domingo, 17 de enero de 2016

Crónica de la Marató de la Costa Daurada - Tarragona (17 de enero de 2016)

Ya son 6 las ediciones de este maratón. Y yo he participado en todas excepto en la primera. Con esta, hoy he completado mi maratón número 15. El número en sí no es importante, pero es una indicación de las veces que he vivido la experiencia del maratón y de todo lo que he podido aprender durante ese trayecto. Y hoy he aprendido una nueva lección y es que una carrera hay que correrla concentrado, aunque en una tan larga cueste hacerlo a veces.

No iba muy motivada a la carrera, cosa extraña, ya que un maratón requiere muchas semanas de entrenamiento y normalmente lo que más sueles desear es que llegue de una vez el día de la competición. Pero ahí ando yo entrenando distancias muy largas, disfrutando mucho del propio entrenamiento. Y competir en un maratón ya sabemos lo que es: ir a sufrir. Lo largo que sea el sufrimiento va a depender de tu nivel de forma, pero más tarde o más temprano vas a acabar sufriendo.

Algunos compañeros del club hoy en la MCD
Salimos temprano de Tàrrega. Esta noche ha helado y hace un frío que pela. En menos de una hora ya estamos en Tarragona. Como hace frío, no nos quitamos la ropa de abrigo hasta media hora antes de la salida. Todos hemos debido pensar lo mismo, porque la cola en el guardarropía es impresionante. Van pasando los minutos y avanza muy poco. A falta de 15 minutos para la salida conseguimos dejar la bolsa, pero la cola que sigue habiendo es muy grande. No recuerdo que nunca me haya pasado esto en este maratón. Sin embargo, aún podemos calentar durante unos minutos. Poco antes de las 9 de la mañana nos dirigimos a nuestros cajones. Jordi está en el primero, aspirando de nuevo a sub-3h. Yo estoy en el segundo, sin perder la esperanza de intentar bajar de 3:30.

Perfil del nuevo circuito de la MCD.
Salimos. Esta vez el circuito es una sorpresa, ya que lo han cambiado bastante. Dicen que es más plano, aunque no sé yo si eso es muy aplicable a este maratón. Los primeros 10 km discurren por el espigón del puerto de Tarragona. Hay bastante gente y consigo hacer el primer kilómetro a 5:17 min/km. Toca apretar. Las liebres han salido todas de la primera línea y la que tengo por delante es la de 3:45. Creo que ha puesto el turbo, porque va a 5 min/km y me toca bajar a 4:50 min/km para poderla adelantar. A partir de ahí me relajo viendo de lejos la banderola de la liebre de 3:30. Prefiero reservar ahora y, si puedo alcanzarla, lo haré bastante más adelante. Me siento algo pesada, pero voy bien, siempre muy cerca del ritmo de 5 min/km. Paso el km 10 en 50 minutos. A partir de ahí entramos en la ciudad de Tarragona. Está bien porque es un entorno urbano y hay mucha gente animando, pero la ciudad tiene unas cuestas considerables. De hecho, el año pasado eliminaron esta parte del recorrido, cosa que me alegró bastante, y este año la han vuelto a incluir. Y ya sabéis que yo soy un tester muy preciso de circuitos planos, porque a la mínima cuesta bajo el ritmo una barbaridad.

Parte de la avería.
No estoy concentrada. No quiero que la carrera se haga larga y voy mirando el paisaje y a los corredores que nos cruzamos en los tramos de ida y vuelta, que son bastantes. Conozco a bastante gente de diferentes clubes y les voy saludando. En el km 18, se cruza conmigo una amiga de un club vecino y me giro para saludarla. Con tan mala pata que tropiezo y me caigo de bruces, arrastrándome sobre el asfalto. Caigo sobre el lado izquierdo, me rasgo el pantalón en la rodilla y me la hiero. También me hiero el codo y me doy un golpe importante en el hombro. De la tensión de la caída, noto que se me quieren subir los gemelos. Un corredor me ayuda, es muy atento conmigo, me dice que no fuerce, que hay más carreras que longanizas. Vuelvo a correr y veo que puedo hacerlo pero que ya no va a ser lo mismo. Con lo bien que iba. Paso el medio maratón en 1 h 47 min.

Desde el km 10 hasta el km 34 más o menos, todo son toboganes, subir y bajar. Después, volvemos al espigón del puerto que, a estas alturas, se hace muy duro, aunque sea llano. Los calambres me siguen acechando desde la caída, pero consigo mantenerlos a raya. Hace mucho que ya no pienso en el tiempo que voy a hacer, ni siquiera miro el reloj. Espero que no sea demasiado desastroso.

Paso por meta en el km 25. Foto: J.R. Sanahuja.
Finalmente llego a la recta de meta. Hay muchísima gente animando y eso ayuda a incrementar el ritmo a la llegada. Entro en 3 h 41 min. No está mal dadas las circunstancias pero es mi peor marca en esta carrera (el año pasado hice 3:34). Justo en la meta, un par de voluntarias de la Cruz Roja ven mi "avería" y me dicen que les acompañe a la carpa para curarme. Es una buena idea.

Jordi me estaba esperando bajo el arco de meta. Había entrenado como un cosaco y, con 2 h 52 min, ha hecho marca personal y ha sido el primero de su categoría. Está muy contento, aunque dice que ya lo deja, que hoy ha corrido su último maratón. Está muy cansado. Y no es para menos, porque esas marcas requieren entrenar muy duro y dedicarle muchas horas. Yo lo veo diferente, el entrenamiento es para mí en sí mismo un motivo de disfrute. También por esa razón creo que voy a tardar a participar en otro maratón, ya que disfrutar entrenando no es sinónimo de conseguir una buena marca, más bien lo contrario. Y ahora mismo escojo disfrutar.

Podio de Jordi hoy en la MCD.
Ya tengo mis próximos objetivos escogidos. Son muchos, y todos de distancias muy largas. Ya os lo explicaré con más detalle.

¡Hasta pronto!

viernes, 1 de enero de 2016

Sant Silvestre Targarina (31 de diciembre de 2015)

Ayer se celebraba la 4ª edición de la Sant Silvestre Targarina, una carrera que por vez primera podía disfrutar fuera de la organización. Hay dos distancias: una carrera de 5 km y un recorrido neutralizado de 1,7 km. La carrera de 5 kilómetros es a dos vueltas, por un terreno de tierra que incluye un tramo de bastante desnivel. Se disputaba en el Parc de Sant Eloi, al lado de mi casa y que conozco de memoria al ser mi espacio habitual de entrenamiento. Con las piernas aún tocadas después de sólo tres días de descanso tras los 47,5 km del domingo, me debería haber limitado a ponerme el gorro de Papá Noel y acabar el año trotando alegremente, pero no puedo evitar que me salga la vena competitiva por el simple hecho de ponerme un dorsal, así que decidí disputarla al máximo.

Salida Sant Silvestre Targarina. Foto: Ainhoa Seguí.
Detalle del recorrido. Foto: Ainhoa Seguí.
A las 16:30 h se daba la salida de la prueba, que congregaba unos 200 participantes. Salgo rápido, pero enseguida me doy cuenta de que algo no marcha bien. Me noto muy pesada, como si tuviera una pared delante que me fuera frenando y que tuviera que empujar para avanzar. Una sensación muy rara. Sin embargo, yo intento correr todo lo que puedo. La sensación de esfuerzo es grande, pero la velocidad no es la que debería. Acabo la primera vuelta e inicio la segunda. Voy muy lenta y muchos corredores que he adelantado al principio me alcanzan y me vuelven a pasar. Es rarísimo, no estoy cansada, sólo que no puedo acelerar. En todas mis salidas, sean de la distancia que sean, acostumbro a hacer un esprint de unos 250 metros antes de acabar el entrenamiento. Es para acostumbrar al cuerpo a sacar energía extra en el tramo final de una carrera. Ayer, a falta de esa distancia, fuerzo mi cuerpo al máximo e inicio un esprint. Me cuesta horrores, pero me motiva el poder adelantar a dos chicas que tengo por delante. Lo consigo, y entro en meta casi sin respiración. Me siento en un columpio a recuperar pulsaciones. No puedo ni hablar. Por suerte, al cabo de unos minutos ya estoy bien físicamente, aunque disgustadísima a nivel emocional. He entrado en más de 23 minutos y medio, muy lejos del tiempo que esperaba conseguir. No me preocupa el resultado en sí, sino en lo que puede significar de cara a mi preparación para el maratón de dentro de 15 días.

Mi hijo Aleix corría con su padre, acabando los dos en algo más de 21 minutos. Un gran resultado, espero que se anime a continuar con este deporte. Ainhoa estaba constipada y sólo hizo el recorrido de 1,7 km y una carrera de relevos, disfrutando junto a sus compañeros de la escuela de atletismo. Es fantástico que podamos compartir los cuatro la misma afición.

Llegada a meta. Foto: Ainhoa Seguí.
Esta mañana, más tranquila, he ido a correr 12 kilómetros. Las sensaciones como siempre, sin ninguna secuela. Reflexionando, creo que he cometido el error de no cumplir con los plazos de recuperación que requieren los esfuerzos grandes. Y el domingo pasado llevé a mi cuerpo bastante al límite, con lo que no era prudente someterle al esfuerzo agónico de una competición de 5 km al cabo de tan pocos días. En fin, ya queda poco para comprobarlo.

En otro orden de cosas, os cuento que ya ha llegado mi traje de neopreno. Llegó ayer por la mañana, y al cabo de media hora ya estaba en la piscina para poder probarlo. Había pocos usuarios, pero me miraron todos, seguro que algunos valorando cuál sería su próxima compra... Pruebo el agua, que está fría como siempre. Entro de un tirón y no noto nada de frío. Es una gozada. Empiezo a nadar y la primera sorpresa es que floto muchísimo. Tengo la sensación de que las piernas se me salen por encima del agua. El cambio de postura con respecto a no llevar el traje es muy grande. El agua entra dentro del traje, pero se mantiene calentita por el calor corporal, así que estoy muy a gusto. No tengo frío ni tampoco calor. Pero noto que me canso. No puedo nadar seguido, tengo que reposar unos instantes cada 10 piscinas. Cuando salgo del agua, veo que el traje pesa una barbaridad, de todo el agua que ha cogido. Me doy cuenta de que este traje de surf no es ideal para nadar. Me mantiene calentita, pero se convierte en un gran lastre. Como no se trata de competir con él sino de entrenar, la parte buena es que me va a ayudar a potenciar la fuerza. Ya lo iremos viendo.

Un saludo a todos y hasta pronto.


domingo, 27 de diciembre de 2015

En la cúspide del entrenamiento

El otro día, mientras zapeaba con pocas esperanzas de encontrar algo interesante en la televisión, dí con una entrevista al Dr. Joaquín Barraquer, eminente oftalmólogo catalán. A sus 88 años, continúa operando en su clínica barcelonesa y era una delicia escucharle. A cada pregunta, él contestaba desviándose del tema por completo, llegando a una respuesta al final de la historia. En una de esas, tocó un tema que poco tenía que ver con la oftalmología, pero que me interesó en sobremanera. Y es que contó que nadaba todos los días por la mañana en una piscina que tiene en el tejado de la clínica, explicando que tiene un sistema de control de la temperatura en invierno y en verano y, mirando a cámara y casi apuntando acusadoramente con el dedo, dijo que 25 o 26º C era una temperatura demasiado fría para una piscina climatizada. Me emocioné y creo que le llegué a contestar en voz alta: "¡exacto!".

Está de camino
Y es que desde hace unas cuatro semanas ha bajado un par de grados la temperatura del agua de la piscina a la que voy. Fue por sorpresa, y el primer día casi me da un patatús cuando fuí a nadar. Las quejas de los usuarios no se han hecho esperar y, aunque la  gestión de la piscina es privada, la respuesta ha sido que vayamos a quejarnos al Ayuntamiento, que parece ser que ha recortado el importe de la subvención. Tan contenta que estaba de mis avances en natación, y he reducido la cantidad de días que voy a nadar. Ahora sólo voy dos veces a la semana, y eso haciendo un esfuerzo sobrehumano. Me tiro cinco minutos de reloj sentada al borde de la piscina y metiendo primero los dedos, después el pie, y voy bajando poco a poco hasta que me decido. Normalmente suelo nadar durante 1 hora y lo que me pasa es que, a medida que pasan los minutos, me voy quedando cada vez más fría. Es una tortura. No le veo solución a corto plazo, seguramente hasta que llegue el verano y el agua se caliente de forma natural, así que he decidido comprarme un traje de neopreno corto, de esos que se usan para hacer surf. No sé si voy a hacer el ridículo, pero la verdad es que me da absolutamente igual.

Tirada larga: Granyena de Segarra
La cara alegre es que que sigo con mi rutina de running, tal y como marca el plan de entrenamiento que estoy siguiendo. Hoy, a falta de tres semanas  para el maratón de la Costa Daurada-Tarragona, he llegado a la cúspide del kilometraje, con una salida larga (larguísima) de 47,5 km. A las 8 de la mañana, a 0ºC, tras un desayuno de dos tostadas y un té, me he puesto en "modo trail" y, con la emoción de la aventura, he salido de casa a recorrer sola los caminos de la comarca. Junto con el agua de mi mochila de hidratación, me he llevado una barrita, que he tomado en dos veces (km 15 y km 25) y un gel, que también he tomado en dos veces (km 30 y km 40). Las sensaciones muy buenas durante los primeros 30 y pico kilómetros y a partir de ahí a sufrir el inevitable "dolor de patas". Ha sido una sesión de entrenamiento muy dura, pero la he completado con éxito. A partir de ahora, el perfil del plan es en bajada y la reducción de kilómetros considerable. Entro en el difícil período de tapering, en el que hay que reducir el kilometraje para favorecer la recuperación muscular y llegar descansados al día de la competición. En las salidas que haga a partir de ahora, aunque más cortas, intentaré continuar con los intervalos a alta intensidad.

De cara al año que viene, creo que ya estoy preparada para cruzar una línea, quizá la última. De momento, os avanzo que me saco la licencia de la Federación de Entidades Excursionistas de Catalunya.

¡Ya os contaré!




domingo, 29 de noviembre de 2015

Día de cross

Las pruebas atléticas se van sucediendo sin interrupción. Cada fin de semana hay decenas de lugares donde competir y diferentes distancias que escoger. Pero yo hace semanas que no participo en ninguna carrera. De cara al aún lejano maratón de Tarragona del mes de enero, simplemente voy entrenando a mi ritmo y disfruto cumpliendo con los objetivos del plan.

He cambiado mi forma de entrenar. Llegó a mis manos un plan de entrenamiento del bastante polémico Jeff Galloway, inspirador del método "run walk run" y decidí seguirlo, aunque interpretándolo a mi manera. El plan incluye salidas muy largas, de 37, 42 y hasta 47 km, que yo hago siempre corriendo. Es posible que el método de alternar caminar y correr tenga sus ventajas, pero el ritmo al que tendría que correr para recuperar ese tiempo perdido sería demasiado alto, creo yo, para aguantar durante un maratón. En definitiva, que no me atrevo a probarlo. El plan de entrenamiento es el siguiente, es largo, pero he marcado las semanas que yo estoy siguiendo. También he convertido las millas a valores de kilómetros.
Plan de entrenamiento de Jeff Galloway
Como "cross-training" (XT) estoy haciendo natación 3 días a la semana y dos días de pesas en el gimnasio.

Dos semanas seguidas sin ver el sol en Tàrrega.
No he abandonado la idea de participar en un triatlón de larga distancia pero, mientras no mejore en natación, esto no va a ser posible. Por eso me he marcado el objetivo de un año para mejorar en esta disciplina. La verdad es que era bastante escéptica en este aspecto y casi lo dejo por imposible, pero durante las últimas semanas he notado un pequeño avance. Suelo hacer entre 60 y 80 piscinas cada día que voy (1500-2000 m) y ahora ya soy capaz de nadar los 1500 m en unos 42 minutos. Sigue siendo un tiempo horroroso, pero si lo comparamos con los 26 minutos que hice para los 750 m del triatlón de Tarrragona en agosto, yo creo que es como una pequeña luz (pequeñita, pero luz) al final del túnel. En lo que respecta a la bici, la tengo bastante abandonada. Hemos tenido muchos días de niebla y frío, y la verdad es que no me ha apetecido nada cogerla.

Este fin de semana se disputaba el 23º Cross Intercomarcal de Tàrrega. Tanto mis hijos como yo ya hemos participado en alguna ocasión. La verdad es que el ambiente de este tipo de pruebas vale mucho la pena. Está a rebosar de chicos y chicas de todas las edades que ven esta experiencia como un reto. No importa si llegan los primeros o los últimos, todos esprintan al llegar a meta dándolo todo. Y yo siempre me emociono al verlos.

Esta vez nos hemos apuntado los tres. Jordi no ha podido ir porque tenía trabajo. Yo salía la primera, a las 10:30 de la mañana, en categoría veterana sobre una distancia de 4 km. Después Aleix, a las 11:15, en categoría cadete sobre 2500 m. Y finalmente Ainhoa, a las 12:20, en categoría alevina sobre 1300 m. 

Aleix, todo de negro, en los 2500 m.
Tanto entrenar pero sin competir, no tenía ni idea de cómo me iba a encontrar en una prueba de corta distancia y sobre ese tipo de terreno, campo a través. He calentado durante 2 km, reconociendo el circuito, y después a correr a toda pastilla. Sin reloj, ya vería el tiempo a la llegada a meta. El día ha salido ideal para correr, con bastante frío, pero con sol. He corrido todo lo que he podido, siempre pensando en no reservar porque 4 kilómetros pasan enseguida. La verdad es que así ha sido. En menos que canta un gallo ya me he visto esprintando en la recta de meta, logrando entrar en 16 minutos y medio, a una media de 4:07 min/km. Me he quedado anonadada.

Ainhoa, con camiseta verde, en los 1300 m.
Enseguida ha salido Aleix, y he ido a animarle a diferentes puntos del circuito. Ha llegado en décima posición, muy contento de cómo le había ido la carrera. Y al final le ha tocado el turno a Ainhoa. También ha hecho una gran carrera y ha llegado a meta casi sin respiración. Los tres contentísimos de la gran mañana deportiva que habíamos compartido.

Y ahora, hasta la próxima.

¡Hasta pronto!



domingo, 4 de octubre de 2015

Crónica de la 4a Marxa de la Vall del Corb

Ya hacía unas cuantas semanas que no participaba en ninguna carrera, desde el triatlón de principios de agosto. La verdad es que, una vez conseguí ese reto, me quedé bastante desconcertada, como nunca me había pasado. No había ningún otro objetivo a la vista en el que me hiciera ilusión participar. Pero poco a poco fui adaptando los entrenamientos a un ritmo rutinario normal, y empecé a aumentar el kilometraje de las salidas largas. Así, casi dos meses después, me propuse participar en el maratón de montaña de la Vall del Corb.

Selfie de algunos fondistas de Tàrrega antes de la carrera
Era la cuarta edición de la Marxa, y mi tercera participación en ella. La organiza la Agrupación Excursionista de nuestra comarca, y está dirigida tanto a corredores como a caminadores. El ambiente es casi familiar y muy agradable y la organización exquisita. Siempre había hecho el recorrido corto (22 km en esta edición), pero esta vez me atreví a enfrentarme a los 42,8 km con 1000 m de desnivel.

La salida era a las 8 de la mañana de Guimerà, un pueblo precioso situado a pocos kilómetros de Tàrrega. Allá nos encontramos unos cuantos compañeros del club, la mayoría de los cuales iban a hacer el circuito de 22 km. También vino Jordi, que estos días está empezando a entrenar de nuevo después de 4 semanas parado debido a una lesión en el femoral. Su idea era acompañarme y así entrenar y ver si notaba alguna molestia.

Algunos caminos del principio del recorrido
La meteorología nos va a acompañar, ya que hace fresco y el cielo está cubierto. Salimos. Los primeros 10 kilómetros los compartimos los participantes de las dos distancias, y discurren por caminos a lo largo del río Corb, con subidas y bajadas, pero con un perfil favorable. Llegamos al primer avituallamiento, muy completo, pero yo sólo me tomo un gajo de naranja y mi primer gel. En esta carrera estoy estrenando una nueva marca, Nutrisport, están de muerte, pero a ver qué tal me van.

A partir de este punto, la carrera cambia completamente, puesto que tenemos por delante 20 kilómetros de subida contínua. La mayor parte discurre por caminos anchos y bien cuidados, pero también hay zonas de senderos estrechos con rampas bastante duras y también tramos en los que atravesamos campos de cultivo. No hay pérdida, ya que el circuito está muy bien marcado con cintas. Me imagino el gran trabajo que ha tenido que hacer la organización en ponerlas y el que tendrá después para quitarlas...

Rodeados de niebla
El punto más alto del recorrido está en el kilómetro 31, en el pueblo de Forès, y es donde la organización ha montado el avituallamiento más completo, con caldo, longaniza a la brasa, etc. Para llegar allí hay que subir una gran cuesta y yo, por vez primera, me veo sin fuerzas y tengo que parar a caminar. Le digo a Jordi que continúe hasta arriba y que empiece a comer, ya que yo con un vaso de caldo ya tengo suficiente y así no perdemos tiempo. No sé cómo se me ocurre tal cosa. Llego arriba y no le veo. Tampoco veo el lugar del avituallamiento. Las calles, todas de piedra, están desiertas. Le grito unas cuantas veces a ver si me oye, pero nada. Empiezo a bajar para salir del pueblo, pero no creo que se haya ido sin mí, así que me vuelvo a parar y le intento llamar por teléfono. Pero no hay cobertura. Vuelvo a subir, vuelvo a bajar, y entonces oigo un grito de una persona que me dice desde arriba del pueblo que mi marido me está buscando. Me quedo quieta en el sitio y finalmente le veo bajar corriendo. Estaba dando vueltas por el pueblo buscándome... En fin, me quedo sin avituallamiento porque no quiero perder más tiempo y empezamos a bajar. Quedan 12 kilómetros.

Algunos senderos. Las fotos son de Jordi, va tan sobrado que es para pegarle...

Algunos pasos del último tramo
Ahora es bajada y se puede ir más rápido, pero a estas alturas los cuádriceps no están para excesos. Jordi pisa el acelerador y le tengo que echar el freno. Llegamos a la altura del pueblo naturista de El Fonoll, y allí nos damos cuenta de que las cintas empiezan a escasear. Parece ser que alguien las ha quitado. Pero por suerte aún quedan algunas que nos guían sin problemas hasta las afueras de Guimerà. El último tramo es muy duro, con bastantes rampas, estrechos senderos pedregosos y de nuevo campos de cultivo. Pero por fin escuchamos la megafonía y entramos en meta, marcando un tiempo, para mí muy bueno, de 4 h 30 minutos para 42,8 km con 1000 m de desnivel. Ha costado,  y seguramente si hubiera ido sola me hubiera relajado bastante más, para qué nos vamos a engañar...

Ahora a seguir entrenando. No sé si de aquí a final de año participaré en alguna carrera, es posible que sí, pero mi próximo gran objetivo es de nuevo el maratón de Tarragona el 17 de enero, al que ya me he inscrito aprovechando las 24 h de promoción a 20 euros y donde tengo previsto atacar de nuevo la marca de 3 h 30 minutos. Ya he empezado el plan de entrenamiento, algo muy diferente de lo que he venido haciendo hasta ahora, da un poco de miedo, ya os contaré.

domingo, 9 de agosto de 2015

Skoda Triathlon Sprint Tarragona (8 de agosto de 2015)

Hoy ya puedo decir que he puesto un pie en el mundo del triatlón, una disciplina que para mí era algo que quedaba fuera de mi alcance. Pero cómo son las cosas que ayer finalicé mi primer triatlón sprint.

La aventura empezó hace sólo cuatro meses cuando me apunté a un gimnasio con piscina, con la idea de mejorar y correr más rápido. No sabía nadar, pero pensé que era la oportunidad de aprender y pronto imaginé poder alcanzar ese objetivo que creía imposible. Así que cuando vi que había un triatlón en Tarragona, cerca de casa, y en verano, decidí inscribirme. Un impulso un poco arriesgado, que ha requerido de cuatro meses de duro trabajo. Me di cuenta enseguida de que nadar no era algo fácil que se aprendiera simplemente entrenando. Aunque a braza me defiendo bastante bien (puedo evitar ahogarme, quiero decir), mi punto de partida en crol era casi nulo: recorrer 25 metros y parar. Y el objetivo era poder hacerlo 30 veces seguidas y en el mar. Así que le dediqué cuatro o cinco días a la semana e incluso tomé un entrenador personal. Los avances fueron llegando, aunque eran claramente insuficientes para hacer un buen papel el día de la prueba. A pesar de todo, tuve la seguridad de que lograría salir del agua sin que me tuvieran que rescatar.

Durante dos meses, nadar fue mi prioridad. Y, después, me preocupé de la bicicleta. Ni la tenía, ni nunca había usado una bici de carretera. Compré un modelo medio, adecuado para mi bajo nivel, y empecé a entrenar. Las salidas en bici requieren mucho tiempo, algo de lo que ando escasa, pero durante estas últimas semanas he podido hacer algunas salidas de 45 a 65 kilómetros. Un gran descubrimiento la bicicleta de carretera, ya me habían dicho que enganchaba y, la verdad, es que me gusta mucho. Sin embargo, también requiere un período de aprendizaje. Es una bici muy ligera comparada con la de montaña, y aún me siento muy insegura sobre ella, sobre todo cuando las condiciones del asfalto no son buenas o hace viento. Otro tema no menos importante fue adaptarme al uso de los pedales automáticos, que no había usado nunca. La primera vez que me los puse ya me caí.

Preparada para ir a boxes. Puerto de Tarragona.
Mientras iba entrenando estaba tranquila y confiada. Pero a medida que se iba acercando el día de la prueba mi confianza iba menguando a pasos de gigante. Tanto es así que el día antes pensé que no acudiría a la cita. No eran nervios típicos pre-carrera, que ya los conozco bien. Era un miedo mucho más profundo. Pero después de haber invertido tanto tiempo (y dinero) en prepararme para ese día, sería incomprensible que me echara para atrás. Así que allí me presenté, con el apoyo de Jordi y mis dos hijos, que estarían allí para animarme.

Preparando el material en boxes
Tan fácil que es ponerse un dorsal y unas zapatillas y salir a correr, el triatlón es mucho más complicado. Recoger el dorsal, ponerle las pegatinas a la bici y al casco, ir a boxes y dejar la bicicleta colgada de una barra con todo el material que necesitaré para la carrera bien ordenado en el suelo: las zapatillas de la bici, el casco, las gafas de sol, las zapatillas de correr, y el cinturón con el dorsal. Intento recordar dónde está mi sitio y salgo de allí ya vestida con el tri-mono, el chip en el tobillo, el gorro de goma, las gafas de piscina y las chancletas. Y a esperar.

Hay diferentes salidas para las diferentes pruebas que se van a celebrar: sprint masculino, femenino, relevos, aquatlón, olímpico masculino y femenino. Mi salida es a las 16:50. Echo un vistazo a mi alrededor, veo gente súper-preparada, y me voy sintiendo cada vez peor. En ese momento se ha puesto a llover y hace viento. Estoy temblando de frío. Se da el bocinazo y saltamos al agua. Me he puesto hacia atrás y en un extremo. Empiezo a nadar al ritmo de la piscina, sólo pensando en llegar. Son 750 metros y hay que dejar cuatro boyas a nuestra derecha. Cada cuatro o cinco brazadas levanto la cabeza para ver la boya. Hay unas canoas de la organización que nos van controlando. Estoy muy tranquila, no pienso en nada, sólo en nadar relajadamente. Paso la primera boya y la segunda, no estoy cansada, veo que voy a llegar. Una canoa se pone a mi lado, ya sé que voy la última. Finalmente llego a las escaleras y salgo del agua. Un tiempo horroroso de 26 minutos para los 750 m, es que los milagros no existen. La última, pero sonrío, es un gran triunfo para mí.

Salida del agua

Tramo de bicicleta
Corro a buscar la bici. La lluvia ha arreciado y me encuentro todo el material mojado. Me pongo los calcetines y los zapatos, el casco, las gafas y salgo con la bici en la mano. Los jueces me indican cuándo puedo montar. Y empiezo a pedalear a buen ritmo. No para de llover y el asfalto está muy mojado. Son dos vueltas a un circuito de 10 kilómetros, con cuatro giros cerrados de 180 grados. Llego al primer giro, resbalo y me caigo al suelo. Golpe y rascaduras en la pierna izquierda, pero me levanto rápidamente y vuelvo a subir. Ahora voy con mucho más cuidado. Mi primer triatlón y en esas condiciones… Después me entero de que han anulado el tramo de bici del triatlón olímpico que salía después de nosotros y lo han convertido en aquatlón. Una pena para los participantes, pero no me extraña, entre la lluvia y el viento es muy peligroso. Voy más lenta que en mis entrenamientos, pero no me atrevo a correr más, sobre todo después de haberme caído. A pesar de todo, adelanto a tres chicas y alcanzo a una cuarta al llegar a boxes. Un tiempo bastante malo de 47 minutos para los 20 km, pero estoy contenta ¡lo voy a conseguir!

Tramo de carrera a pie

Llegada a meta
Dejo la bici y el casco, me quito las zapatillas de la bici y me pongo las de correr. Y me lanzo a por mis últimos 5 kilómetros de carrera. Ahora estoy en mi elemento. No llevo reloj, pero estoy corriendo a ritmo y adelantando posiciones, hasta 8. Lástima que no sea más largo, ya que 5 kilómetros son muy pocos para poder recuperar todo el tiempo que perdí sobre todo en el tramo de natación. Acabo en 21 minutos, a una media de 4:20 min/km, muy bien para hacerlo después de las otras dos pruebas. Así, de menos a más, la emoción ha ido en aumento, y entro a meta muy feliz. Allí están para recibirme mis apoyos incondicionales que me han hecho un reportaje gráfico de campeonato. El tiempo final: 1 h 39 minutos. Mal, pero ya habrá otras oportunidades de mejorar, ya que esta vez el objetivo era otro: afrontar mis miedos y demostrarme a mí misma que puedo conseguir lo que me proponga, sin más misterio que poniendo de mi parte la voluntad, el esfuerzo y la constancia necesarios para ello. Ahora es tiempo de reflexión…

¡Hasta pronto!

martes, 21 de julio de 2015

XXIII Mitja Marató de la Cursa del Llop (19 de julio de 2015)

La Cursa del Llop, en su formato original, es una mítica prueba muy exigente que combina 6 modalidades:

- 170 km de bici de carretera
- 32 km de carrera de montaña
- 16 km de caiac de mar
- 24 km de caiac de río
- 21,1 km medio maratón de asfalto
- 110 km de BTT

Con salida en la ciudad de Tortosa, las pruebas, que requieren un esfuerzo extremo, se realizan durante 2 días, y sólo los atletas más preparados pueden alzarse con el título de lobo.

Las exigencias organizativas de una prueba de este tipo son muy grandes y la Cursa del Llop, en su totalidad, no se realiza todos los años. La última edición fue en 2014, y en 2015 se ha organizado únicamente el medio maratón, en su 23a edición. Se trata del medio maratón más duro de Catalunya, con 1.100 metros de desnivel positivo. La carrera parte de la ciudad de Tortosa, a nivel del mar, y finaliza en el Refugio de la UEC, situado a 1.090 metros de altitud en el Mont Caro, una cumbre de 1.442 metros de altitud en el extremo sur de la Cordillera Prelitoral Catalana y punto más alto de la provincia de Tarragona. La distancia, totalmente sobre asfalto, está homologada por la Federación Catalana de Atletismo, con un desnivel medio del 9% y rampas de hasta el 14%. Por si esto fuera poco, la fecha es en julio, en plena canícula y, este año, en plena ola de calor.

Subida al Mont Caro. Imagen: http://btterresebre.blogspot.com.es


Conocí la prueba de primera mano en el año 2009, cuando subí a la montaña a animar a Jordi, en su primera participación en esta carrera. Volví en el 2013, también para animar a Jordi que, conociendo su dificultad y habiendo entrenado más específicamente para ella, quería mejorar su marca (crónica aquí). Nunca se me había pasado por la cabeza participar, ya que no me veía preparada para ello. Y, de repente, cuando Jordi me dice que va a volver a participar este año, voy y me apunto. Las cuestas son mi peor infierno, y aquí todo el circuito es es cuesta, sin tramos para recuperar. Además, estoy siguiendo un entrenamiento "a sentimiento", centrándome sobre todo en nadar ahora que no puedo correr mucho con este tremendo calor. Así que, cuando se va acercando la fecha, me voy arrepintiendo de mi decisión. Empiezo a creer que no voy a ser capaz de acabar dentro del tiempo límite de 3 h 15 min. Y así de animada me presento en Tortosa a las 10 de la mañana del domingo 19 de julio.

Puente rojo sobre el río Ebro. Salida neutralizada. Foto: organización
Al comienzo, se realiza un tramo neutralizado de unos 2 km desde Tortosa hasta la ciudad de Roquetes. Nos lo tomamos con muchísima calma, a modo de calentamiento. Jordi y yo llegamos los últimos al punto de salida oficial. Entonces, se da la salida y Jordi sale como un tiro, pues ha estado entrenando muchísimo para volver a conseguir mejorar su marca en esta carrera. Yo estoy muy impresionada por el reto que tengo por delante, y salgo a un ritmo muy tranquilo, como si estuviera entrenando. Voy casi en la cola de la carrera. Hace muchísimo calor, y la organización ha habilitado avituallamientos con agua, bebida isotónica y fruta fresca durante todo el recorrido. Yo bebo gran parte de la botella y el resto me lo tiro por el cuello. La estrategia de Jordi es ir a tope, mientras que la mía es intentar aguantar sin parar a caminar. A veces parece que corres más lento que lo que caminarías, pero no es cierto, ya que poco a poco voy alcanzando a corredores que realizan tramos andando. Así, ayudándome de los brazos y a mi ritmo de tractor, voy adelantando posiciones.

Jordi subiendo a tope. Foto: organización.
Todo va fenomenal. Voy avanzando muy lentamente, siempre mirando 3 metros hacia adelante. Ni se me ocurre levantar la vista para ver todas las "eses" y el desnivel que aún me falta por salvar. Y es que, en esta carrera, mantener la cabeza centrada es fundamental. Si hay que mirar, miro hacia abajo, pues el paisaje es espectacular.

La carretera, al fondo a la izquierda, de ahí venimos
He conseguido no parar durante muchos kilómetros pero, de repente, en el kilómetro 17, la cabeza dice basta y mi cuerpo se para. No es nada premeditado. Subo andando durante un kilómetro y, en el 18, me pongo a correr otra vez. Justo en ese punto me contó Jordi que le pasó lo mismo la primera vez que hizo esa carrera, en el 2009. Sólo faltan 3 kilómetros, pero se hacen muy largos. Finalmente llego al final de la carretera, pero aún falta el último repechón para subir hasta el refugio. Allí está Jordi animándome. Llego a meta, me escanean el código de barras del dorsal y me ponen una medalla. Han sido 2 h 32 min de subir y subir, algo que pensaba que no era capaz de hacer. Esto demuestra que, a veces, entre lo que creemos que podemos y lo que realmente podemos hacer hay un abismo.

Llegada. Foto:organización.
Jordi está contentísimo, ya que ha rebajado en 5 minutos la marca del 2013 y ha sido el tercer clasificado absoluto. Yo también he subido al podio como segunda chica, pero es que éramos poquísimas. Después de un regenerante plato de pasta y melón fresco, subimos al autobús que nos llevará de vuelta a Tortosa. Esa es otra historia... Sólo deciros que la subida al Mont Caro es una nimiedad comparada con el mareo terrorífico de la bajada...

Como reflexión final, esta carrera me recuerda mucho a un maratón, en el sentido concreto de que es importantísimo seguir una estrategia desde el principio. Los primeros 10 kilómetros son la clave y el éxito o el fracaso dependen de seguir un ritmo óptimo en este tramo. La mía ha sido muy conservadora, creo que demasiado, aunque me ha permitido llegar a meta, cosa que no sabía si podría hacer. Sin embargo, ahora que lo sé, tengo una deuda pendiente con ella, pues creo que puedo completar esta prueba en menor tiempo.

No me queda más que felicitar a la organización y a todos los voluntarios por el cariño y el empeño que han puesto en que la carrera fuera un éxito, como así ha sido. Un evento altamente recomendable, sólo tienes que creer en tu propia valentía.

Próxima cita: Triatlón... ¡Hasta pronto!