miércoles, 4 de mayo de 2016

Crónica XIII Marxa de Resistència 7 Cims (1 de mayo de 2016)

Con estas asociaciones curiosas que tienen los números, el domingo participé en la Marxa 7 Cims, con 700 participantes, era mi 7ª prueba de la Copa Catalana, y llegué la 7ª mujer. Como su propio nombre indica, en esta prueba se enlazan 7 cimas de la Cordillera Prelitoral Catalana, distribuidas en sus 59 km de recorrido con 4.700 m de desnivel acumulado.

Salida. Imagen: Cursa Fosca seminocturna del Penedés.
Me habían advertido de que era una prueba muy dura, e incluso la propia organización remarcó en un correo electrónico a todos los participantes que se requería una buena preparación física y psicológica para afrontarla. Así que hago una estimación de tiempo de 10 horas, aunque aviso a mi familia que se lo tomen con calma ya que no tengo ni idea de a qué hora voy a llegar a casa. La salida de la prueba es a las 6:30 de la mañana desde Torrelles de Foix, un bonito municipio de la comarca del Alt Penedés, a una hora de distancia en coche desde Tàrrega, aproximadamente. Cuando llego, estamos a 5ºC, sopla un fuerte viento del norte y hace un frío que pela. Así que salgo con 3 capas: camiseta térmica, camiseta de manga corta y cortavientos, además del tubular y los guantes. Puntualmente, tiran un cohete y salimos.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
En el kilómetro 4 ya encontramos la primera cima, así que empezamos a subir ya desde la salida. Hay muchos participantes, que vamos en fila india. No me gusta mucho esta imagen, sin embargo, una vez iniciado el camino hacia la segunda cumbre, el pelotón se estira mucho y al cabo de unos kilómetros ya me encuentro corriendo bastante sola. El primer avituallamiento está en el km 6 y lo paso de largo sin parar. En los siguientes puntos, sólo tomo un trozo de plátano y de naranja, hasta llegar al avituallamiento fuerte del km 34 donde, hoy sí, llego con hambre y me como el bocadillo de longaniza a la brasa y un gran vaso de Coca-Cola. Siguiendo con mi estrategia habitual, cada dos horas me tomo la pastilla de sales y, de momento, los calambres me están respetando.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
El recorrido es muy variado. Hay caminos donde se puede correr bastante, aunque con mucho cuidado por las piedras, y también hay zonas que hay que superar ayudándose de las manos. En algunos tramos complicados han puesto cuerdas para ayudarnos a subir o a bajar. En una de estas, hacia el km 18, rozo la rodilla con una roca al intentar subirla, y me hago un pequeño corte. Nada, medio centímetro, pero de repente me empieza salir una cantidad de sangre que parece una carnicería. Me empieza a resbalar por toda la pierna y no para de salir, imagino que es porque con tanto esfuerzo el corazón debe bombear a toda pastilla. La verdad es que impresiona mucho, y todos lo que me ven se preocupan por mi estado. Cuando llego al avituallamiento del km 22, los voluntarios, muy atentos (desde aquí les doy las gracias), me hacen sentar con la pierna estirada, me ayudan a limpiar la herida y me dicen que me esté un rato hasta que deje de salir la sangre. Pero les digo que no puede ser, que me va a adelantar mucha gente, ja, ja, ja ... Me pongo una tirita y salgo de nuevo disparada.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Vamos subiendo y bajando y, al final, ya me he descontado del número de cumbres y los kilómetros que llevamos. Pero me encuentro fenomenal, estoy contenta porque he mejorado muchísimo en este tipo de terreno. Después de 7 pruebas, veo que bajo muy bien, aunque en las subidas es otra cosa, claro, ahí aún soy fatal, je, je...

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Hoy va a ser el día de las anécdotas. Resulta que llego al último avituallamiento, a 5 km de la meta, y me encuentro por sorpresa con una chica. No la había visto en toda la prueba, así que supongo que debía ir bastante por delante. Salimos las dos a la vez, pero le acabo cogiendo una ventaja de unos 200 metros. Ya se respira el aire de la meta, sólo quedan 2 kilómetros y, de repente, veo un chico que viene en dirección contraria corriendo a buscarla. Veo que aceleran y me alcanzan. Supongo que lo más natural hubiera sido dejarles hacer y continuar a mi ritmo, pero me sale la vena competitiva (sin la cual este blog no sería el mismo, je, je,...) y yo también acelero. Como en un juego, ellos aceleran más y yo también; ahora vamos a tope. Entramos al pueblo y un chico me dice que quedan 200 metros. Y pienso que las series del viernes me van a servir para algo, pues esprinto a todo lo que me dan mis piernas hasta que entro bajo el arco de meta. La verdad es que me lo he pasado bien, le ha puesto a la prueba un punto final divertido que no esperaba para nada.

Han sido 8 h 33 min, mucho menos que mi previsión, así que estoy muy contenta. Sobre la prueba, todo correctísimo. Bien marcada, buenos avituallamientos, voluntarios de lujo, camiseta y botella de vino del Penedés a la llegada, totalmente recomendable. Y con los 22 puntos de esta Marxa ya tengo 151. Ya he pasado el ecuador de la Copa Catalana y me faltan 128 puntos.

¡Hasta pronto!

viernes, 29 de abril de 2016

Crónica de la XIV Caminada Riudoms-La Mola-Riudoms (24 de abril de 2016)

Después de dos fines de semana de descanso, el domingo participaba en una nueva prueba de la Copa Catalana de Marxes de Resistencia. Se trataba esta vez de 55 km de recorrido con 3.700 m de desnivel acumulado con salida y llegada en la población de Riudoms, aproximadamente a una hora en coche desde Tàrrega.

Plaça de la Esglèsia de Riudoms. Antes de la salida. Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Ya hay mucho ambiente a las 6:30 de la mañana, y es que habrá más de 300 participantes. Me encuentro con mucha gente conocida, que he ido encontrando en las diferentes pruebas de la Copa. Son aquellos que corren a un ritmo similar al mío y solemos encontrarnos muchas veces durante el recorrido. Para mí es una experiencia muy agradable poder charlar un rato con ellos mientras esperamos a que se dé la salida.

Desnivel de la Riudoms-La Mola- Riudoms
Cada prueba es diferente, aunque tenga un número de kilómetros y un desnivel similar. Esta vez los primeros y los últimos 10 km son prácticamente llanos y se pueden realizar corriendo en su totalidad. Y eso significa que el desnivel se hace prácticamente todo de golpe.

Salimos de noche, pero nadie lleva frontal, ya que en muy pocos minutos habrá salido el sol. Además, hay una preciosa luna llena que nos va iluminando el camino. Los primeros 10 kilómetros son por pistas y caminos asfaltados con un desnivel poco destacable. Así que empiezo disfrutando mucho de la Marxa.

Detalle del recorrido. Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Como salgo desde atrás, voy adelantando poco a poco a bastante gente, hasta que encuentro mi sitio entre algunos corredores que ya iré encontrando durante toda la prueba. Hay una chica veterana como yo que tiene toda la pinta de ser una atleta local, no lleva siquiera mochila y va en pantalón corto y camiseta de manga corta a pesar del frío tremendo que está haciendo. Y es que está soplando un viento del norte muy fuerte y prácticamente todos vamos con cortavientos y guantes. Con ella nos encontramos al parar en los avituallamientos y me explica cómo es el recorrido y lo que vamos a encontrar a continuación. Esta camaradería es una de las cosas que me gusta de este tipo de pruebas y que no existe en el asfalto, mucho más competitivo.

Imagen: Dannylow Ramírez
En los avituallamientos encontramos de todo: desde chucherías, incluyendo chocolate, hasta frutos secos, o bollería, además de pátanos, naranjas y bebida isotónica o agua. Pero, como es habitual en mí, sólo como algún gajo de naranja o de plátano y bebo un vaso de isotónica o agua. De todas maneras, hoy casi tengo menos hambre que de costumbre. Creo que es por culpa del viento, tan fuerte y tan frío, que me ha dejado los músculos del estómago medio tiesos y doloridos...

El camino sube y sube hasta alcanzar La Mola, en el kilómetro 30. A veces hay que utilizar las manos para ayudarse a subir y me voy encontrando con unos paisajes realmente espectaculares. Me han avisado de que vamos a crestear por una zona de aerogeneradores que se vislumbra sensacional con el tremendo viento que está haciendo. Y así es. El viento sopla de costado y a veces me parece que si estiro los brazos voy a empezar a volar. El ruido al pasar bajo los aerogeneradores es impresionante. Y uno no puede dejar de pensar en qué pasaría si se suelta una de esas aspas...

Subiendo a La Mola
Por fin alcanzo la cima de La Mola y no bajo volando de milagro, ¡qué viento!
A partir de ahí sé que son unos 5 km de bajada técnica. Lo intento hacer lo mejor posible, pero hoy está bastante difícil. A pesar de todo, un par de corredores me dejan pasar, aunque algún otro me adelanta y yo me intento mantener cerca de él. Eso es porque cuesta concentrarse en bajar y además ver las señales del recorrido, así que es mucho más fácil para mí ir siguiendo a alguien. Estos kilómetros se hacen eternos, pero por fin llegamos a un avituallamiento líquido antes de los dos últimos kilómetros de subida del recorrido hasta el avituallamiento fuerte de la ermita de Mare de Déu de la Roca. Esta ermita es un sitio muy popular y, al ser domingo, hay muchísimos visitantes. Hay escaleras talladas en la roca y por ahí nos cruzamos los participantes de la Marxa con los tranquilos visitantes que deben de pensar que nos vamos a descalabrar con tanta prisa...

Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
En este avituallamiento hay, entre otras cosas, cerveza y bocadillos de longaniza a la brasa. Algunos compañeros se sientan tranquilamente a disfrutar de este momento. Yo no tengo nada de hambre, y la cerveza no me gusta (aunque parezca increíble, je, je...), pero me obligo a comer medio bocadillo y un vaso de Coca-Cola antes de encarar los últimos 15 kilómetros de la prueba. Durante toda la Marxa, me han estado diciendo en los puntos de control que era la tercera chica. Pero a los pocos minutos de llegar a la ermita veo que llegan dos chicas más, la cuarta y la quinta, y salimos de ese punto de control prácticamente las tres a la vez.

Ermita de la Mare de Déu de la Roca. Foto: Xavi Capdevila (FEEC).
A partir de ahí hay unos 5 kilómetros con algo de complicación, aunque poca,  hasta afrontar el último tramo prácticamente llano hasta llegar a meta. Sé que mi baza estará en poder correr durante los últimos 10 kilómetros, ya que es donde soy más fuerte y no tengo prácticamente ninguna duda de que acabaré llegando a meta la tercera. En realidad no tiene ninguna importancia, ya que no habrá ningún premio para nadie, pero es mi manera de marcarme un objetivo y mantener la cabeza ocupada. Y es que después de todas las dificultades que hemos tenido que pasar hasta llegar al kilómetro 45, no resulta fácil correr sin parar durante 10 kilómetros más por anchos caminos polvorientos a la 1 del mediodía bajo un sol de justicia ...

Foto: Xavi Capdevila (FEEC)
Y por fin entro en Riudoms y, tras callejear un poquito, llego a la meta en la plaza de la iglesia, de donde salí 7 horas y 57 minutos antes. Encuentro descansando a algún amigo que ha llegado unos minutos antes y, algunos minutos después, llegan mis otros compañeros de andadura con los que charlamos animadamente de esta prueba y de las que nos esperan por delante.


En resumen, una prueba muy recomendable, muy variada en su recorrido, con una organización excelente, voluntarios de diez, un ambiente espectacular, no se puede pedir nada más. Y con esta sumo 19 puntos más y me sitúo en 129. Faltan 150.

¡Hasta pronto!


domingo, 3 de abril de 2016

Crónica de la 7a "Entre l'Alt Camp i la Conca de Barberà"

Después de la Marxa del Cap de Creus noté unas molestias en las rodillas que quise vigilar durante unos días, así que no me inscribí en ninguna prueba más de la Copa Catalana. Sin hacer nada no podía estar, pero el cuerpo necesitaba recuperarse del esfuerzo de los 87 km con los 6.000 m de desnivel acumulado, así que durante la semana pasada no fuí a correr ningún día, y lo sustituí por ir a nadar tres días.

La siguiente prueba del calendario era la Marxa "Entre l'Alt Camp i la Conca" y tenía lugar sólo una semana después de la del Cap de Creus. Pero como el miércoles ví que me encontraba bastante bien, decidí inscribirme. Me llevé una sorpresa al encontrar cerrado el plazo, pero rápidamente escribí a la organización explicándoles la situación y me respondieron enseguida afirmativamente. Así que ayer sábado cogí mis bártulos de nuevo y me dirigí al Pla de Santa Maria, una población de la provincia de Tarragona a escasos 40 minutos en coche desde Tàrrega.

Montclar. Fotografia de Xavier Capdevila (edición del 2015)
Es una prueba de esas que me gustan, poco masificadas, cuidando hasta el más mínimo detalle y haciéndote sentir como en casa. La salida se daba a las 7 de la mañana, aún de noche, así que debimos utilizar la luz del frontal durante una media hora aproximadamente. El cielo estaba cubierto y durante las primeras horas del día soplaba un viento bastante frío. Pero después, a lo largo del día, tuvimos una temperatura muy agradable. Nos enfrentábamos a unos 56 km con 4.400 m de desnivel acumulado, en un recorrido a caballo entre las comarcas del Alt Camp y la Conca de Barberá. Alcanzando por senderos y caminos pedregosos las cimas del Montclar y el Cogulló para acabar con un último esfuerzo la subida a través del bosque a Miramar, mirador de todo el Camp de Tarragona.

Después de cuatro pruebas, ya he aprendido lo que me voy a encontrar por el camino, y estaba claro que aprender a bajar tenía que ser una de mis prioridades. Así que durante la semana estuve leyendo un poco sobre el tema. Leí que las carreras de montaña se ganan subiendo y se pierden bajando, y que los corredores expertos miran unos 20 metros por delante suyo previendo los pasos que darán. Yo, sin embargo, miro a escasos 50 centímetros de mi zapatilla, ja, ja,... Estaba claro que había que mejorar eso. Así que esta vez, ya en las primeras bajadas, decidí simplemente no pensar y bajar apoyando los talones, dando saltos incluso en bastantes ocasiones. Y Oh my God!, por primera vez no me adelanta prácticamente nadie. Estoy eufórica.

Fotografia de Xavier Capdevila (edición del 2015)
Decido ir a correr, a hacer el mejor tiempo posible dentro de mis posibilidades, así que prácticamente no paro en los avituallamientos. Sólo me tomo algún gajo de naranja y un trozo de plátano. Cada dos horas me tomo una pastilla de sales. Es muy gracioso porque en uno de los avituallamientos vieron la cajita y me dijeron (de broma, claro) si era dóping. La verdad es que llegar a un avituallamiento, no comer nada y tragarse una cápsula puede parecer algo sospechoso, ja, ja,...

En el kilómetro 38 han preparado la comida, con bocadillos de longaniza a la brasa y un montón de cosas más. Me obligo a comer un mini-bocadillo y me tomo una Coca-Cola y al cabo de pocos minutos ya estoy de nuevo en camino. Está siendo una prueba muy entretenida. Llegados unos kilómetros, siempre te vas encontrando con la misma gente. Hay uno que está haciendo la prueba en modo de marcha atlética. Es impresionante. El ritmo es rápido, y siempre el mismo sean subidas o bajadas. En las bajadas le suelo pasar corriendo, pero en las subidas me adelanta él. Le pregunto si es profesional, pero dice que no, que es aficionado. Un fenómeno. También conozco a otros chicos muy simpáticos que hacen la Copa Catalana y con los que voy hablando durante muchos kilómetros. Hay una pareja de señores mayores que los voy encontrando animando en un montón de tramos. Cuando llego a la meta también los encuentro allí. La verdad es que estas cosas le dan alegría a cualquiera.

Saliendo de uno de los controles. Fotografia de Ramon Farré.
A pocos kilómetros para el final ya tengo las piernas muy cargadas y empiezo a preguntar cuántos kilómetros quedan. Y después de tanto subir y bajar, quién iba a pensar que el peor tramo serían los últimos cuatro kilómetros totalmente llanos hasta llegar a la meta, en el pabellón deportivo de El Pla de Santa María y que hago corriendo, aunque suerte que no llevo reloj ni me veo en ningún espejo, porque la pena que debo de dar seguro que es grande. Estoy entrando al pueblo y oigo tocar las tres de la tarde en el reloj de la iglesia. Así que entro en meta casi a 8 horas justas desde la salida. Me dicen que he sido la primera chica, pero es que hoy no han debido de venir las otras, ja, ja,...


En resumen, una prueba que me ha gustado mucho y en la que lo he pasado muy bien. Además, he conseguido 21 puntos más para la Copa Catalana de Marxes de Resistència, así que ya tengo 110 puntos. ¡Esto va subiendo! Pero aún me faltan 169. Poco a poco.

¡Hasta pronto!




lunes, 28 de marzo de 2016

12a Marxa 24 hores del Cap de Creus (26-27 de marzo de 2016)

Este año hemos pasado una Semana Santa diferente. Aprovechando que el Sábado Santo era la Marxa del Cap de Creus, nos hemos ido los cuatro a pasar unos días por esa zona, que no conocíamos. Mirando hoteles aquí y allá, al final decidimos quedarnos en Port de la Selva, a 8 km de la salida de la prueba en Llançà. El viernes por la tarde la organización ha preparado un briefing, o resumen de la Marxa, donde nos dan muchas indicaciones y nos informan de todos los aspectos prácticos. La Casa de Cultura de Llançà está a tope de corredores y acompañantes y ya se empieza a respirar el ambiente del día siguiente. Se trata de una prueba larga y exigente ya que serán 87 km con 6.000 m de desnivel acumulado. El circuito recorre toda la región del Cap de Creus, una zona de una belleza paisajística impresionante. Los organizadores nos avisan de dónde estarán los controles, qué tipo de avituallamientos habrá, el material obligatorio y las precauciones que debemos tomar en distintas partes del recorrido. Para acabar nos ponen un vídeo que hizo un corredor en la edición del año anterior, que es muy emocionante. Nos despedimos todos con un gran aplauso y nos vamos a descansar para guardar fuerzas para el día siguiente.

El Port de la Selva
La salida es a las 8 de la mañana. Como los relojes se van a adelantar por el cambio de hora justo esa misma noche, nos encontramos con una salida casi a pleno sol. Por contra, nos va a anochecer mucho antes que en ediciones anteriores. Creo que hemos tenido mucha suerte, ya que el día es espléndido. Hace sol, la temperatura es perfecta y casi no hace viento. Las condiciones son excepcionales para una zona de fuertes vientos que, de hecho, se pronostican para la caída de la noche. En parte por ese motivo llevo bastante peso en la mochila, entre 1,5 l de agua, el frontal, el teléfono móvil con batería de recambio, el cortavientos y todo un conjunto de ropa de recambio. Además llevo una pequeña cámara y mis pastillas de sales. No llevo nada de comida, ya que confío en los avituallamientos. En total va a haber 14 puntos de control. La organización nos ha avisado de que comamos en los puntos donde haya comida, ya que habrá bastantes puntos de control donde sólo encontraremos agua y poco más.

Torre románica, Llançà
Lanzan un cohete y salimos desde la playa del Port de Llançà. Los primeros 27 km son circulares y recorren la zona norte del Cap de Creus, pasando por el Puig d'Esquer y bajando gradualmente la cresta hasta llegar de nuevo a Llançà. En esta zona hay unas bajadas técnicas bastante difíciles. La organización nos avisa de una en concreto al pie de la cual han situado una ambulancia en previsión de posibles accidentes. En mi breve experiencia en este tipo de pruebas aún no he aprendido a bajar, así que cuando me encuentro con estos tramos lo paso realmente mal. Es donde me adelantan muchísimos corredores, que bajan con sus bastones como cabras por el monte. Yo los miro maravillada. Yo no llevo bastones, ya que ni los tengo ni los sé usar. En la bajada de la ambulancia, voy tan concentrada en mirar dónde pongo los pies que de repente me encuentro un cercado. Han dejado una pequeña abertura para que podamos pasar y no se me ocurre nada más que ayudarme agarrándome a los dos soportes. Al instante me suelta una descarga eléctrica que por un momento me hace pensar que me voy para el otro barrio. Pero sobrevivo y sin saber si reir o llorar sigo para abajo con cuidado de no descalabrarme. Por fin llego a Llançà, donde nos han preparado unos macarrones con tomate y fruta. Intento comer los macarrones pero no puedo, así que me como varios trozos de naranja y de plátano, me bebo una Coca-Cola y salgo del avituallamiento a afrontar la segunda parte del recorrido.

Puig d'Esquer
Me avisan de que esta va a ser la parte más difícil. Desde Llançà subimos continuamente hasta llegar al Monasterio de Sant Pere de Rodes, ya en el kilómetro 37. Es un sitio precioso, y he quedado allí con Jordi y los niños, para que de paso que visitan el monasterio me animen en ese tramo. Les llamo por teléfono avisándoles de la hora aproximada a la que voy a llegar y les pido además que me lleven un paquete de galletas de chocolate... Fotos, abrazos y me despido de ellos hasta la llegada final. Desde ahí hay que subir a las ruinas del castillo de Sant Salvador. Al llegar arriba es obligatorio parar a admirar el paisaje y hacer unas cuantas fotos. Estamos en el punto más alto del recorrido y podemos ver por un lado, el Cap de Creus y, por el otro, la Bahía de Roses. Y seguidamente el peor tramo hasta el momento de toda la carrera: casi dos kilómetros de cresta que me parecen peligrosísimos, porque un mal paso con el pie derecho me lleva a Roses, y con el izquierdo, al Cap de Creus. Ahí tengo que apartarme cuando puedo para dejar adelantar a varios corredores que merecen toda mi admiración.

Sant Pere de Rodes
Cresta
Acabada la cresta, cruzamos la carretera que va de Roses a Cadaqués y, tras una subida por un cortafuegos, tomamos una pista pedregosa, pero impresionante, que baja durante 6 kilómetros hasta Cala Jóncols y, tras otra subida de desnivel considerable para salvar la siguiente montaña, de nuevo bajamos hasta Cadaqués, ya en el kilómetro 58. Ahí corro, y corro, y corro. Lo digo tres veces, porque lo disfruto. Veo que adelanto a casi todos los que me han pasado antes. Les saludo y me despido de ellos riéndome hasta la próxima zona técnica. Y es que es así, a ese ritmo nos vamos encontrando todo el tiempo.

Llegada a Cadaqués
Voy mirando la situación del sol, ya que empieza a preocuparme la caída de la noche. Llego a Cadaqués hacia las 6 de la tarde, después de 10 horas de carrera. La entrada en Cadaqués es bastante épica, ya que pasamos de repente de estar completamente solos rodeados de naturaleza a correr esquivando coches y personas por estrechas calles llenas de turistas en plena Semana Santa. Muchos nos animan desde las terrazas. Ahí cuesta ver las marcas del recorrido. Nos han avisado de que hay que girar a la izquierda justo después de la estatua de Dalí pero hay tanta gente que yo no veo ni la estatua, así que paso de largo. Pero las personas que están en las terrazas tomando algo me ven y me gritan, indicándome por dónde tengo que ir. Más arriba, en el pabellón deportivo, nos dan arroz. Pero de nuevo no me entra, así que salgo de ahí sin comer. Desde Cadaqués y Port Lligat, tomamos el Camino de Ronda en dirección al faro del Cap de Creus, a 7 kilómetros de distancia. Ya no hay grandes desniveles, pero el camino es de un sube-y-baja constante. El sol se esconde por detrás de las montañas y va oscureciendo rápidamente. Durante toda la prueba hemos estado siguiendo unas marcas de pintura de color verde y rojo, que en esta zona ya no veo tan bien. Y cuando llego al Faro ya es de noche.

La marcas del recorrido
 En el briefing nos insistieron en que la zona del Cap de Creus, sobre todo si se hacía de noche, era la más complicada del recorrido, no por los tramos técnicos sino por la oscuridad, que hizo que en la edición anterior fuera donde más rescates tuvieron que realizar. Nos aconsejan que no salgamos de allí solos sino que esperemos a un grupo. Yo veo a un chico que ha llegado casi al mismo tiempo que yo al faro y le pido si puedo hacer el último tramo con él. Sólo quedan 21 kilómetros, así que creo que estaré dentro de mi previsión de tiempo de llegar alrededor de las 11 de la noche a Llançà. Pero desafortunadamente no va a ser así. Me pongo el frontal y el cortavientos y salimos los dos del faro. Es la primera vez que corro con frontal, también he ido a escoger el momento más fácil para estrenarme...

Cerca del faro del Cap de Creus
Y enseguida aparecen las primeras dificultades: no vemos las marcas. Es completamente de noche, no hay ninguna luz ni referencia en el entorno, y como la luz del frontal es muy direccional, sólo vemos allí donde apuntamos. No hay más remedio que hacer este tramo caminando, lo que nos enlentece una barbaridad. Las marcas son de pintura, y por la noche no las vemos a menos que las apuntemos con el frontal. Nos perdemos tres veces. El silencio es impresionante, no se oye absolutamente nada. El cielo estrellado es verdaderamente maravilloso. Pero nosotros estamos muy concentrados y no podemos disfrutar verdaderamente del entorno. Cada kilómetro se hace eterno, es por culpa de la oscuridad. Pero nosotros vamos hablando y haciendo unas risas con lo que estamos pasando. Hay un control en el kilómetro 76, y estamos esperando encontrarlo. De repente vemos a un chico de la DYA con una ambulancia y le preguntamos cuánto queda: nos dice que algo más de 1 kilómetro. Qué bien, pensamos, ya está. Pero pasa el kilómetro y seguimos sin ver nada. Ahí nos cruzamos con dos corredores y les volvemos a preguntar y nos dicen que falta un kilómetro. Bueno, hacemos ese kilómetro y de nuevo nada. Y por tercera vez nos encontramos con otro corredor que de nuevo nos dice que falta un kilómetro. Ya no podemos más y nos ponemos a reir, no sé si de desesperación. A una de estas pasa bastante rato sin ver una marca y nos paramos pensando en que nos hemos perdido. Y de repente veo en el suelo una pequeña línea blanca que apunta hacia unos cactus. Le digo a Jesús, mi acompañante, que debe de ser por ahí, pero no nos lo podemos creer. Pero sí, pasamos por ahí y encontramos una nueva marca. Muchas más risas. Y por fin después de casi tres horas llegamos a Port de la Selva, desde donde sólo faltarán 8 kilómetros, ya por el Camino de Ronda, hasta la llegada en Llançà.

Mi aspecto después de 87 kilómetros
Muchas anécdotas también en este último tramo. No vemos las marcas, pero él recuerda que hay que subir por unas escaleras y de repente vemos una pequeña luz en unos peldaños que parecen una indicación del recorrido. Pero no, esa pequeña luz se convierte en unos focos que se mueven y nos llevamos un susto de muerte: es un gato (más risas). Y por fin entramos en Llançà y pasamos bajo el arco de meta en 16 horas y media. En la posición 94 de las 180 personas que la han finalizado. Pero lejos, lejísimos de mi previsión. Bastante bien físicamente, pero tremendamente cansada psicológicamente. Hoy la cabeza ha tenido que hacer un gran esfuerzo, mucho más que las piernas, para estar centrada y calmar al cuerpo en todo momento, sobre todo en esta parte final. En la meta me espera mi familia y se dan cuenta enseguida de que no sonreímos. Y es que he llegado, he hecho la distancia y el desnivel más largos de mi vida hasta el momento, pero no tengo una sensación de triunfo. No sé por qué, creo que aún no he procesado todo lo que viví hace tan sólo dos días.

 Además de una de las experiencias que recordaré toda mi vida, me llevo 31 puntos para la Copa Catalana de Marxes de Resistencia. Con estos ya tengo 89 puntos y me faltan 190. Ya os contaré cuál será mi próxima prueba, ya que tengo un ligero dolor de rodilla que tengo que vigilar y de momento no me he inscrito a ninguna más.

Un saludo a todos los que me leéis y hasta pronto.


sábado, 19 de marzo de 2016

VI Almogàver Muntanyes de Prades (19 de marzo de 2016)

Como os conté en una entrada anterior, la VI Almogàver Muntanyes de Prades que se tenía que celebrar el 19 de febrero, fue retrasada debido a causas meteorológicas. Para mí no representaba un problema, ya que el nuevo día asignado lo tenía libre, pero parece ser que no era el caso de otros participantes, que realizaron una queja formal a la Federación, reclamando la asignación de los puntos de la Copa Catalana a todos los inscritos, como consta en el reglamento en caso de que la prueba sea anulada. Finalmente, ayer por la tarde recibí un mensaje de la Federación en el que se nos informaba de este hecho. Así, ya disponía de todos los puntos sin necesidad de ir hoy a participar en la Marxa.

Edición del 2015. Foto: FEEC.
La verdad es que no lo pensé ni un minuto para decidir que iría a correr igualmente, ya que mi participación en la Copa tiene diferentes motivaciones: por un lado, los puntos y, por otro, disfrutar de los recorridos en parajes tan diversos. Así que de nuevo me fuí a dormir pronto para levantarme esta mañana a las 4:30 h y dirigirme hacia Prades. Cuando paso el Coll de Bell-Tall, no puedo dejar de recordar la nieve que encontré hace tres semanas y que tan mal rato me hizo pasar. Y hoy, casi para confirmar que esta prueba está en verdad gafada, he encontrado lluvia y niebla. Una lluvia y una niebla que me han acompañado hasta Prades y que no iban a desaparecer en todo el día.

La prueba tiene 60 km de recorrido por las montañas de la zona, con 5.400 m de desnivel acumulado. Después de las bofetadas (¡zasca! y más ¡zasca!, ja, ja,...)  que me dieron en Cardona por ingenua hace dos semanas, esta vez analizo bien el perfil, que no tiene desperdicio:


Y ya desde la salida regulo al máximo, vigilando el estado de mis cuádriceps, ya que no estaba dispuesta a pasarme otra semana más con agujetas. Todo podría ser perfecto, ya que me encuentro bien y el entorno es realmente precioso, recorriendo senderos en bosques tan espesos que no ves a la persona que llevas por delante aunque sólo se separe de tí 10 metros. Pero la meteorología se ha puesto de nuevo en nuestra contra; no para de llover y hay niebla. El peligro de esta prueba es hoy de nivel: "Dios". La roca caliza de la zona está tan resbaladiza que hay que tener muchísimo cuidado al pisarla. Los senderos están llenos de barro y es muy fácil resbalar. 

Pero mi cabeza está muy centrada. Ya he dejado que me adelanten en las primeras bajadas todos los que me tenían que pasar, y ahora voy a pocos metros de un veterano que tiene pinta de saber muy bien de qué van estas lides. Viendo las clasificaciones del año anterior, espero hacer la prueba en unas 11 horas y llego al avituallamiento del kilómetro 15 por debajo de esa estimación. Pero ahí la lluvia arrecia, y llegan unos compañeros que comentan que la prueba se debería anular, ya que el peligro es muy grande. Que tenemos por delante todo el día para correr bajo la lluvia, siendo muy fácil lesionarse o simplemente coger una pulmonía, ya que no tenemos ropa de recambio. Me insisten en que no vale la pena seguir, ya que seguramente tendré que abandonar más adelante, y ahora estamos aún cerca de Prades. Estoy cinco minutos valorando la situación, cuatro corredores abandonan ahí mismo. No he abandonado nunca una carrera y pensaba que si lo hacía sería porque no podría seguir corriendo. Pero no, entiendo que hay otras razones para decidir dejarlo si, como hoy, el riesgo para la salud es grande. Así que abandono. Una voluntaria del avituallamiento nos lleva de vuelta en coche a Prades. Llego temblando de pies a cabeza, al haber parado de hacer esfuerzo y estar completamente mojada. Me cambio de ropa, pongo la calefacción del coche a tope y vuelvo a Tàrrega.

Tengo mis 24 puntos. Podría decir que no los he ganado, al no completar la prueba, pero si cuento el sufrimiento debido a la nieve de hace tres semanas y lo que he pasado hoy por la lluvia y la niebla, a lo mejor debería recibir más puntos, ja, ja,...

Así que con estos 24 de hoy ya tengo 58.

Faltan 221...

¡Hasta pronto!

lunes, 14 de marzo de 2016

XVII Marxa dels Castells de la Segarra (13 de marzo de 2016)

Tenía lugar ayer la Marxa dels Castells, segunda prueba puntuable para la 19ª Copa Catalana de Marxes de Resistència. Era mi tercera participación en esta prueba, aunque sería una experiencia diferente, ya que esta vez la salida se daba en la ciudad de Cervera (en vez de Guissona como en las dos ocasiones anteriores) y el recorrido era en sentido contrario. La semana anterior no pude cumplir con todo lo que tenía programado, ya que no siempre los planes salen bien. Esta vez no contaba con las terribles agujetas que me quedaron después de la Marxa del Setge de Cardona. De hecho, no me había pasado nunca que las agujetas duraran una semana, es posible que porque nunca me haya esforzado tanto como hace 7 días.

Salida y llegada. Plaça de la Universitat de Cervera
Es una Marxa multitudinaria, más de 2.300 personas van a tomar la salida, cada uno con su propia estrategia para afrontar los 54 km y 1.200 m de desnivel acumulado que tenemos por delante. Yo tengo las piernas muy cargadas y me duelen los cuádriceps ya desde antes de salir, así que me tocará tener la cabeza bien centrada. Me va a ayudar el hecho de que hoy me va a acompañar Jordi. Es un lujo correr acompañado y poder evadirse de la carrera en ciertos momentos, ya que me marca el paso y sólo tengo que seguirle. Sé, además, que si me pasa algo le tengo a él para socorrerme, ja, ja...

Gran ambiente a las 6:30 de la mañana en Cervera.
Salimos. El recorrido discurre en gran parte por caminos, en su mayoría en buen estado, con desniveles de poca importancia. Además, ofrece la oportunidad de ver los castillos de la comarca de Segarra, lo que hace que esta Marxa sea tranquila y tenga un atractivo especial. A mi personalmente me transmite calma y serenidad. Es posible hacerla corriendo prácticamente en su totalidad, cosa que yo aprecio especialmente porque me gusta correr, aunque este año ya voy a tener bastante con salvar los muebles después del esfuerzo de la semana pasada.

Calma en el entorno.
Los kilómetros pasan bastante rápido. Hay muchos avituallamientos muy completos, aunque yo no como casi nada, sólo algún gajo de naranja y un trocito de plátano. En cada uno de ellos voy dejando a Jordi que se pone las botas con chocolate caliente, pastas dulces, fruta, frutos secos... y después se pega una carrerita para alcanzarme. Hace mucho frío, y no empiezo a coger el ritmo hasta pasados los primeros 10 kilómetros, aproximadamente. A medida que van avanzando los kilómetros, los grupos de corredores se van estirando y a partir de la mitad de la prueba ya son siempre los mismos que o bien nos adelantan o les adelantamos nosotros. Llegamos a Guissona en el km 37, donde han preparado una buena comida en el pabellón deportivo, con caldo, bocadillo de longaniza, fruta, y hasta café y turrones. A falta de dos kilómetros para entrar en la ciudad le digo a Jordi que se avance y que aproveche para ir comiendo, ya que yo sólo paro lo mínimo para tomarme un vaso de caldo y ponernos de nuevo en ruta.

Saliendo de uno de los avituallamientos
Los últimos kilómetros son en subida, más o menos continuada, hasta Cervera. Voy a un ritmo muy tranquilo, aguantando muy bien durante toda la prueba. No voy a hacer los estupendos tiempos de los dos años anteriores, pero entonces me había preparado específicamente para ella y este año estoy jugando en otra liga. Llegamos a Cervera y toca atravesarla hasta llegar de nuevo a la Universidad. Hay mucha gente animando a la llegada, supongo que esperan a sus conocidos. Y por fin nos fichan la tarjeta en un tiempo de 5 h 57 min. Estoy muy contenta. El tiempo es bueno y no tengo ninguna secuela más que lo que ya traía de la semana pasada. Y me ha ayudado a recuperar la confianza que había quedado algo maltrecha, je, je...


Y con los 14 puntos de ayer, ya tengo 34.

Faltan 245.

¡Os cuento!



lunes, 7 de marzo de 2016

III Marxa del Setge de Cardona (6 de marzo de 2016)

Con el aplazamiento la semana pasada de la Marxa Almogàvers Muntanyes de Prades por causas meteorológicas, la III Marxa del Setge de Cardona daba el inicio de la 19ª Copa Catalana de Marxes de Resistència. Con esta prueba, el Centro Excursionista de Cardona rememora la liberación del sitio (setge) de la ciudad de Cardona en 1711, durante la Guerra de Sucesión Española, hecho que impidió el paso de las tropas borbónicas hacia la ciudad de Barcelona y que alargó la guerra tres años más, hasta la capitulación de 1714. Así, la Marxa discurre a lo largo de 54 km en un recorrido circular alredededor del castillo, con 4.050 m de desnivel acumulado por las montañas que rodean la ciudad y que ofrece unas vistas espectaculares de la zona, así como de las montañas nevadas del Pirineo.

No tengo experiencia en este tipo de pruebas, ya que lo que hago básicamente es correr, y casi siempre por asfalto. Así que cuando ví el perfil no fuí consciente de lo que en realidad significaba:

Perfil de la Marxa del Setge 2016.

Sólo había hecho la Marxa dels Castells de la Segarra, de 54 km con 1.200 m de desnivel acumulado, prácticamente toda corriendo, en 5 h 30 min. Así que pensé que esta otra la podría hacer en una hora más, debido al desnivel. ¡Ja, ja, ja, ja,...! No se puede ser más ingenua. Más de 8 horas y media arrastrándome prácticamente por senderos de montaña, muchas veces inexistentes, ayudándome de las manos para superar grandes rocas, caminando en las subidas y casi-andando en las bajadas por laderas con gran desnivel. Muerta de miedo, agarrándome a toda rama o arbusto que encontraba por el camino, y era justo ahí donde había que correr para ganar tiempo, ja, ja, ja,... Los kilómetros no avanzaban. Recuerdo llegar a un avituallamiento y preguntar qué kilómetro era. Me dicen que el 37 y casi me muero, yo que pensaba que ya iba por el cuarenta y pico...

Pont de Buidasacs sobre el río Cardener (S. XVII). Foto: organización

Qué contaros, que la organización excelente. Llegamos al castillo de Cardona y ya te ofrecen coca con chocolate (aunque yo, pensando en correr, no tomo). Después, cinco puntos de control con bocadillo de longaniza incluído en el km 29. En ese momento estoy muerta de hambre, y me como la mitad del bocadillo. Por primera vez, estreno mis pastillas de sales; me tomo tres en toda la prueba y el resultado es excelente, sin ningún amago de calambre. El día es frío, y hace viento. Me pongo el cortavientos y los guantes y no me los quito hasta casi el final de la prueba. Muchos voluntarios animando por el camino, con cencerros para recibirnos en lo alto de alguna montaña y con cañonazos disparados por los "Miquelets", en una recreación histórica de la época.

Castell de Cardona. Fuente: http://www.cardona1714.cat

No puedo describir el recorrido con gran detalle. Para mí era siempre parecido, subir y bajar. A veces por zonas pobladas de arbustos y otras en medio de bosques. Atravesando el río y casi siempre viendo el castillo allá a lo lejos. Haciendo acopio de unas fuerzas que pensaba que no tenía. Sin cuádriceps al final, totalmente muertos. Y qué curioso, con una sensación de estar en casa cuando piso el asfalto a la llegada a Cardona y por fin puedo correr libremente.

Llegando a Cardona. Montaña de sal.

Pensando durante toda la prueba en que me sobraban 20 años. Hundida psicológicamente, para qué nos vamos a engañar. Miquel, mi mejor amigo, me preguntó cómo me había ido. Le conté mis percepciones y me dijo que no era cierto, que lo que me faltaba era la adaptación al medio, que ya llegará (eso es un amigo). Y es posible que tenga razón, a la fuerza ahorcan ja, ja, ja ...


Pero de momento ya tengo mis primeros 20 puntos.

Faltan 259...


¡Hasta pronto!