen: www.guimera.cat
La salida será a las 8 de la mañana, así que me levanto a las 6 para tomar un buen desayuno. A diferencia del maratón de asfalto, antes del cual desayuno muy poco, en este otro tipo de pruebas he descubierto que es importante encontrarse con fuerza desde el principio, así que me tomo mi correspondiente vaso de leche con Cola-Cao y copos de cereales. La distancia es la misma en un caso y en el otro, pero la diferencia fundamental es el ritmo y las horas que me voy a pasar corriendo.

Y se da la salida. La prueba se puede realizar caminando o corriendo y la mayoría de participantes se han apuntado a la distancia de 22 km, así que enseguida me encuentro corriendo sola. Este año han cambiado el sentido del recorrido, así que el tramo de más desnivel lo encontramos en la primera parte, hasta el km 14 más o menos. Creo que es mejor así, ya que es también cuando aún estoy más entera. El sol acaba de salir, pero será un día nublado y hay algo de niebla baja. La sensación de correr casi sola por esos parajes es indescriptible. Todo el circuito está muy bien marcado con cintas, y lo dice una cegata como yo, que corro sin gafas ni lentillas y que a 5 metros ya veo borroso, ja, ja,.... Y es que, teniendo en cuenta la premisa de seguir siempre el camino principal a menos que se indique lo contrario, la señalización es excelente, ya que cuando hay que tomar una desviación o hay un cruce de caminos, la han reforzado con más cintas e incluso con flechas de colores fosforitos.

Parc eòlic Serra del Tallat. Foto: www.energiayrenovable.es
Sin pausa, voy avanzando kilómetro a kilómetro. El primer avituallamiento está hacia el km 13, en Forés, pero sólo bebo agua, ya que no me entra nada más. Al final, esta va a ser la tónica durante toda la prueba, no voy a tomar más que un vaso de agua en cada avituallamiento. Además, cada hora tomo mi pastilla de sales, para prevenir los calambres que no se van a presentar en ningún momento. Llegada la parte más alta del recorrido, planeamos por la serra del Tallat, bajo los imponentes aerogeneradores medio escondidos entre la niebla. Y enseguida llegamos a Belltall, que atravesamos por sus bonitas calles empedradas y donde está situado el segundo avituallamiento. A partir de ese punto, el perfil, con alguna pequeña excepción, será en general descendente hasta el kilómetro 30. De repente, el paisaje cambia. Los colores verdes y marrones del otoño dejan paso al negro y al gris. Estamos pasando por una zona boscosa que se incendió durante el verano. Lo había visto por la tele, pero vivirlo personalmente es mucho más impresionante. Corro y corro, y el paisaje sigue siendo negro, fue mucho lo que destruyó el fuego. La sensación es de infinita tristeza.


Imagen: AEU
Voy mirando el reloj, he pasado el medio maratón en 2 h 15 min, a ver si consigo hacer el mismo tiempo que el año pasado que corrí con Jordi en 4 h 30 min... Son muchas horas de estar sola con mis pensamientos, así que hay que ir marcándose objetivos, je, je... En el kilómetro 30 llegamos a Rocafort de Vallbona. Los daños del fuego en esta zona llegaron casi hasta las casas del pueblo. En el avituallamiento, han repartido pañuelos de colores para colgarlos de los árboles quemados, como símbolo de recuperación.

Bosc de la vida. Imagen: AEU.
A partir de aquí el circuito es más bien llano, con un perfil ligeramente ascendente hasta la meta. Es entretenido, ya que empiezo a cruzarme con marchadores en su camino de regreso tras recorrer la distancia corta de la prueba. Vamos siguiendo el trazado el río Corb. Al fondo se ve la silueta escalonada de Guimerà. Ya falta poco. No aflojo el ritmo, que he mantenido muy estable durante toda la prueba. Ya entro en el pueblo, pero hay que atravesarlo, ya que la llegada está en las piscinas municipales, a un kilómetro de distancia en las afueras. Se oye la megafonía y cruzo el arco de meta. Han sido 4 h 23 min, 7 minutos menos que el año pasado. He sido también la primera mujer. A la llegada me espera butifarra a la brasa pero hoy no puedo comer nada, qué le vamos a hacer. Sin embargo, recojo, para más tarde, el estupendo obsequio de esta prueba: pan de pagès, longaniza, coca, caldo... ¡Mmmmmmmm!

Foto: AEU.
¡Ha sido una mañana estupenda!

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Maratón de Zaragoza (25 de septiembre de 2016)

Tengo que deciros que, desde el inicio de los entrenamientos en el mes de junio, hasta el mismo día de la carrera el pasado domingo, mi participación en el maratón de Zaragoza ha sido un camino muy agradable. Ya son unos cuantos maratones en los que he participado y, sin ánimo de establecer un ranking, siempre hay algunos, independientemente de la marca realizada, de los que guardo un bonito recuerdo. Hasta ahora, ese lugar en mi corazón estaba reservado para el maratón de Castellón, pero ahora el maratón de Zaragoza se ha hecho también su sitio.

Con el objetivo de obtener este año la Copa Catalana de Marxes de Resistència, llevaba todo el año inmersa en las competiciones de ultratrail, casi sin descanso. Pero la Copa nos daba un respiro durante los meses de verano, así que pensé que podía preparar un nuevo reto. Por fechas, el maratón de Zaragoza me caía perfecto, así que la semana del 6 de junio iniciaba el plan de entrenamiento de 16 semanas para el objetivo de 3:30 que proponía Chema Artero en la página web del maratón de Zaragoza. Un plan muy distinto a los que he seguido otras veces, ya que era por pulsaciones y, a pesar de la gran carga de trabajo (6 días por semana) y de las difíciles condiciones meteorológicas (hay que entrenar durante los días más calurosos del verano) nunca tuve la sensación de aburrirme, ni cansarme. Además, durante esas 16 semanas, cumplí el plan al pie de la letra y sólo fallé 3 días.

Y llegó el último fin de semana de septiembre. Habíamos reservado el "servicio 5 estrellas" que ofrecía la organización al reservar el alojamiento oficial en el Hotel Meliá Zaragoza, y eso incluía encontrarnos el dorsal y la bolsa del corredor ya en el hotel, así que el sábado nos pudimos tomar el viaje con calma y salir de Tàrrega después de comer. También vino Jordi. No le tientan para nada mis participaciones por montaña, pero cuando aparece la palabra "maratón" ya se pone nervioso, ja, ja,... Dijo que no correría más después de hacer 2:52 en enero en el maratón de Tarragona, pero no pudo evitar venir conmigo a Zaragoza, ya que fue allí donde corrió su primer maratón el año de la "Expo del Agua". Campeón del despiste, esta vez se pasó 20 pueblos. Nada más llegar a la habitación del hotel me dice que se ha olvidado el Garmin en casa. El reloj GPS es un accesorio impresdindible para controlar los ritmos en un maratón cuando tienes un objetivo de tiempo concreto, así que la cosa era grave. Le dije que le dejaría el mío, ya que yo podía seguir la liebre de 3:30, mientras que él no tenía liebre para su tiempo objetivo. Pero al final, paseando por el centro de la ciudad, entramos en un Decathlon City y se compró un reloj Geonaute Onmove a un precio asequible y con las funciones suficientes. Ya lo cogimos de un bonito color azul para que lo pudiera utilizar después nuestra hija, que también hace atletismo. Así que, después del susto, todo solucionado.

Salida. Ahí voy, a la izquierda. Foto: del video de corriendovoy.
A las 6 de la mañana bajamos a desayunar. Entre tantas viandas apetecibles, daba pena ver los platos de los corredores, con un simple plátano y alguna tostada, pero es lo que toca. A las 7:30 nos esperaba un miembro de la organización para guiarnos hasta la zona de salida, a poca distancia del hotel. También como parte de las 5 estrellas, teníamos una carpa sólo para nosotros al lado de la salida, donde podíamos dejar nuestras bolsas. A la llegada, encontraríamos allí servicio de fisioterapia y avituallamiento. Todo un lujo. Seremos 1200 participantes en el maratón, y unos 2000 más en la carrera de 10 km, aunque esta empezará más tarde. La zona de salida es espectacular y el ambiente es muy bueno. No hay aglomeraciones ni problemas para incorporarnos en nuestros cajones, muy bien señalizados con globos. Respiro profundamente y a las 8:30 en punto, se da la salida.

Puente de piedra. Primeros kilómetros. Foto: Rafa Cored.
Tengo la liebre de 3:30 a escasos metros por delante. Como siempre, la cantidad de gente que la sigue es muy grande, así que no es muy cómodo correr en esas condiciones. Sin embargo, es mi tiempo, así que es lo que me toca hacer. Nada más salir de la plaza del Pilar tengo una sorpresa. La liebre saca un megáfono y empieza a darnos instrucciones y a animarnos. ¡Es impresionante, qué nivel! Miro el reloj continuamente para no acelerarme, ya que es uno de los peores errores que se pueden cometer en estas carreras. Veo que vamos un pelín rápido, y a una de estas oigo que la liebre nos anuncia (por el megáfono) que va a ir 10 segundos por debajo del tiempo objetivo para compensar. Yo tengo claro que debo mantenerme entre 4:55 y 5:00 todo el tiempo posible, así que dejo a la liebre y empiezo a mirar el reloj cada 30 segundos, ¡qué estrés! ja, ja,... Pero también un descanso, ya que la marabunta se aleja y puedo correr con mucha más tranquilidad.

km10. Foto: del video de corriendovoy.
Pasan los kilómetros uno a uno a un ritmo de manual. En alguno me acelero a 4:49, pero casi siempre estoy entre 4:56 y 4:59. Hay que ir adaptando el ritmo, ya que el circuito no es llano, así que a veces acelero si veo que me estoy quedando, o freno si veo que me estoy acelerando. Estoy muy serena y tranquila. Antes del medio maratón, un señor mayor que va a mi altura me dice que estoy corriendo muy bien, y yo se lo agradezco mucho, son pequeñas ayudas psicológicas muy necesarias en estas carreras. Paso el km 10 en 49 minutos y el medio maratón en 1:44. En esos puntos me tomo un gel. Todo va muy bien. El circuito no es como esperaba, ya que me encuentro con bastantes cuestas, pero la animación en esos puntos es de traca. Se me pone la carne de gallina, verdaderamente espectacular. Hay unas niñas de un club de gimnasia rítmica, con sus trajes y sus cintas, que se desgañitan animándonos. Otros grupos haciéndonos pasillos. Impresionante, de verdad.

km 21. Foto: del video de corriendovoy.
Hacia el km 25 empiezo a sentir sensación de hambre. Me preocupo, espero que mi próximo gel en el km 30 sirva de algo. Paso el km 30 en 2:28, y llego al 32 en 2:38. Sólo faltan 10,2 km para la meta y tengo por delante 52 minutos para cumplir con la marca objetivo, es perfecto. Entonces, también de manual, justo en el km 32 veo que algo está empezando a fallar. Muscularmente voy bien, pero me encuentro sin fuerza, ¡se me está acabando la gasolina! Y en el km 35 se acabó. Paso de ir a menos de 5 min/km a correr entre 5:15 y 5:30. Sé que no va a ser muy grave, ya que a esa velocidad estoy acostumbrada a hacer distancias muy largas, pero lo de hacer 3:30 ya se ha ido al traste una vez más. Para no empeorar psicológicamente la situación, dejo de mirar el reloj. Los kilómetros finales están a rebosar de público animando. A dos kilómetros de meta nos encontramos una última cuesta bastante larga (¡km 41 a 5:44!), pero nada más acabar de subirla, la organización nos ha puesto un arco marcando el último kilómetro. Gran iniciativa, ya que eso me da fuerzas para acelerar por bonitas y estrechas calles adoquinadas que se abren finalmente a la luz de la enorme plaza del Pilar, llena a rebosar de gente animando (¡¡¡km 42 a 4:13!!!). Entre el griterío, ahí está también Jordi, pero ni le veo ni le oigo, estoy concentrada en el arco de meta, en el que veo el crono que está marcando 3 h 34 minutos. Me cuelgan la medalla y voy a encuentro de Jordi. Sé que es una buena marca, de hecho he sido la primera de mi categoría, pero, aunque cueste entenderlo, estoy triste. Entonces, Jordi me dice que ha acabado en 2 h 49 minutos. Es una gran noticia y eso me alegra muchísimo. Va a subir también al podio como tercero de su categoría, es una gran gesta lo que ha conseguido.

Meta. Foto: del video de corriendovoy.
Y nos vamos de Zaragoza con una impresión inmejorable de su gente y de la organización de la carrera. En cada momento, me he sentido como si fuera especial.

¡Gran maratón!

jueves, 8 de septiembre de 2016

XVI Cursa Ciutat de Cervera (4 de septiembre de 2016)

Ahí andaba yo la mar de tranquila la semana pasada, vigilando la recuperación de los casi 52 km del domingo y pensando sólo en el maratón que tenía a 3 semanas vista cuando, a finales de semana, leo en Facebook que la Cursa de Cervera, organizada por nuestro club vecino, va escasa de inscripciones. Me sorprendo mucho, porque es una carrera que celebra su 16ª edición, con un buen circuito, buenos obsequios y avituallamiento, y una organización impecable. Aparte de vecinos, son también amigos, así que Jordi y yo decidimos inscribirnos para darles nuestro apoyo. Pero, una vez tomada la decisión, toca encajar una carrera de 10 km a estas alturas del plan de entrenamiento. Jordi decide adelantar la salida larga al sábado, y el domingo correr conmigo (que para él es como no correr, je, je,...). A mí me tocaría hacer 25 km, y prefiero la opción de dejar el sábado como está, hacer el domingo la carrera de 10 km y después volver a Tàrrega corriendo, que son unos 15 km adicionales, lo que completaría el entrenamiento previsto.

¡Madre mía, qué nervios! Hacía exactamente dos años que no corría una carrera de 10 km, y fue justo aquí, en Cervera. Y de la anterior hacía tres años, también en Cervera. Ya os podréis imaginar que no es mi distancia favorita, aunque no porque sea corta, sino porque la considero mucho más difícil que las distancias largas. El reto de correr los 10 km es hacerlo en el menor tiempo posible y el entrenamiento necesario para lograr eso es demasiado duro para mí. Son absolutamente admirables esas amigas, corredoras populares, que logran tiempos de 40 minutos en los 10 km. Y ¿qué es correr 60 ó 80 km a tu ritmo al lado de eso? Poca cosa.

Y llega el domingo. La carrera empieza a las 9:30 h y estamos a 10 minutos en coche, así que no hace falta madrugar mucho. El circuito es a dos vueltas sobre una distancia de 5 km, con salida en la Plaza de la Universidad, un sitio precioso en pleno centro histórico de Cervera. Al final seremos unos 150 corredores inscritos entre las dos distancias (5K y 10K), y el ambiente es muy familiar y agradable. Allí también nos encontramos un buen grupo de corredores de nuestro club, 100x100 Fondistes de Tàrrega.

Y salimos. El primer kilómetro es en bajada, seguido de 3 kilómetros en subida, y el último kilómetro de nuevo en bajada. Y vuelta empezar.  Ni siquiera he puesto en marcha el cronómetro. Mi idea es correr todo lo que pueda, por sensaciones, aunque preveo que no va a ser mucho. No soy persona amante de excusas, pero no creo que me haya podido recuperar bien del tremendo desgaste de la Travessa Borges-Montblanc del domingo anterior. Además, hace un calor impresionante. En la primera vuelta ya estamos a 31ºC. En previsión de las altas temperaturas, la organización ha puesto un camión de bomberos que pulveriza agua. ¡Qué impresión pasar por debajo!

En la segunda vuelta, ocurre un incidente que perturba la carrera. Justo cuando pasamos por su lado, un motorista empieza a golpear a un voluntario con el casco. Le tira las gafas y lo lanza al suelo. Él sólo le había dicho que esperara a que pasaran los corredores. Jordi empieza a gritar y se lanza hacia el agresor para detenerle, y lo mismo hacen otros corredores que van llegando hasta ese punto. El energúmeno vuelve a coger la moto y se marcha, no sin antes haber podido leer su matrícula, que Jordi comunica a la organización en línea de meta. Después he sabido que ya ha sido denunciado.

Acabo finalmente la carrera en un tiempo de 48 minutos, era imposible hacerlo mejor. Sin embargo, quedo en segunda posición femenina, así que me llevo un trofeo y un maravilloso lote de productos NutriSport. Después, me cuelgo el cinturón de hidratación y me dirijo de vuelta hacia Tàrrega. A esa hora ya estamos a 35ºC y parece que esté corriendo dentro de un horno, pero logro recorrer los algo más de 15 kilómetros en buenas condiciones, cumpliendo así con el kilometraje previsto de 25 km, aunque con un tute para el cuerpo de impresión...




Para acabar de redondear el día, nos vamos a Cambrils a disfrutar de los últimos coletazos de las vacaciones. ¡Es que les prometí a los niños volver a Port Aventura!

Ahora sí, siguiente parada: 25 de septiembre, Mann Filter Maratón de Zaragoza.

¡Que la suerte nos acompañe!