viernes, 10 de junio de 2016

XX Caminada Reus-Prades-Reus (5 de junio de 2016)

Y por fin llegó la Caminada Reus-Prades-Reus, que este año celebraba su 20ª edición. Esta vez se trataba de salir de la ciudad de Reus, llegar a Prades y volver de nuevo a Reus en un recorrido circular de 55 km y 3.000 m de desnivel acumulado. Sería mi 9a prueba de la Copa Catalana de Marxes de Resistència y la última antes del verano. Por ese motivo y, aprovechando que se podía correr en bastantes tramos del circuito, mi idea era darlo todo para acabarla en el menor tiempo posible.

La noche anterior cae una tormenta que parece que se va a desplomar el cielo, pero el día siguiente amanece tranquilo y caluroso. Me levanto a las 4 de la mañana, desayuno, cojo mis bártulos y me dirijo a Reus, a una hora aproximadamente en coche desde Tàrrega. La salida será a las 7 de la mañana y hay más de 800 participantes inscritos. De estos, sólo 600 llegarán a la meta, ya que muchos han decidido quedarse en Prades y volver a Reus en los autobuses que cada año habilita la organización a este efecto.

Foto: organización
Empezamos subiendo desde la misma salida, ya que pasaremos de cota 100 a cota 1000 en tan sólo 16 kilómetros. Los primeros 4 kilómetros aproximadamente son por asfalto, atravesando distintas urbanizaciones para salir del casco urbano de la ciudad. Las cuestas en este tramo son considerables, pero yo intento correr de forma continuada todo lo que me sea posible y al final consigo hacerlo durante 6 kilómetros aproximadamente. Después ya no me queda otra que caminar en las empinadas subidas por senderos pedregosos. A partir del kilómetro 16 hasta el 36, ya es posible correr de nuevo en bastantes tramos, ya que el circuito planea por un altiplano entre las cotas 700 y 1000 m hasta el kilómetro 36.

Foto: organización.
A la mitad del recorrido (km 26), y después de atravesar unos bosques maravillosos, llegamos a Prades, conocida también como la Villa Roja, ya que muchas de sus edificaciones han sido construidas con piedra de este color, originaria de la zona. Es todo un privilegio pisar esta ciudad, que constituye un conjunto histórico declarado desde 1993 como Bien Cultural de Interés Nacional. En su plaza Mayor se ha instalado el control y uno de los avituallamientos principales. He tardado 3 horas y media aproximadamente en llegar aquí y el ambiente es espléndido, ya que en ella se dan cita muchos ciclistas, excursionistas y visitantes que han aprovechado el domingo para acercarse a este hermoso lugar.

Plaza Mayor de Prades. Foto: organización
Está haciendo calor y estoy yendo lo más rápido que puedo, lo que me pasa enseguida factura al estómago, al que le cuesta admitir la comida. Sin embargo, me obligo a comer un pequeño bocadillo de jamón y una Coca-Cola antes de encarar la segunda parte del recorrido. Esto acabará siendo finalmente todo lo que coma durante toda la carrera. Saliendo de Prades, me encuentro con un grupo de 3 chicos con los que comparto algunos kilómetros. Me comentan que falta un tramo bastante duro, aunque no muy largo, que es la subida a La Febró. Llegamos al sendero e iniciamos la subida. Vamos salvando el desnivel por zonas de grandes piedras y mucha vegetación. Uno de los chicos me dice que es poco, sólo 200 metros y eso me tranquiliza. De repente, entre los árboles, se vislumbra una gran roca allá en lo alto y me dice: "¿Ves? Hay que llegar hasta allí". No me habia mentido, eran 200 metros, pero ¡verticales!. No me importa, el sitio es espectacular. Voy rozando la vegetación, aún húmeda de la lluvia del día anterior. Por momentos, me parece estar en un bosque de cuento. De forma inesperada, en uno de esos tramos, mi mente vuela a mi niñez y me veo a mí misma buscando escondites secretos en los pequeños claros de los bosques que rodean mi pueblo, en Euskadi. No me había pasado nunca nada así y me emociona muchísimo.

Camí de les Tosques. Imagen: http://eu.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=1487622
Del kilómetro 36 al 41 es todo bajada. Son más de 5 kilómetros por el Camino de les Tosques, con bastante desnivel y empedrado en su mayor parte. Está húmedo y resbaladizo en muchos tramos, y hay que ir con mil ojos. Sin embargo, consigo bajarlo bastante bien, adelantando incluso a algunos corredores en ese tramo. Llegamos al avituallamiento de Vilaplana. A partir de ahí el recorrido será exclusivamente por anchas pistas, polvorientas y sin sombra alguna hasta Reus. Son unos 14 kilómetros y sé que es justo esa parte, por mis características como corredora, la que me va a favorecer y donde voy a ganar mucho tiempo. El sol cae a plomo sobre nuestras cabezas, pero yo estoy acostumbrada a entrenar en Tàrrega por ese tipo de caminos al mediodía, así que voy bien y empiezo a adelantar a muchos participantes que se han puesto a caminar en este tramo.

Ya se ven las afueras de Reus. En un recodo del camino, unos niños de no más de 10 años han montado un avituallamiento improvisado en un pequeño carro. Tienen galletas saladas y algunas chucherías. Sonrío pensando en lo bien que se lo deben de estar pasando jugando así en esta mañana de domingo. Y por fin piso el asfalto de Reus. A unos 3 kilómetros de la meta está el último control, que también es avituallamiento. Paro lo mínimo para que me marquen el dorsal y hago el intento de empezar a correr de nuevo, pero los voluntarios me dicen que dónde voy, que beba algo, que me refresque. Y así lo hago. Charlo con ellos unos minutos y una señora me pulveriza agua por las piernas y los brazos. Les grito que esto es la gloria y nos reímos todos. Finalmente me marcho y me dirijo a tope hasta la meta en las piscinas municipales de Reus. Y atravieso el arco de meta después de 7 horas 14 minutos. La 4ª mujer, muy contenta de mis sensaciones, de lo fuerte que me he sentido y de los momentos tan emocionantes que he vivido en esta prueba, totalmente recomendable y que espero volver a repetir.

Son 17 puntos más, que hacen un total de 192. Y quedan 4 pruebas pendientes, la siguiente a finales de agosto y las que quedan ya a partir del mes de octubre. Tengo por delante 4 meses de descanso de este tipo de competiciones, lo que me ha animado a aprovechar el nivel de forma en el que me encuentro para preparar un nuevo objetivo para finales de septiembre. Pronto os lo cuento.

domingo, 22 de mayo de 2016

6ª Marxa dels Dips (21 de mayo de 2016)

De todas las pruebas que puntúan para la Copa Catalana de Marxes de Resistència, tengo marcadas en el calendario 13 de ellas, que son las que me darán los puntos necesarios para obtener la Copa. El sábado se celebraba la 6ª Marxa del Dips, la número 8 de mi lista, con salida en la localidad de Pratdip, en la provincia de Tarragona, a una hora y cuarto aproximadamente en coche desde Tàrrega.

Dips en el retablo renacentista de la iglesia de la Natividad de Santa María de Pratdip. Imagen: http://www.pratdipturisme.com
El nombre de la prueba hace referencia a los "dips" que, según una leyenda que se remonta al S. XVI, eran una especie de perros negros vampíricos que chupaban la sangre del ganado y atacaban a los hombres de noche. En la entrada de Pratdip hay un monumento dedicado a este ser, cuya figura aparece incluso en el escudo del municipio. Esta vez se trataba de recorrer 61 km con 5915 m de desnivel acumulado, siendo una de las pruebas más duras de toda la Copa, según había leído en crónicas de ediciones anteriores. Así que iba preparada para estar muchas horas en marcha aunque tampoco me lo podía tomar con calma ya que, según el eslogan de la Marxa: ¡"si no te espabilas te cogerán los dips"!

Pratdip. Fotografia: Xavier Capdevila (FEEC)
Me levanto a la 3:30 de la mañana. Mi rutina para este tipo de pruebas es muy distinto de cuando hago carreras de asfalto. Aquí he visto que tengo que desayunar bien, así que me tomo una taza de leche con Cola-Cao y cereales. Hoy, además, añado una magdalena, que el día va a ser muy largo... Cojo el coche y a las 5:15 ya estoy en Pratdip. Es un municipio pequeño, y no hay sitios habilitados para que todos los participantes puedan aparcar, así que lo dejo bien metido en el arcén de la carretera, a unos 300 metros del pabellón deportivo donde se dará la salida. No acabo de acostumbrarme al ambiente tan diferente que se respira en este tipo de pruebas. A esas horas ya está montado el avituallamiento en el pabellón, donde te ofrecen café y dónuts, impresionante. Afuera, hay luna llena y está oscuro como la boca del dip, je, je,...

A las 6 en punto se da la salida a los 175 participantes. No son muchos, y más tarde comprenderé por qué y es que esta prueba es muy exigente y requiere estar en muy buena forma física. El circuito está dividido en tres tramos circulares, con origen en Pratdip, por la Sierra de Llaberia. El primer bucle, de unos 9 km muy técnicos, se inicia por un estrecho sendero pedregoso junto a un barranco, que los corredores hacemos en fila india. Pronto se inicia una fuerte subida entre piedras hasta la cima del Cabrafiga. A la mitad de la subida, el pie me falla intentando salvar una roca y me hiero la barbilla y la rodilla. Ya me he hecho la avería del día, por suerte no sangran mucho... El grupo es compacto mientras subimos y vamos todos aún en fila, aunque en la bajada ya se empieza a estirar bastante. He salido de Pratdip con camiseta de manga corta y una térmica, además del chubasquero, pero al acabar el primer bucle veo que ya tengo calor, así que aprovecho que pasamos de nuevo por Pratdip para acercarme al coche y descargar la mochila. Agua, plátano, naranja y a por el segundo tramo.

Subiendo al Cabrafiga
El segundo bucle tiene unos 15 km y se sube al Mont-Redon por las Crestas de la Seda. Es muy duro y técnico, con algunas sorpresas incluidas. Y es que hay que subir ayudándose de pies y manos e incluso escalar literalmente en algunos tramos, ayudados de cuerdas. Precioso, espectacular, pero también muy peligroso si vas con prisa...  Nuevas subidas y bajadas con muchísimas piedras, y una bajada con cuerdas hasta descender de nuevo hasta Pratdip. Se podría decir que divertido, pero para mí también tremendo, quedando aún más de la mitad de la prueba por delante. Cuando llegamos al pabellón casi se me salen los ojos de las órbitas. Nunca había visto algo igual en un avituallamiento. Normalmente encuentras el típico bocadillo de longaniza, pero esto parece una fiesta. Han puesto platos con el pan en rodajas, untadas de tomate y aceite, con lonchas de jamón, fuet, longaniza a la brasa o queso. El aspecto es tan tentador que me lanzo a por un par de ellas. Tengo que coger fuerzas para afrontar el tercer tramo.

Crestes de la Seda. Foto: Miguel de Pablo.
El tercer bucle, de unos 35 km, es el más largo. El primer kilómetro lo hacemos de nuevo junto al barranco, igual que en el primero, para empezar enseguida a subir bastante intensamente. ¿Os he dicho antes que por senderos llenos de piedras? En una de las bajadas con mucha pendiente y resbaladiza, un chico delante mío me deja impresionada. La baja esquiando. Los esquís son las zapatillas y la tierra y las piedras son la nieve, pero se ayuda de los bastones para saltar de un lado a otro como si estuviera esquiando. Quizá me tenga que acostumbrar a llevarlos, ja, ja,... Después de uno de los avituallamientos (de nuevo espectacular) pasamos por una zona de baja altitud rodeada de vegetación y con algún riachuelo. Los kilómetros y el esfuerzo ya me pesan y me duelen los pies de pisar tantas piedras. Entonces viene lo que me faltaba, me ataca una horda de pequeños insectos que me empiezan a revolotear por la cara y hay dos que se me meten en el ojo. Aunque en muchos tramos está soplando el viento, en esa zona no se mueve ni una hoja, y no hay manera de quitármelos de encima. Así que, como los caballos con su cola, voy moviendo el brazo delante de la cara a ver si los espanto. Por suerte, al ir ganando altitud se van por donde vinieron.

Qué largo que se me está haciendo, es que llevo muchas horas en marcha. Cuando llego al penúltimo control en Llaberia, el cielo está cubierto y se oyen algunos truenos. Los voluntarios me dicen que seguramente no va a haber tormenta, ya que hace viento y en esas circunstancias no suele llover en esa zona. Qué gente más agradable, decido tomarme el avituallamiento con calma y charlar con ellos un rato. Son las 3 de la tarde. Me dicen que quedan 12 kilómetros (¡todavía!) y que serán unas dos horas y media. Casi me da un síncope. Y después de agradecerles que estén ahí por nosotros, me dirijo a afrontar las siguientes subidas y bajadas pedregosas.

Llaberia. Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
El paisaje es verdaderamente sorprendente. Estamos en la montaña, pero pasamos por un camino cubierto de arena de playa. Casi parece que pueda oir las olas. Al cabo de pocos kilómetros llegamos al último control, a unos 8 km de la meta. En teoría el perfil es descendente desde ese punto, pero yo no las tengo todas conmigo. Por si acaso, cojo un puñado de frutos secos con una mano y otro de gominolas con la otra. Son las 15:48. Mi idea era acabar antes de las 17 h (en menos de 11 horas) y quizá pueda conseguirlo. Aunque pronto veo que no va a ser tan fácil. Seguimos por caminos con subidas y bajadas con mucha piedra, la mayor parte por el bosque. Bajamos por un antiguo camino de herradura y al final llegamos a una ancha pista (pedregosa, pero pista) que desciende con bastante pendiente. Se ve Pratdip a lo lejos, creo que no deben ser más de 2 km y son las 16:40. Estoy a tiempo de conseguirlo. Empiezo a correr a buena velocidad, voy siguiendo la pista, mirando al suelo para no tropezar. Y llego a un cruce. Me paro. No hay ninguna marca ni cinta. Con la emoción me he pasado una desviación. Se acabó el sueño de acabar en 10 horas y pico. Y ahora ¿qué hago? Si tengo que volver hacia arriba me muero, no tengo ni idea de dónde me he despistado. Por un instante me hundo. Pero al momento siguiente tomo la decisión de seguir adelante. El pueblo está ahí abajo, puedo verlo, y por el camino voy a llegar, no sé cuándo, pero seguro que llego. Pero ¿por cuál de las dos pistas? Decido tomar la de la izquierda. Vuelvo a correr, y llego a un segundo cruce. Ni idea, tomo de nuevo el camino de la izquierda. Y al cabo de un rato encuentro una cinta. Es un camino que viene desde arriba y que atraviesa la pista en ese punto. He hecho algún kilómetro de más, pero al final he tenido mucha suerte...

Cuando estoy entrando en el pueblo oigo sonar las 5 de la tarde en el campanario de la iglesia. Entro en el pabellón y me fichan la tarjeta en 11 horas y 3 minutos. Por poco.

¿Habéis visto qué camiseta más chula?
Como no podía ser menos, el avituallamiento final es la bomba. Hay tortilla de patatas y ¡callos! Llamo a casa para avisarles de que he sobrevivido y me quedo un rato de charla con algunos compañeros que conocía de otras pruebas y otros que he conocido hoy. Todo muy agradable.

Son 25 puntos más y ya tengo 176. La próxima será dentro de dos semanas y las 4 que me quedarán pendientes ya son para después del verano.

¡Hasta pronto!



domingo, 8 de mayo de 2016

XVI Mitja Marató i 10 km Ciutat de Tàrrega (8 de mayo de 2016)

Hoy se ha celebrado el medio maratón y 10 km de mi ciudad, Tàrrega. Hacía unos años que no podía participar, ya que estaba dentro de la organización, pero el pasado mes de noviembre dejé la presidencia del Club y eso me ha permitido en esta edición vivir la carrera de nuevo como corredora. Era esta mi principal motivación para correr esta prueba en medio del otro tipo de competiciones en las que estoy inmersa y que tanto se alejan de la filosofía del medio maratón. Justo una semana antes había hecho una ultra de 59 km por montaña, y otra de 56 km dos semanas atrás, así que no podía esperar haberme recuperado lo suficiente como para rendir con normalidad en los 21,1 km. Sin embargo, tenía ganas de correr algo más rápido de lo que vengo haciendo desde hace unos meses y hoy era la oportunidad ideal para hacerlo.

100x100 Fondistes de Tàrrega. Foto: Núria Guirao
Es también el día del año en que más Fondistes de Tàrrega nos encontramos. Es muy agradable charlar con ellos y ponernos al día de nuestras batallitas atléticas. Alguien, sin embargo, está librando otra batalla personal mucho más dura de la que seguro que saldrá victorioso. Desde aquí le envío toda mi fuerza y mi ánimo.

Mi hija Ainhoa tenía ganas de correr los 10 km. Lo hizo por primera vez hace dos años, cuando sólo tenía 10, y le hacía ilusión ver cómo había progresado durante este tiempo. Jordi decidió acompañarla y, finalmente, mi hijo Aleix también se apuntó con ellos.

Aleix y Ainhoa en el km 7
La carrera empieza a las 9:30 y hoy no hace falta ni madrugar, qué tranquilidad correr en casa. El tiempo está inestable y no sabemos si va a llover. Finalmente aguanta, pero el cielo está cubierto, la temperatura es fresca y hace bastante viento. Puntualmente, se da la salida a los más de 500 corredores participantes en las dos distancias. En sus 16 ediciones, ha habido bastantes cambios de circuito con la idea de suavizar el duro recorrido, aunque con escaso éxito, todo hay que decirlo. La ciudad y su entorno son lo que son, y es difícil encontrar tramos sin desniveles. Por ese motivo, no es una carrera en la que normalmente se pueda hacer marca personal. Este año, la organización ha cambiado de nuevo el trazado, volviendo a un circuito combinado de tierra y asfalto.

Aleix, Ainhoa y Jordi en el km 9.
Al principio me siento extraña, hacía meses que no corría un medio maratón. Sé que voy a resistir la distancia sin problemas, pero también sé que voy a ir muy, muy lenta. La cuestión es saber cuánto. Mi tiempo habitual últimamente en medio maratón (los que me leéis recordaréis que más que habitual, ja, ja,...) es 1 h 38 min. Pero ese tiempo no incluye Tàrrega, donde en mi última participación hice un crono de 1 h 44 min. Esa era mi referencia, así que lo que hoy esperaba era no alejarme mucho de ese último registro. La primera parte del circuito la hacemos todos los participantes y corremos muy acompañados. Yo le he cogido el ritmo a un compañero del club que va a hacer los 21,1 km, y vamos tirando el uno del otro. En este tramo hay dos avituallamientos, y yo bebo agua en los dos. En el km 9 los corredores de los 10 km se dirigen hacia la meta y los del medio maratón nos desviamos para realizar la segunda parte del recorrido, la mitad del cual es en subida. Paso los 10 km en 49 minutos. En otra situación ya estaría deprimida, siempre intentando pasar este punto sobre los 45 minutos, pero hoy voy tranquila y bien, siendo realista en mi previsión.

Km 17.
Pienso en mi hija, que estará llegando a meta, a ver qué sensaciones ha tenido con esos acompañantes de lujo. Y a subir durante cinco kilómetros, en los que pierdo muchísimo tiempo. Es un recorrido de subida y bajada por la misma carretera, así que enseguida nos cruzamos con los primeros clasificados y con muchos conocidos, a los que voy saludando. Giro de 180º y se inicia la bajada. Ahí intento apretar lo que puedo, que no es mucho, y al cabo de unos centenares de metros me encuentro con Jordi que, después de dejar a mis hijos en la meta, ha subido a buscarme. El cambio de ritmo es importante.

Entrada en meta.
Los kilómetros pasan bastante rápido, imagino que porque mi referencia temporal es mucho más larga debido a las pruebas en las que participo últimamente. Un kilómetro por la montaña es eterno en comparación con un kilómetro sobre asfalto, la verdad. Estamos corriendo bastante solos y no hay mucho público, pero los pocos que hay nos animan todos con fuerza, esto se agradece mucho. Finalmente llegamos a la recta de meta. Jordi se aparta y entra por un lateral y finalmente cruzo en arco de meta en 1 h 45 min. Un tiempo en sí horroroso, pero muy bueno dadas las circunstancias. Porque sí que es verdad que soy una mujer fuerte, pero tampoco hay que pasarse, ja, ja, ...

Todos juntos después de la carrera.
Me encuentro con mis hijos, y me dicen que Ainhoa ha acabado los 10 km en 57 minutos. ¡Un gran tiempo!

Precioso detalle como premio a la categoría.
Otros años hemos podido relajarnos al sol y disfrutar del avituallamiento final sin prisas, pero hoy hace un frío que pela. Cuelgan las clasificaciones y veo que he sido la 9ª mujer y la 1ª de mi categoría (es que una ya tiene una edad, je, je...), así que voy a tener un bonito detalle.

Ahora toca volver al modo ultra, ya que en dos semanas tengo mi próxima prueba de 61 km y 6.000 metros de desnivel acumulado, nada que ver con lo de hoy.

¡Ya os contaré!




miércoles, 4 de mayo de 2016

Crónica XIII Marxa de Resistència 7 Cims (1 de mayo de 2016)

Con estas asociaciones curiosas que tienen los números, el domingo participé en la Marxa 7 Cims, con 700 participantes, era mi 7ª prueba de la Copa Catalana, y llegué la 7ª mujer. Como su propio nombre indica, en esta prueba se enlazan 7 cimas de la Cordillera Prelitoral Catalana, distribuidas en sus 59 km de recorrido con 4.700 m de desnivel acumulado.

Salida. Imagen: Cursa Fosca seminocturna del Penedés.
Me habían advertido de que era una prueba muy dura, e incluso la propia organización remarcó en un correo electrónico a todos los participantes que se requería una buena preparación física y psicológica para afrontarla. Así que hago una estimación de tiempo de 10 horas, aunque aviso a mi familia que se lo tomen con calma ya que no tengo ni idea de a qué hora voy a llegar a casa. La salida de la prueba es a las 6:30 de la mañana desde Torrelles de Foix, un bonito municipio de la comarca del Alt Penedés, a una hora de distancia en coche desde Tàrrega, aproximadamente. Cuando llego, estamos a 5ºC, sopla un fuerte viento del norte y hace un frío que pela. Así que salgo con 3 capas: camiseta térmica, camiseta de manga corta y cortavientos, además del tubular y los guantes. Puntualmente, tiran un cohete y salimos.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
En el kilómetro 4 ya encontramos la primera cima, así que empezamos a subir ya desde la salida. Hay muchos participantes, que vamos en fila india. No me gusta mucho esta imagen, sin embargo, una vez iniciado el camino hacia la segunda cumbre, el pelotón se estira mucho y al cabo de unos kilómetros ya me encuentro corriendo bastante sola. El primer avituallamiento está en el km 6 y lo paso de largo sin parar. En los siguientes puntos, sólo tomo un trozo de plátano y de naranja, hasta llegar al avituallamiento fuerte del km 34 donde, hoy sí, llego con hambre y me como el bocadillo de longaniza a la brasa y un gran vaso de Coca-Cola. Siguiendo con mi estrategia habitual, cada dos horas me tomo la pastilla de sales y, de momento, los calambres me están respetando.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
El recorrido es muy variado. Hay caminos donde se puede correr bastante, aunque con mucho cuidado por las piedras, y también hay zonas que hay que superar ayudándose de las manos. En algunos tramos complicados han puesto cuerdas para ayudarnos a subir o a bajar. En una de estas, hacia el km 18, rozo la rodilla con una roca al intentar subirla, y me hago un pequeño corte. Nada, medio centímetro, pero de repente me empieza salir una cantidad de sangre que parece una carnicería. Me empieza a resbalar por toda la pierna y no para de salir, imagino que es porque con tanto esfuerzo el corazón debe bombear a toda pastilla. La verdad es que impresiona mucho, y todos lo que me ven se preocupan por mi estado. Cuando llego al avituallamiento del km 22, los voluntarios, muy atentos (desde aquí les doy las gracias), me hacen sentar con la pierna estirada, me ayudan a limpiar la herida y me dicen que me esté un rato hasta que deje de salir la sangre. Pero les digo que no puede ser, que me va a adelantar mucha gente, ja, ja, ja ... Me pongo una tirita y salgo de nuevo disparada.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Vamos subiendo y bajando y, al final, ya me he descontado del número de cumbres y los kilómetros que llevamos. Pero me encuentro fenomenal, estoy contenta porque he mejorado muchísimo en este tipo de terreno. Después de 7 pruebas, veo que bajo muy bien, aunque en las subidas es otra cosa, claro, ahí aún soy fatal, je, je...

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Hoy va a ser el día de las anécdotas. Resulta que llego al último avituallamiento, a 5 km de la meta, y me encuentro por sorpresa con una chica. No la había visto en toda la prueba, así que supongo que debía ir bastante por delante. Salimos las dos a la vez, pero le acabo cogiendo una ventaja de unos 200 metros. Ya se respira el aire de la meta, sólo quedan 2 kilómetros y, de repente, veo un chico que viene en dirección contraria corriendo a buscarla. Veo que aceleran y me alcanzan. Supongo que lo más natural hubiera sido dejarles hacer y continuar a mi ritmo, pero me sale la vena competitiva (sin la cual este blog no sería el mismo, je, je,...) y yo también acelero. Como en un juego, ellos aceleran más y yo también; ahora vamos a tope. Entramos al pueblo y un chico me dice que quedan 200 metros. Y pienso que las series del viernes me van a servir para algo, pues esprinto a todo lo que me dan mis piernas hasta que entro bajo el arco de meta. La verdad es que me lo he pasado bien, le ha puesto a la prueba un punto final divertido que no esperaba para nada.

Han sido 8 h 33 min, mucho menos que mi previsión, así que estoy muy contenta. Sobre la prueba, todo correctísimo. Bien marcada, buenos avituallamientos, voluntarios de lujo, camiseta y botella de vino del Penedés a la llegada, totalmente recomendable. Y con los 22 puntos de esta Marxa ya tengo 151. Ya he pasado el ecuador de la Copa Catalana y me faltan 128 puntos.

¡Hasta pronto!

viernes, 29 de abril de 2016

Crónica de la XIV Caminada Riudoms-La Mola-Riudoms (24 de abril de 2016)

Después de dos fines de semana de descanso, el domingo participaba en una nueva prueba de la Copa Catalana de Marxes de Resistencia. Se trataba esta vez de 55 km de recorrido con 3.700 m de desnivel acumulado con salida y llegada en la población de Riudoms, aproximadamente a una hora en coche desde Tàrrega.

Plaça de la Esglèsia de Riudoms. Antes de la salida. Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Ya hay mucho ambiente a las 6:30 de la mañana, y es que habrá más de 300 participantes. Me encuentro con mucha gente conocida, que he ido encontrando en las diferentes pruebas de la Copa. Son aquellos que corren a un ritmo similar al mío y solemos encontrarnos muchas veces durante el recorrido. Para mí es una experiencia muy agradable poder charlar un rato con ellos mientras esperamos a que se dé la salida.

Desnivel de la Riudoms-La Mola- Riudoms
Cada prueba es diferente, aunque tenga un número de kilómetros y un desnivel similar. Esta vez los primeros y los últimos 10 km son prácticamente llanos y se pueden realizar corriendo en su totalidad. Y eso significa que el desnivel se hace prácticamente todo de golpe.

Salimos de noche, pero nadie lleva frontal, ya que en muy pocos minutos habrá salido el sol. Además, hay una preciosa luna llena que nos va iluminando el camino. Los primeros 10 kilómetros son por pistas y caminos asfaltados con un desnivel poco destacable. Así que empiezo disfrutando mucho de la Marxa.

Detalle del recorrido. Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Como salgo desde atrás, voy adelantando poco a poco a bastante gente, hasta que encuentro mi sitio entre algunos corredores que ya iré encontrando durante toda la prueba. Hay una chica veterana como yo que tiene toda la pinta de ser una atleta local, no lleva siquiera mochila y va en pantalón corto y camiseta de manga corta a pesar del frío tremendo que está haciendo. Y es que está soplando un viento del norte muy fuerte y prácticamente todos vamos con cortavientos y guantes. Con ella nos encontramos al parar en los avituallamientos y me explica cómo es el recorrido y lo que vamos a encontrar a continuación. Esta camaradería es una de las cosas que me gusta de este tipo de pruebas y que no existe en el asfalto, mucho más competitivo.

Imagen: Dannylow Ramírez
En los avituallamientos encontramos de todo: desde chucherías, incluyendo chocolate, hasta frutos secos, o bollería, además de pátanos, naranjas y bebida isotónica o agua. Pero, como es habitual en mí, sólo como algún gajo de naranja o de plátano y bebo un vaso de isotónica o agua. De todas maneras, hoy casi tengo menos hambre que de costumbre. Creo que es por culpa del viento, tan fuerte y tan frío, que me ha dejado los músculos del estómago medio tiesos y doloridos...

El camino sube y sube hasta alcanzar La Mola, en el kilómetro 30. A veces hay que utilizar las manos para ayudarse a subir y me voy encontrando con unos paisajes realmente espectaculares. Me han avisado de que vamos a crestear por una zona de aerogeneradores que se vislumbra sensacional con el tremendo viento que está haciendo. Y así es. El viento sopla de costado y a veces me parece que si estiro los brazos voy a empezar a volar. El ruido al pasar bajo los aerogeneradores es impresionante. Y uno no puede dejar de pensar en qué pasaría si se suelta una de esas aspas...

Subiendo a La Mola
Por fin alcanzo la cima de La Mola y no bajo volando de milagro, ¡qué viento!
A partir de ahí sé que son unos 5 km de bajada técnica. Lo intento hacer lo mejor posible, pero hoy está bastante difícil. A pesar de todo, un par de corredores me dejan pasar, aunque algún otro me adelanta y yo me intento mantener cerca de él. Eso es porque cuesta concentrarse en bajar y además ver las señales del recorrido, así que es mucho más fácil para mí ir siguiendo a alguien. Estos kilómetros se hacen eternos, pero por fin llegamos a un avituallamiento líquido antes de los dos últimos kilómetros de subida del recorrido hasta el avituallamiento fuerte de la ermita de Mare de Déu de la Roca. Esta ermita es un sitio muy popular y, al ser domingo, hay muchísimos visitantes. Hay escaleras talladas en la roca y por ahí nos cruzamos los participantes de la Marxa con los tranquilos visitantes que deben de pensar que nos vamos a descalabrar con tanta prisa...

Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
En este avituallamiento hay, entre otras cosas, cerveza y bocadillos de longaniza a la brasa. Algunos compañeros se sientan tranquilamente a disfrutar de este momento. Yo no tengo nada de hambre, y la cerveza no me gusta (aunque parezca increíble, je, je...), pero me obligo a comer medio bocadillo y un vaso de Coca-Cola antes de encarar los últimos 15 kilómetros de la prueba. Durante toda la Marxa, me han estado diciendo en los puntos de control que era la tercera chica. Pero a los pocos minutos de llegar a la ermita veo que llegan dos chicas más, la cuarta y la quinta, y salimos de ese punto de control prácticamente las tres a la vez.

Ermita de la Mare de Déu de la Roca. Foto: Xavi Capdevila (FEEC).
A partir de ahí hay unos 5 kilómetros con algo de complicación, aunque poca,  hasta afrontar el último tramo prácticamente llano hasta llegar a meta. Sé que mi baza estará en poder correr durante los últimos 10 kilómetros, ya que es donde soy más fuerte y no tengo prácticamente ninguna duda de que acabaré llegando a meta la tercera. En realidad no tiene ninguna importancia, ya que no habrá ningún premio para nadie, pero es mi manera de marcarme un objetivo y mantener la cabeza ocupada. Y es que después de todas las dificultades que hemos tenido que pasar hasta llegar al kilómetro 45, no resulta fácil correr sin parar durante 10 kilómetros más por anchos caminos polvorientos a la 1 del mediodía bajo un sol de justicia ...

Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Y por fin entro en Riudoms y, tras callejear un poquito, llego a la meta en la plaza de la iglesia, de donde salí 7 horas y 57 minutos antes. Encuentro descansando a algún amigo que ha llegado unos minutos antes y, algunos minutos después, llegan mis otros compañeros de andadura con los que charlamos animadamente de esta prueba y de las que nos esperan por delante.


En resumen, una prueba muy recomendable, muy variada en su recorrido, con una organización excelente, voluntarios de diez, un ambiente espectacular, no se puede pedir nada más. Y con esta sumo 19 puntos más y me sitúo en 129. Faltan 150.

¡Hasta pronto!


domingo, 3 de abril de 2016

Crónica de la 7a "Entre l'Alt Camp i la Conca de Barberà"

Después de la Marxa del Cap de Creus noté unas molestias en las rodillas que quise vigilar durante unos días, así que no me inscribí en ninguna prueba más de la Copa Catalana. Sin hacer nada no podía estar, pero el cuerpo necesitaba recuperarse del esfuerzo de los 87 km con los 6.000 m de desnivel acumulado, así que durante la semana pasada no fuí a correr ningún día, y lo sustituí por ir a nadar tres días.

La siguiente prueba del calendario era la Marxa "Entre l'Alt Camp i la Conca" y tenía lugar sólo una semana después de la del Cap de Creus. Pero como el miércoles ví que me encontraba bastante bien, decidí inscribirme. Me llevé una sorpresa al encontrar cerrado el plazo, pero rápidamente escribí a la organización explicándoles la situación y me respondieron enseguida afirmativamente. Así que ayer sábado cogí mis bártulos de nuevo y me dirigí al Pla de Santa Maria, una población de la provincia de Tarragona a escasos 40 minutos en coche desde Tàrrega.

Montclar. Fotografia de Xavier Capdevila (edición del 2015)
Es una prueba de esas que me gustan, poco masificadas, cuidando hasta el más mínimo detalle y haciéndote sentir como en casa. La salida se daba a las 7 de la mañana, aún de noche, así que debimos utilizar la luz del frontal durante una media hora aproximadamente. El cielo estaba cubierto y durante las primeras horas del día soplaba un viento bastante frío. Pero después, a lo largo del día, tuvimos una temperatura muy agradable. Nos enfrentábamos a unos 56 km con 4.400 m de desnivel acumulado, en un recorrido a caballo entre las comarcas del Alt Camp y la Conca de Barberá. Alcanzando por senderos y caminos pedregosos las cimas del Montclar y el Cogulló para acabar con un último esfuerzo la subida a través del bosque a Miramar, mirador de todo el Camp de Tarragona.

Después de cuatro pruebas, ya he aprendido lo que me voy a encontrar por el camino, y estaba claro que aprender a bajar tenía que ser una de mis prioridades. Así que durante la semana estuve leyendo un poco sobre el tema. Leí que las carreras de montaña se ganan subiendo y se pierden bajando, y que los corredores expertos miran unos 20 metros por delante suyo previendo los pasos que darán. Yo, sin embargo, miro a escasos 50 centímetros de mi zapatilla, ja, ja,... Estaba claro que había que mejorar eso. Así que esta vez, ya en las primeras bajadas, decidí simplemente no pensar y bajar apoyando los talones, dando saltos incluso en bastantes ocasiones. Y Oh my God!, por primera vez no me adelanta prácticamente nadie. Estoy eufórica.

Fotografia de Xavier Capdevila (edición del 2015)
Decido ir a correr, a hacer el mejor tiempo posible dentro de mis posibilidades, así que prácticamente no paro en los avituallamientos. Sólo me tomo algún gajo de naranja y un trozo de plátano. Cada dos horas me tomo una pastilla de sales. Es muy gracioso porque en uno de los avituallamientos vieron la cajita y me dijeron (de broma, claro) si era dóping. La verdad es que llegar a un avituallamiento, no comer nada y tragarse una cápsula puede parecer algo sospechoso, ja, ja,...

En el kilómetro 38 han preparado la comida, con bocadillos de longaniza a la brasa y un montón de cosas más. Me obligo a comer un mini-bocadillo y me tomo una Coca-Cola y al cabo de pocos minutos ya estoy de nuevo en camino. Está siendo una prueba muy entretenida. Llegados unos kilómetros, siempre te vas encontrando con la misma gente. Hay uno que está haciendo la prueba en modo de marcha atlética. Es impresionante. El ritmo es rápido, y siempre el mismo sean subidas o bajadas. En las bajadas le suelo pasar corriendo, pero en las subidas me adelanta él. Le pregunto si es profesional, pero dice que no, que es aficionado. Un fenómeno. También conozco a otros chicos muy simpáticos que hacen la Copa Catalana y con los que voy hablando durante muchos kilómetros. Hay una pareja de señores mayores que los voy encontrando animando en un montón de tramos. Cuando llego a la meta también los encuentro allí. La verdad es que estas cosas le dan alegría a cualquiera.

Saliendo de uno de los controles. Fotografia de Ramon Farré.
A pocos kilómetros para el final ya tengo las piernas muy cargadas y empiezo a preguntar cuántos kilómetros quedan. Y después de tanto subir y bajar, quién iba a pensar que el peor tramo serían los últimos cuatro kilómetros totalmente llanos hasta llegar a la meta, en el pabellón deportivo de El Pla de Santa María y que hago corriendo, aunque suerte que no llevo reloj ni me veo en ningún espejo, porque la pena que debo de dar seguro que es grande. Estoy entrando al pueblo y oigo tocar las tres de la tarde en el reloj de la iglesia. Así que entro en meta casi a 8 horas justas desde la salida. Me dicen que he sido la primera chica, pero es que hoy no han debido de venir las otras, ja, ja,...


En resumen, una prueba que me ha gustado mucho y en la que lo he pasado muy bien. Además, he conseguido 21 puntos más para la Copa Catalana de Marxes de Resistència, así que ya tengo 110 puntos. ¡Esto va subiendo! Pero aún me faltan 169. Poco a poco.

¡Hasta pronto!




lunes, 28 de marzo de 2016

12a Marxa 24 hores del Cap de Creus (26-27 de marzo de 2016)

Este año hemos pasado una Semana Santa diferente. Aprovechando que el Sábado Santo era la Marxa del Cap de Creus, nos hemos ido los cuatro a pasar unos días por esa zona, que no conocíamos. Mirando hoteles aquí y allá, al final decidimos quedarnos en Port de la Selva, a 8 km de la salida de la prueba en Llançà. El viernes por la tarde la organización ha preparado un briefing, o resumen de la Marxa, donde nos dan muchas indicaciones y nos informan de todos los aspectos prácticos. La Casa de Cultura de Llançà está a tope de corredores y acompañantes y ya se empieza a respirar el ambiente del día siguiente. Se trata de una prueba larga y exigente ya que serán 87 km con 6.000 m de desnivel acumulado. El circuito recorre toda la región del Cap de Creus, una zona de una belleza paisajística impresionante. Los organizadores nos avisan de dónde estarán los controles, qué tipo de avituallamientos habrá, el material obligatorio y las precauciones que debemos tomar en distintas partes del recorrido. Para acabar nos ponen un vídeo que hizo un corredor en la edición del año anterior, que es muy emocionante. Nos despedimos todos con un gran aplauso y nos vamos a descansar para guardar fuerzas para el día siguiente.

El Port de la Selva
La salida es a las 8 de la mañana. Como los relojes se van a adelantar por el cambio de hora justo esa misma noche, nos encontramos con una salida casi a pleno sol. Por contra, nos va a anochecer mucho antes que en ediciones anteriores. Creo que hemos tenido mucha suerte, ya que el día es espléndido. Hace sol, la temperatura es perfecta y casi no hace viento. Las condiciones son excepcionales para una zona de fuertes vientos que, de hecho, se pronostican para la caída de la noche. En parte por ese motivo llevo bastante peso en la mochila, entre 1,5 l de agua, el frontal, el teléfono móvil con batería de recambio, el cortavientos y todo un conjunto de ropa de recambio. Además llevo una pequeña cámara y mis pastillas de sales. No llevo nada de comida, ya que confío en los avituallamientos. En total va a haber 14 puntos de control. La organización nos ha avisado de que comamos en los puntos donde haya comida, ya que habrá bastantes puntos de control donde sólo encontraremos agua y poco más.

Torre románica, Llançà
Lanzan un cohete y salimos desde la playa del Port de Llançà. Los primeros 27 km son circulares y recorren la zona norte del Cap de Creus, pasando por el Puig d'Esquer y bajando gradualmente la cresta hasta llegar de nuevo a Llançà. En esta zona hay unas bajadas técnicas bastante difíciles. La organización nos avisa de una en concreto al pie de la cual han situado una ambulancia en previsión de posibles accidentes. En mi breve experiencia en este tipo de pruebas aún no he aprendido a bajar, así que cuando me encuentro con estos tramos lo paso realmente mal. Es donde me adelantan muchísimos corredores, que bajan con sus bastones como cabras por el monte. Yo los miro maravillada. Yo no llevo bastones, ya que ni los tengo ni los sé usar. En la bajada de la ambulancia, voy tan concentrada en mirar dónde pongo los pies que de repente me encuentro un cercado. Han dejado una pequeña abertura para que podamos pasar y no se me ocurre nada más que ayudarme agarrándome a los dos soportes. Al instante me suelta una descarga eléctrica que por un momento me hace pensar que me voy para el otro barrio. Pero sobrevivo y sin saber si reir o llorar sigo para abajo con cuidado de no descalabrarme. Por fin llego a Llançà, donde nos han preparado unos macarrones con tomate y fruta. Intento comer los macarrones pero no puedo, así que me como varios trozos de naranja y de plátano, me bebo una Coca-Cola y salgo del avituallamiento a afrontar la segunda parte del recorrido.

Puig d'Esquer
Me avisan de que esta va a ser la parte más difícil. Desde Llançà subimos continuamente hasta llegar al Monasterio de Sant Pere de Rodes, ya en el kilómetro 37. Es un sitio precioso, y he quedado allí con Jordi y los niños, para que de paso que visitan el monasterio me animen en ese tramo. Les llamo por teléfono avisándoles de la hora aproximada a la que voy a llegar y les pido además que me lleven un paquete de galletas de chocolate... Fotos, abrazos y me despido de ellos hasta la llegada final. Desde ahí hay que subir a las ruinas del castillo de Sant Salvador. Al llegar arriba es obligatorio parar a admirar el paisaje y hacer unas cuantas fotos. Estamos en el punto más alto del recorrido y podemos ver por un lado, el Cap de Creus y, por el otro, la Bahía de Roses. Y seguidamente el peor tramo hasta el momento de toda la carrera: casi dos kilómetros de cresta que me parecen peligrosísimos, porque un mal paso con el pie derecho me lleva a Roses, y con el izquierdo, al Cap de Creus. Ahí tengo que apartarme cuando puedo para dejar adelantar a varios corredores que merecen toda mi admiración.

Sant Pere de Rodes
Cresta
Acabada la cresta, cruzamos la carretera que va de Roses a Cadaqués y, tras una subida por un cortafuegos, tomamos una pista pedregosa, pero impresionante, que baja durante 6 kilómetros hasta Cala Jóncols y, tras otra subida de desnivel considerable para salvar la siguiente montaña, de nuevo bajamos hasta Cadaqués, ya en el kilómetro 58. Ahí corro, y corro, y corro. Lo digo tres veces, porque lo disfruto. Veo que adelanto a casi todos los que me han pasado antes. Les saludo y me despido de ellos riéndome hasta la próxima zona técnica. Y es que es así, a ese ritmo nos vamos encontrando todo el tiempo.

Llegada a Cadaqués
Voy mirando la situación del sol, ya que empieza a preocuparme la caída de la noche. Llego a Cadaqués hacia las 6 de la tarde, después de 10 horas de carrera. La entrada en Cadaqués es bastante épica, ya que pasamos de repente de estar completamente solos rodeados de naturaleza a correr esquivando coches y personas por estrechas calles llenas de turistas en plena Semana Santa. Muchos nos animan desde las terrazas. Ahí cuesta ver las marcas del recorrido. Nos han avisado de que hay que girar a la izquierda justo después de la estatua de Dalí pero hay tanta gente que yo no veo ni la estatua, así que paso de largo. Pero las personas que están en las terrazas tomando algo me ven y me gritan, indicándome por dónde tengo que ir. Más arriba, en el pabellón deportivo, nos dan arroz. Pero de nuevo no me entra, así que salgo de ahí sin comer. Desde Cadaqués y Port Lligat, tomamos el Camino de Ronda en dirección al faro del Cap de Creus, a 7 kilómetros de distancia. Ya no hay grandes desniveles, pero el camino es de un sube-y-baja constante. El sol se esconde por detrás de las montañas y va oscureciendo rápidamente. Durante toda la prueba hemos estado siguiendo unas marcas de pintura de color verde y rojo, que en esta zona ya no veo tan bien. Y cuando llego al Faro ya es de noche.

La marcas del recorrido
 En el briefing nos insistieron en que la zona del Cap de Creus, sobre todo si se hacía de noche, era la más complicada del recorrido, no por los tramos técnicos sino por la oscuridad, que hizo que en la edición anterior fuera donde más rescates tuvieron que realizar. Nos aconsejan que no salgamos de allí solos sino que esperemos a un grupo. Yo veo a un chico que ha llegado casi al mismo tiempo que yo al faro y le pido si puedo hacer el último tramo con él. Sólo quedan 21 kilómetros, así que creo que estaré dentro de mi previsión de tiempo de llegar alrededor de las 11 de la noche a Llançà. Pero desafortunadamente no va a ser así. Me pongo el frontal y el cortavientos y salimos los dos del faro. Es la primera vez que corro con frontal, también he ido a escoger el momento más fácil para estrenarme...

Cerca del faro del Cap de Creus
Y enseguida aparecen las primeras dificultades: no vemos las marcas. Es completamente de noche, no hay ninguna luz ni referencia en el entorno, y como la luz del frontal es muy direccional, sólo vemos allí donde apuntamos. No hay más remedio que hacer este tramo caminando, lo que nos enlentece una barbaridad. Las marcas son de pintura, y por la noche no las vemos a menos que las apuntemos con el frontal. Nos perdemos tres veces. El silencio es impresionante, no se oye absolutamente nada. El cielo estrellado es verdaderamente maravilloso. Pero nosotros estamos muy concentrados y no podemos disfrutar verdaderamente del entorno. Cada kilómetro se hace eterno, es por culpa de la oscuridad. Pero nosotros vamos hablando y haciendo unas risas con lo que estamos pasando. Hay un control en el kilómetro 76, y estamos esperando encontrarlo. De repente vemos a un chico de la DYA con una ambulancia y le preguntamos cuánto queda: nos dice que algo más de 1 kilómetro. Qué bien, pensamos, ya está. Pero pasa el kilómetro y seguimos sin ver nada. Ahí nos cruzamos con dos corredores y les volvemos a preguntar y nos dicen que falta un kilómetro. Bueno, hacemos ese kilómetro y de nuevo nada. Y por tercera vez nos encontramos con otro corredor que de nuevo nos dice que falta un kilómetro. Ya no podemos más y nos ponemos a reir, no sé si de desesperación. A una de estas pasa bastante rato sin ver una marca y nos paramos pensando en que nos hemos perdido. Y de repente veo en el suelo una pequeña línea blanca que apunta hacia unos cactus. Le digo a Jesús, mi acompañante, que debe de ser por ahí, pero no nos lo podemos creer. Pero sí, pasamos por ahí y encontramos una nueva marca. Muchas más risas. Y por fin después de casi tres horas llegamos a Port de la Selva, desde donde sólo faltarán 8 kilómetros, ya por el Camino de Ronda, hasta la llegada en Llançà.

Mi aspecto después de 87 kilómetros
Muchas anécdotas también en este último tramo. No vemos las marcas, pero él recuerda que hay que subir por unas escaleras y de repente vemos una pequeña luz en unos peldaños que parecen una indicación del recorrido. Pero no, esa pequeña luz se convierte en unos focos que se mueven y nos llevamos un susto de muerte: es un gato (más risas). Y por fin entramos en Llançà y pasamos bajo el arco de meta en 16 horas y media. En la posición 94 de las 180 personas que la han finalizado. Pero lejos, lejísimos de mi previsión. Bastante bien físicamente, pero tremendamente cansada psicológicamente. Hoy la cabeza ha tenido que hacer un gran esfuerzo, mucho más que las piernas, para estar centrada y calmar al cuerpo en todo momento, sobre todo en esta parte final. En la meta me espera mi familia y se dan cuenta enseguida de que no sonreímos. Y es que he llegado, he hecho la distancia y el desnivel más largos de mi vida hasta el momento, pero no tengo una sensación de triunfo. No sé por qué, creo que aún no he procesado todo lo que viví hace tan sólo dos días.

 Además de una de las experiencias que recordaré toda mi vida, me llevo 31 puntos para la Copa Catalana de Marxes de Resistencia. Con estos ya tengo 89 puntos y me faltan 190. Ya os contaré cuál será mi próxima prueba, ya que tengo un ligero dolor de rodilla que tengo que vigilar y de momento no me he inscrito a ninguna más.

Un saludo a todos los que me leéis y hasta pronto.