miércoles, 28 de septiembre de 2016

Maratón de Zaragoza (25 de septiembre de 2016)

Tengo que deciros que, desde el inicio de los entrenamientos en el mes de junio, hasta el mismo día de la carrera el pasado domingo, mi participación en el maratón de Zaragoza ha sido un camino muy agradable. Ya son unos cuantos maratones en los que he participado y, sin ánimo de establecer un ranking, siempre hay algunos, independientemente de la marca realizada, de los que guardo un bonito recuerdo. Hasta ahora, ese lugar en mi corazón estaba reservado para el maratón de Castellón, pero ahora el maratón de Zaragoza se ha hecho también su sitio.

Con el objetivo de obtener este año la Copa Catalana de Marxes de Resistència, llevaba todo el año inmersa en las competiciones de ultratrail, casi sin descanso. Pero la Copa nos daba un respiro durante los meses de verano, así que pensé que podía preparar un nuevo reto. Por fechas, el maratón de Zaragoza me caía perfecto, así que la semana del 6 de junio iniciaba el plan de entrenamiento de 16 semanas para el objetivo de 3:30 que proponía Chema Artero en la página web del maratón de Zaragoza. Un plan muy distinto a los que he seguido otras veces, ya que era por pulsaciones y, a pesar de la gran carga de trabajo (6 días por semana) y de las difíciles condiciones meteorológicas (hay que entrenar durante los días más calurosos del verano) nunca tuve la sensación de aburrirme, ni cansarme. Además, durante esas 16 semanas, cumplí el plan al pie de la letra y sólo fallé 3 días.

Y llegó el último fin de semana de septiembre. Habíamos reservado el "servicio 5 estrellas" que ofrecía la organización al reservar el alojamiento oficial en el Hotel Meliá Zaragoza, y eso incluía encontrarnos el dorsal y la bolsa del corredor ya en el hotel, así que el sábado nos pudimos tomar el viaje con calma y salir de Tàrrega después de comer. También vino Jordi. No le tientan para nada mis participaciones por montaña, pero cuando aparece la palabra "maratón" ya se pone nervioso, ja, ja,... Dijo que no correría más después de hacer 2:52 en enero en el maratón de Tarragona, pero no pudo evitar venir conmigo a Zaragoza, ya que fue allí donde corrió su primer maratón el año de la "Expo del Agua". Campeón del despiste, esta vez se pasó 20 pueblos. Nada más llegar a la habitación del hotel me dice que se ha olvidado el Garmin en casa. El reloj GPS es un accesorio impresdindible para controlar los ritmos en un maratón cuando tienes un objetivo de tiempo concreto, así que la cosa era grave. Le dije que le dejaría el mío, ya que yo podía seguir la liebre de 3:30, mientras que él no tenía liebre para su tiempo objetivo. Pero al final, paseando por el centro de la ciudad, entramos en un Decathlon City y se compró un reloj Geonaute Onmove a un precio asequible y con las funciones suficientes. Ya lo cogimos de un bonito color azul para que lo pudiera utilizar después nuestra hija, que también hace atletismo. Así que, después del susto, todo solucionado.

Salida. Ahí voy, a la izquierda. Foto: del video de corriendovoy.
A las 6 de la mañana bajamos a desayunar. Entre tantas viandas apetecibles, daba pena ver los platos de los corredores, con un simple plátano y alguna tostada, pero es lo que toca. A las 7:30 nos esperaba un miembro de la organización para guiarnos hasta la zona de salida, a poca distancia del hotel. También como parte de las 5 estrellas, teníamos una carpa sólo para nosotros al lado de la salida, donde podíamos dejar nuestras bolsas. A la llegada, encontraríamos allí servicio de fisioterapia y avituallamiento. Todo un lujo. Seremos 1200 participantes en el maratón, y unos 2000 más en la carrera de 10 km, aunque esta empezará más tarde. La zona de salida es espectacular y el ambiente es muy bueno. No hay aglomeraciones ni problemas para incorporarnos en nuestros cajones, muy bien señalizados con globos. Respiro profundamente y a las 8:30 en punto, se da la salida.

Puente de piedra. Primeros kilómetros. Foto: Rafa Cored.
Tengo la liebre de 3:30 a escasos metros por delante. Como siempre, la cantidad de gente que la sigue es muy grande, así que no es muy cómodo correr en esas condiciones. Sin embargo, es mi tiempo, así que es lo que me toca hacer. Nada más salir de la plaza del Pilar tengo una sorpresa. La liebre saca un megáfono y empieza a darnos instrucciones y a animarnos. ¡Es impresionante, qué nivel! Miro el reloj continuamente para no acelerarme, ya que es uno de los peores errores que se pueden cometer en estas carreras. Veo que vamos un pelín rápido, y a una de estas oigo que la liebre nos anuncia (por el megáfono) que va a ir 10 segundos por debajo del tiempo objetivo para compensar. Yo tengo claro que debo mantenerme entre 4:55 y 5:00 todo el tiempo posible, así que dejo a la liebre y empiezo a mirar el reloj cada 30 segundos, ¡qué estrés! ja, ja,... Pero también un descanso, ya que la marabunta se aleja y puedo correr con mucha más tranquilidad.

km10. Foto: del video de corriendovoy.
Pasan los kilómetros uno a uno a un ritmo de manual. En alguno me acelero a 4:49, pero casi siempre estoy entre 4:56 y 4:59. Hay que ir adaptando el ritmo, ya que el circuito no es llano, así que a veces acelero si veo que me estoy quedando, o freno si veo que me estoy acelerando. Estoy muy serena y tranquila. Antes del medio maratón, un señor mayor que va a mi altura me dice que estoy corriendo muy bien, y yo se lo agradezco mucho, son pequeñas ayudas psicológicas muy necesarias en estas carreras. Paso el km 10 en 49 minutos y el medio maratón en 1:44. En esos puntos me tomo un gel. Todo va muy bien. El circuito no es como esperaba, ya que me encuentro con bastantes cuestas, pero la animación en esos puntos es de traca. Se me pone la carne de gallina, verdaderamente espectacular. Hay unas niñas de un club de gimnasia rítmica, con sus trajes y sus cintas, que se desgañitan animándonos. Otros grupos haciéndonos pasillos. Impresionante, de verdad.

km 21. Foto: del video de corriendovoy.
Hacia el km 25 empiezo a sentir sensación de hambre. Me preocupo, espero que mi próximo gel en el km 30 sirva de algo. Paso el km 30 en 2:28, y llego al 32 en 2:38. Sólo faltan 10,2 km para la meta y tengo por delante 52 minutos para cumplir con la marca objetivo, es perfecto. Entonces, también de manual, justo en el km 32 veo que algo está empezando a fallar. Muscularmente voy bien, pero me encuentro sin fuerza, ¡se me está acabando la gasolina! Y en el km 35 se acabó. Paso de ir a menos de 5 min/km a correr entre 5:15 y 5:30. Sé que no va a ser muy grave, ya que a esa velocidad estoy acostumbrada a hacer distancias muy largas, pero lo de hacer 3:30 ya se ha ido al traste una vez más. Para no empeorar psicológicamente la situación, dejo de mirar el reloj. Los kilómetros finales están a rebosar de público animando. A dos kilómetros de meta nos encontramos una última cuesta bastante larga (¡km 41 a 5:44!), pero nada más acabar de subirla, la organización nos ha puesto un arco marcando el último kilómetro. Gran iniciativa, ya que eso me da fuerzas para acelerar por bonitas y estrechas calles adoquinadas que se abren finalmente a la luz de la enorme plaza del Pilar, llena a rebosar de gente animando (¡¡¡km 42 a 4:13!!!). Entre el griterío, ahí está también Jordi, pero ni le veo ni le oigo, estoy concentrada en el arco de meta, en el que veo el crono que está marcando 3 h 34 minutos. Me cuelgan la medalla y voy a encuentro de Jordi. Sé que es una buena marca, de hecho he sido la primera de mi categoría, pero, aunque cueste entenderlo, estoy triste. Entonces, Jordi me dice que ha acabado en 2 h 49 minutos. Es una gran noticia y eso me alegra muchísimo. Va a subir también al podio como tercero de su categoría, es una gran gesta lo que ha conseguido.

Meta. Foto: del video de corriendovoy.
Y nos vamos de Zaragoza con una impresión inmejorable de su gente y de la organización de la carrera. En cada momento, me he sentido como si fuera especial.

¡Gran maratón!

jueves, 8 de septiembre de 2016

XVI Cursa Ciutat de Cervera (4 de septiembre de 2016)

Ahí andaba yo la mar de tranquila la semana pasada, vigilando la recuperación de los casi 52 km del domingo y pensando sólo en el maratón que tenía a 3 semanas vista cuando, a finales de semana, leo en Facebook que la Cursa de Cervera, organizada por nuestro club vecino, va escasa de inscripciones. Me sorprendo mucho, porque es una carrera que celebra su 16ª edición, con un buen circuito, buenos obsequios y avituallamiento, y una organización impecable. Aparte de vecinos, son también amigos, así que Jordi y yo decidimos inscribirnos para darles nuestro apoyo. Pero, una vez tomada la decisión, toca encajar una carrera de 10 km a estas alturas del plan de entrenamiento. Jordi decide adelantar la salida larga al sábado, y el domingo correr conmigo (que para él es como no correr, je, je,...). A mí me tocaría hacer 25 km, y prefiero la opción de dejar el sábado como está, hacer el domingo la carrera de 10 km y después volver a Tàrrega corriendo, que son unos 15 km adicionales, lo que completaría el entrenamiento previsto.

¡Madre mía, qué nervios! Hacía exactamente dos años que no corría una carrera de 10 km, y fue justo aquí, en Cervera. Y de la anterior hacía tres años, también en Cervera. Ya os podréis imaginar que no es mi distancia favorita, aunque no porque sea corta, sino porque la considero mucho más difícil que las distancias largas. El reto de correr los 10 km es hacerlo en el menor tiempo posible y el entrenamiento necesario para lograr eso es demasiado duro para mí. Son absolutamente admirables esas amigas, corredoras populares, que logran tiempos de 40 minutos en los 10 km. Y ¿qué es correr 60 ó 80 km a tu ritmo al lado de eso? Poca cosa.

Y llega el domingo. La carrera empieza a las 9:30 h y estamos a 10 minutos en coche, así que no hace falta madrugar mucho. El circuito es a dos vueltas sobre una distancia de 5 km, con salida en la Plaza de la Universidad, un sitio precioso en pleno centro histórico de Cervera. Al final seremos unos 150 corredores inscritos entre las dos distancias (5K y 10K), y el ambiente es muy familiar y agradable. Allí también nos encontramos un buen grupo de corredores de nuestro club, 100x100 Fondistes de Tàrrega.

Y salimos. El primer kilómetro es en bajada, seguido de 3 kilómetros en subida, y el último kilómetro de nuevo en bajada. Y vuelta empezar.  Ni siquiera he puesto en marcha el cronómetro. Mi idea es correr todo lo que pueda, por sensaciones, aunque preveo que no va a ser mucho. No soy persona amante de excusas, pero no creo que me haya podido recuperar bien del tremendo desgaste de la Travessa Borges-Montblanc del domingo anterior. Además, hace un calor impresionante. En la primera vuelta ya estamos a 31ºC. En previsión de las altas temperaturas, la organización ha puesto un camión de bomberos que pulveriza agua. ¡Qué impresión pasar por debajo!

En la segunda vuelta, ocurre un incidente que perturba la carrera. Justo cuando pasamos por su lado, un motorista empieza a golpear a un voluntario con el casco. Le tira las gafas y lo lanza al suelo. Él sólo le había dicho que esperara a que pasaran los corredores. Jordi empieza a gritar y se lanza hacia el agresor para detenerle, y lo mismo hacen otros corredores que van llegando hasta ese punto. El energúmeno vuelve a coger la moto y se marcha, no sin antes haber podido leer su matrícula, que Jordi comunica a la organización en línea de meta. Después he sabido que ya ha sido denunciado.

Acabo finalmente la carrera en un tiempo de 48 minutos, era imposible hacerlo mejor. Sin embargo, quedo en segunda posición femenina, así que me llevo un trofeo y un maravilloso lote de productos NutriSport. Después, me cuelgo el cinturón de hidratación y me dirijo de vuelta hacia Tàrrega. A esa hora ya estamos a 35ºC y parece que esté corriendo dentro de un horno, pero logro recorrer los algo más de 15 kilómetros en buenas condiciones, cumpliendo así con el kilometraje previsto de 25 km, aunque con un tute para el cuerpo de impresión...




Para acabar de redondear el día, nos vamos a Cambrils a disfrutar de los últimos coletazos de las vacaciones. ¡Es que les prometí a los niños volver a Port Aventura!

Ahora sí, siguiente parada: 25 de septiembre, Mann Filter Maratón de Zaragoza.

¡Que la suerte nos acompañe!

jueves, 1 de septiembre de 2016

8ª Travessa Borges-Montblanc (28 de agosto de 2016)

Hacía tiempo que había oído hablar de la Travessa Borges-Montblanc y aún no había tenido ocasión de hacerla. La verdad es que cuesta recorrer 51,4 km con 2.400 m de desnivel acumulado un 28 de agosto, para qué nos vamos a engañar... Pero este año iba a tocar hacerla, o sí o también, ya que necesitaba los puntos para obtener la Copa Catalana de Marxes de Resistència, ese campeonato de la Federación en el que estoy participando y del que hace bastantes meses que os vengo hablando. La Travessa me coge a falta de 4 semanas de mi próximo objetivo, el Maratón de Zaragoza, así que me la voy a tomar como la tirada larga del fin de semana (aunque quizá un poco demasiado larga).

Me dicen que me prepare para el calor que han pronosticado para el fin de semana, aunque no es algo que me preocupe en exceso, ya que estoy acostumbrada a entrenar con calor. Por el contrario, el frío me mata, lo que son las cosas. El recorrido es lineal, con salida en la ciudad de Les Borges Blanques, a menos de 30 minutos de Tàrrega en coche, así que no voy a tener que madrugar mucho esta vez. La llegada será en la ciudad de Montblanc, desde donde un autobús nos devolverá a Borges. La organización recoge a la salida una bolsa con las pertenencias que queramos encontrar a la llegada y nos la trasladará hasta allí, cosa que en esta prueba es fundamental, por las condiciones físicas en las que se llega a meta.

Salida. Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Y a las 7 en punto de la mañana, sin haber salido aún el sol, unos 250 intrépidos participantes iniciamos nuestro recorrido por caminos, senderos, pistas forestales y algún tramo asfaltado. Son esas pruebas que normalmente se me dan bien y que me encantan, ya que es posible correr en casi todo el recorrido. El perfil tiende a subir poco a poco hasta el kilómetro 42, así que intento trotar en todas las cuestas, siempre cortas, que encontramos en este primer tramo. Y es que la mayor parte del desnivel se concentra en los últimos 10 kilómetros, una vez llegamos a la zona de las Montañas de Prades.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Siguiendo el circuito, muy bien señalizado, voy pasando los diferentes puntos de avituallamiento. Llegamos a la población de L'Albi, en el km 14,5; El Vilosell, en el km 23,5; y Vimbodí, en el km 34. Siempre me paro lo justo para comer gajos de naranja y algún trozo de plátano, junto con un vaso de agua. Llevo la mochila de hidratación llena de agua, que normalmente voy bebiendo durante el recorrido. En un lateral, llevo un vaso que relleno de agua en los puntos de avituallamiento. En algunas pruebas, el uso del vaso personal es obligatorio, y ahora ya me he acostumbrado a llevarlo y usarlo siempre, pues me parece una medida muy ecológica. En todos los puntos de avituallamiento hay pastas dulces y otras golosinas, pero son alimentos que evito en el transcurso de una carrera, tras una charla sobre nutrición deportiva que nos impartieron unos técnicos de Nutrisport. En el kilómetro 30 hay bocadillos de longaniza. Son enormes, así que pido que me corten 1/4 y me lo voy comiendo por el camino.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
En el kilómetro 40 llegamos al Monasterio de Poblet. El avituallamiento está dentro del recinto. Es un lugar precioso y de visita turística obligada, así que al ser domingo hay muchos visitantes, que nos miran con extrañeza. De repente soy consciente de que ese día hace justo 23 años que me casé en Poblet, madre mía, y aún me aguanta ja, ja, ... Aquí parece que el tiempo se haya detenido.

Poblet, hace 23 años...
Paso el maratón en 4 horas y media, y ahora toca afrontar la última parte del recorrido, que ya me han avisado que es de traca. Y exactamente así, nos encontramos con un sendero que se empina peligrosamente por la montaña y me pongo a caminar. Sin ser consciente del calor que hacía, pero a 30ºC de temperatura, empiezo a notar que me acechan las rampas. He ido tomando pastillas de sales cada hora, aproximadamente, pero no ha sido suficiente. En algunos tramos hay que salvar escaleras de piedra e incluso troncos caídos, y en varias ocasiones me quedo clavada por rampas en los gemelos. Estiro y me relajo durante unos segundos hasta que la rampa se va, dejando los músculos doloridos. Último avituallamiento y charla con los simpáticos y agradables voluntarios en la ermita de Sant Joan, y última bajada técnica de casi 5 kilómetros hasta Montblanc. Ya no me acordaba de lo que eran estas bajadas. Por suerte, no lo hago mal del todo, aunque se me hace eterna. Por fin entramos en Montblanc y piso el asfalto, qué descanso para mis pies. Puedo acelerar y lo hago, ya que veo que puedo entrar en meta por debajo de las 6 horas. Y así es, cruzo el arco de meta en 5 h 59 minutos, en segunda posición femenina.

A la llegada, con Francesc y Jordi.
Mi ropa está chorreando agua, caen gotas literalmente, así que recojo la mochila del guardarropa y me dirijo a las duchas de las piscinas municipales. Aviso para navegantes, está a un kilómetro de distancia, así que entre ir y volver hay que sumar 2 km más al recorrido, ja, ja,... Bocata de longaniza (esta vez entero), croissant de chocolate y cacauetes salados, todo ello remojado con tres vasos de Coca-Cola. Y sentados al fresco, en el interior del convento de Sant Francesc, charlando relajada y animadamente con los compañeros de fatigas, esperamos al autobús que, a las 3 de la tarde, nos lleva de vuelta a Borges.


Sumo con esta 16 puntos a los 193 que ya tenía, y ya sólo me faltan 52 para obtener la Copa. La siguiente cita, a principios de octubre.

¡Ya os contaré!

viernes, 26 de agosto de 2016

¡Ya he vuelto!

¡Cómo pasa el tiempo! Hace casi dos meses que no doy señales de vida por el blog, aunque eso no significa que no vaya a atacar de nuevo. Creo que, mientras continúe corriendo, mantendré este rincón con vida, aunque a veces parezca que está con el gotero puesto, ja, ja,...

Como os conté en mi anterior entrada, durante estas semanas he estado entrenando para el maratón de Zaragoza, para el que ya sólo faltan 4 semanas, ¡buf! He seguido el plan de entrenamiento al pie de la letra, lo que significa que he estado saliendo 6 días por semana. Los horarios los he tenido que adaptar al lugar y al momento, pero lo he podido compatibilizar bien. Los entrenamientos también han sido muy variados, según el plan, y de momento he podido cumplir con todo lo que marca exactamente, como los ritmos de las series o las salidas largas.

Durante las vacaciones ha habido un poco de todo:

Algo de montaña en Euskadi

Subiendo a Belatxikieta desde Amorebieta
"Agua de hierro", Fuente de Mandabieta

Algunas excursiones:

San Juan de Gaztelugatxe
Sort
Bastante playa:

Cambrils
Algún excesillo (aunque pocos, je, je,...):


Y ¡mucho entrenamiento!:

Acabando de entrenar en Cambrils

El plan lo he seguido al pie de la letra justo hasta este fin de semana, que tengo que salirme del guión. Me tocaría una salida larga de 125 minutos, pero resulta que el domingo vuelve la Copa Catalana de Marxes de Resistència, con la Travessa Borges-Montblanc. Serán 51,4 km, que quiero tomarme con calma, no vaya a echar por los suelos todo el trabajo y el sacrificio que llevo a cuestas desde hace unas cuantas semanas. Además, ando con unos dolorcillos en la cadera que vienen de la banda iliotibial y que me tienen algo preocupada. Pero no puedo dejar de hacerla, ya que necesito los puntos para la Copa.

Ya os explicaré qué tal.

¡Hasta pronto!



viernes, 1 de julio de 2016

Planes para el verano

Durante los primeros meses de 2016 he hecho un maratón (en enero), un medio maratón (en mayo) y 8 pruebas de trail entre 54 y 87 km. Y llego a primeros de junio con pocas ganas de descansar y sí de aprovechar mi buena adaptación a las largas distancias. Se me ocurre que puedo preparar una prueba adicional antes de continuar con la Copa Catalana a principios de octubre. Miro el calendario de carreras y veo que el 25 de septiembre se celebra el maratón de Zaragoza, para el que faltan entonces 16 semanas. Yo no la he corrido nunca, pero Jordi sí, de hecho fue su primera carrera (siempre ha sido así de animal...) y me dice que a él también le haría ilusión repetir. Así que decidimos marcarla los dos en nuestro calendario.


Se da la circunstancia de que el maratón será 5 días antes de mi cumpleaños, así que decido completar mi autoregalo contratando el "servicio 5 estrellas" que ofrece la organización al reservar el alojamiento oficial en el Hotel Meliá Zaragoza. Este servicio incluye:
  • 35% DE DESCUENTO EN TUS BILLETES DE AVE. 
  • DESAYUNO DEPORTISTA ESPECIAL MARATÓN DE ZARAGOZA. 
  • EL DORSAL-CHIP DE CARRERA Y LA BOLSA DEL CORREDOR EN TU HABITACIÓN. 
  • TE ACOMPAÑAMOS A LA SALIDA DESDE EL HOTEL. 
  • SERVICIO DE GUARDARROPA EXCLUSIVO PARA VOSOTROS. 
  • SERVICIO DE FISIOTERAPIA EXCLUSIVO PARA CORREDORES ALOJADOS.
  • AVITUALLAMIENTO DE FINAL DE CARRERA ESPECIAL EN LA CARPA EXCLUSIVA.
Así que nos van a tratar como reyes, ja, ja, ...

Claro que llegar hasta ahí tampoco es gratis y hace falta una buena dosis de motivación y muchas ganas para entrenar durante los meses de verano. Yo ya he empezado; de hecho voy por la cuarta semana. Esta vez he escogido el plan de entrenamiento que propone Chema Artero en la página web del Maratón de Zaragoza. De nuevo intentaré atacar el sub 3:30, je, je... Es un plan basado en las pulsaciones más que en los ritmos y será la primera vez que entreno así.

Durante estas cuatro primeras semanas las sensaciones han sido muy buenas. En las primeras semanas del plan se propone hacer la Carrera Continua Lenta (CCL) en 140-145 pulsaciones. Dice que corresponde a un ritmo de 5:50-6:00 min/km. Pero enseguida me doy cuenta de que para llegar a 140 pulsaciones tengo que bajar de 5:30 min/km. Así que escribo a Chema Artero para preguntarle y me contesta enseguida diciéndome que lo que tengo que respetar son las pulsaciones, no los ritmos. Así que hago normalmente la CCL entre 5:15-5:30 min/km en llano, y bajo el ritmo en las zonas de cuestas. Es muy agradable, ya que me canso muchísimo menos que cuando entrenaba intentando mantener el ritmo. El plan también incluye muchas sesiones de velocidad, a las que me estoy adaptando también bastante bien.

Fuente de La Panadella
Por las mañanas me levanto a las 5 para ir a trabajar, así que no puedo entrenar a esa hora, y a la caída del sol ya estoy demasiado cansada, así que voy a entrenar hacia las 4 de la tarde, cuando llego de Barcelona. Estos días me encuentro temperaturas superiores a 30ºC, pero el circuito en el que entreno tiene muchas fuentes, así que paro a beber cada 2 o 2,5 kilómetros y lo aguanto bastante bien. La verdad es que de momento estoy muy motivada.
Ruta en bicicleta, Tàrrega-Guimerà-Sta. Coloma de Queralt-La Panadella-Tàrrega
El plan de entrenamiento es de 6 días a la semana, descansando los miércoles y con la salida larga el sábado. Los domingos propone una sesión deportiva alternativa. Yo he escogido la bicicleta de carretera, deporte en el que inicié hace poco más de un año cuando me compré la bici para mi primer triatlón. Así que los domingos me levanto bien temprano y descubro nuevas rutas. Soy muy novata aún, y voy aumentado el kilometraje poco a poco. El domingo pasado hice una ruta de 72 km con bastante desnivel para mis piernas, que acabé en 3 h 39 min. Sólo hice una parada en la fuente de La Panadella para beber agua y comerme una barrita. Ya estoy esperando al próximo domingo para descubrir una nueva ruta, esta vez de unos 83 km.

¡Ya os contaré!


viernes, 10 de junio de 2016

XX Caminada Reus-Prades-Reus (5 de junio de 2016)

Y por fin llegó la Caminada Reus-Prades-Reus, que este año celebraba su 20ª edición. Esta vez se trataba de salir de la ciudad de Reus, llegar a Prades y volver de nuevo a Reus en un recorrido circular de 55 km y 3.000 m de desnivel acumulado. Sería mi 9a prueba de la Copa Catalana de Marxes de Resistència y la última antes del verano. Por ese motivo y, aprovechando que se podía correr en bastantes tramos del circuito, mi idea era darlo todo para acabarla en el menor tiempo posible.

La noche anterior cae una tormenta que parece que se va a desplomar el cielo, pero el día siguiente amanece tranquilo y caluroso. Me levanto a las 4 de la mañana, desayuno, cojo mis bártulos y me dirijo a Reus, a una hora aproximadamente en coche desde Tàrrega. La salida será a las 7 de la mañana y hay más de 800 participantes inscritos. De estos, sólo 600 llegarán a la meta, ya que muchos han decidido quedarse en Prades y volver a Reus en los autobuses que cada año habilita la organización a este efecto.

Foto: organización
Empezamos subiendo desde la misma salida, ya que pasaremos de cota 100 a cota 1000 en tan sólo 16 kilómetros. Los primeros 4 kilómetros aproximadamente son por asfalto, atravesando distintas urbanizaciones para salir del casco urbano de la ciudad. Las cuestas en este tramo son considerables, pero yo intento correr de forma continuada todo lo que me sea posible y al final consigo hacerlo durante 6 kilómetros aproximadamente. Después ya no me queda otra que caminar en las empinadas subidas por senderos pedregosos. A partir del kilómetro 16 hasta el 36, ya es posible correr de nuevo en bastantes tramos, ya que el circuito planea por un altiplano entre las cotas 700 y 1000 m hasta el kilómetro 36.

Foto: organización.
A la mitad del recorrido (km 26), y después de atravesar unos bosques maravillosos, llegamos a Prades, conocida también como la Villa Roja, ya que muchas de sus edificaciones han sido construidas con piedra de este color, originaria de la zona. Es todo un privilegio pisar esta ciudad, que constituye un conjunto histórico declarado desde 1993 como Bien Cultural de Interés Nacional. En su plaza Mayor se ha instalado el control y uno de los avituallamientos principales. He tardado 3 horas y media aproximadamente en llegar aquí y el ambiente es espléndido, ya que en ella se dan cita muchos ciclistas, excursionistas y visitantes que han aprovechado el domingo para acercarse a este hermoso lugar.

Plaza Mayor de Prades. Foto: organización
Está haciendo calor y estoy yendo lo más rápido que puedo, lo que me pasa enseguida factura al estómago, al que le cuesta admitir la comida. Sin embargo, me obligo a comer un pequeño bocadillo de jamón y una Coca-Cola antes de encarar la segunda parte del recorrido. Esto acabará siendo finalmente todo lo que coma durante toda la carrera. Saliendo de Prades, me encuentro con un grupo de 3 chicos con los que comparto algunos kilómetros. Me comentan que falta un tramo bastante duro, aunque no muy largo, que es la subida a La Febró. Llegamos al sendero e iniciamos la subida. Vamos salvando el desnivel por zonas de grandes piedras y mucha vegetación. Uno de los chicos me dice que es poco, sólo 200 metros y eso me tranquiliza. De repente, entre los árboles, se vislumbra una gran roca allá en lo alto y me dice: "¿Ves? Hay que llegar hasta allí". No me habia mentido, eran 200 metros, pero ¡verticales!. No me importa, el sitio es espectacular. Voy rozando la vegetación, aún húmeda de la lluvia del día anterior. Por momentos, me parece estar en un bosque de cuento. De forma inesperada, en uno de esos tramos, mi mente vuela a mi niñez y me veo a mí misma buscando escondites secretos en los pequeños claros de los bosques que rodean mi pueblo, en Euskadi. No me había pasado nunca nada así y me emociona muchísimo.

Camí de les Tosques. Imagen: http://eu.wikiloc.com/wikiloc/imgServer.do?id=1487622
Del kilómetro 36 al 41 es todo bajada. Son más de 5 kilómetros por el Camino de les Tosques, con bastante desnivel y empedrado en su mayor parte. Está húmedo y resbaladizo en muchos tramos, y hay que ir con mil ojos. Sin embargo, consigo bajarlo bastante bien, adelantando incluso a algunos corredores en ese tramo. Llegamos al avituallamiento de Vilaplana. A partir de ahí el recorrido será exclusivamente por anchas pistas, polvorientas y sin sombra alguna hasta Reus. Son unos 14 kilómetros y sé que es justo esa parte, por mis características como corredora, la que me va a favorecer y donde voy a ganar mucho tiempo. El sol cae a plomo sobre nuestras cabezas, pero yo estoy acostumbrada a entrenar en Tàrrega por ese tipo de caminos al mediodía, así que voy bien y empiezo a adelantar a muchos participantes que se han puesto a caminar en este tramo.

Ya se ven las afueras de Reus. En un recodo del camino, unos niños de no más de 10 años han montado un avituallamiento improvisado en un pequeño carro. Tienen galletas saladas y algunas chucherías. Sonrío pensando en lo bien que se lo deben de estar pasando jugando así en esta mañana de domingo. Y por fin piso el asfalto de Reus. A unos 3 kilómetros de la meta está el último control, que también es avituallamiento. Paro lo mínimo para que me marquen el dorsal y hago el intento de empezar a correr de nuevo, pero los voluntarios me dicen que dónde voy, que beba algo, que me refresque. Y así lo hago. Charlo con ellos unos minutos y una señora me pulveriza agua por las piernas y los brazos. Les grito que esto es la gloria y nos reímos todos. Finalmente me marcho y me dirijo a tope hasta la meta en las piscinas municipales de Reus. Y atravieso el arco de meta después de 7 horas 14 minutos. La 4ª mujer, muy contenta de mis sensaciones, de lo fuerte que me he sentido y de los momentos tan emocionantes que he vivido en esta prueba, totalmente recomendable y que espero volver a repetir.

Son 17 puntos más, que hacen un total de 192. Y quedan 4 pruebas pendientes, la siguiente a finales de agosto y las que quedan ya a partir del mes de octubre. Tengo por delante 4 meses de descanso de este tipo de competiciones, lo que me ha animado a aprovechar el nivel de forma en el que me encuentro para preparar un nuevo objetivo para finales de septiembre. Pronto os lo cuento.

domingo, 22 de mayo de 2016

6ª Marxa dels Dips (21 de mayo de 2016)

De todas las pruebas que puntúan para la Copa Catalana de Marxes de Resistència, tengo marcadas en el calendario 13 de ellas, que son las que me darán los puntos necesarios para obtener la Copa. El sábado se celebraba la 6ª Marxa del Dips, la número 8 de mi lista, con salida en la localidad de Pratdip, en la provincia de Tarragona, a una hora y cuarto aproximadamente en coche desde Tàrrega.

Dips en el retablo renacentista de la iglesia de la Natividad de Santa María de Pratdip. Imagen: http://www.pratdipturisme.com
El nombre de la prueba hace referencia a los "dips" que, según una leyenda que se remonta al S. XVI, eran una especie de perros negros vampíricos que chupaban la sangre del ganado y atacaban a los hombres de noche. En la entrada de Pratdip hay un monumento dedicado a este ser, cuya figura aparece incluso en el escudo del municipio. Esta vez se trataba de recorrer 61 km con 5915 m de desnivel acumulado, siendo una de las pruebas más duras de toda la Copa, según había leído en crónicas de ediciones anteriores. Así que iba preparada para estar muchas horas en marcha aunque tampoco me lo podía tomar con calma ya que, según el eslogan de la Marxa: ¡"si no te espabilas te cogerán los dips"!

Pratdip. Fotografia: Xavier Capdevila (FEEC)
Me levanto a la 3:30 de la mañana. Mi rutina para este tipo de pruebas es muy distinto de cuando hago carreras de asfalto. Aquí he visto que tengo que desayunar bien, así que me tomo una taza de leche con Cola-Cao y cereales. Hoy, además, añado una magdalena, que el día va a ser muy largo... Cojo el coche y a las 5:15 ya estoy en Pratdip. Es un municipio pequeño, y no hay sitios habilitados para que todos los participantes puedan aparcar, así que lo dejo bien metido en el arcén de la carretera, a unos 300 metros del pabellón deportivo donde se dará la salida. No acabo de acostumbrarme al ambiente tan diferente que se respira en este tipo de pruebas. A esas horas ya está montado el avituallamiento en el pabellón, donde te ofrecen café y dónuts, impresionante. Afuera, hay luna llena y está oscuro como la boca del dip, je, je,...

A las 6 en punto se da la salida a los 175 participantes. No son muchos, y más tarde comprenderé por qué y es que esta prueba es muy exigente y requiere estar en muy buena forma física. El circuito está dividido en tres tramos circulares, con origen en Pratdip, por la Sierra de Llaberia. El primer bucle, de unos 9 km muy técnicos, se inicia por un estrecho sendero pedregoso junto a un barranco, que los corredores hacemos en fila india. Pronto se inicia una fuerte subida entre piedras hasta la cima del Cabrafiga. A la mitad de la subida, el pie me falla intentando salvar una roca y me hiero la barbilla y la rodilla. Ya me he hecho la avería del día, por suerte no sangran mucho... El grupo es compacto mientras subimos y vamos todos aún en fila, aunque en la bajada ya se empieza a estirar bastante. He salido de Pratdip con camiseta de manga corta y una térmica, además del chubasquero, pero al acabar el primer bucle veo que ya tengo calor, así que aprovecho que pasamos de nuevo por Pratdip para acercarme al coche y descargar la mochila. Agua, plátano, naranja y a por el segundo tramo.

Subiendo al Cabrafiga
El segundo bucle tiene unos 15 km y se sube al Mont-Redon por las Crestas de la Seda. Es muy duro y técnico, con algunas sorpresas incluidas. Y es que hay que subir ayudándose de pies y manos e incluso escalar literalmente en algunos tramos, ayudados de cuerdas. Precioso, espectacular, pero también muy peligroso si vas con prisa...  Nuevas subidas y bajadas con muchísimas piedras, y una bajada con cuerdas hasta descender de nuevo hasta Pratdip. Se podría decir que divertido, pero para mí también tremendo, quedando aún más de la mitad de la prueba por delante. Cuando llegamos al pabellón casi se me salen los ojos de las órbitas. Nunca había visto algo igual en un avituallamiento. Normalmente encuentras el típico bocadillo de longaniza, pero esto parece una fiesta. Han puesto platos con el pan en rodajas, untadas de tomate y aceite, con lonchas de jamón, fuet, longaniza a la brasa o queso. El aspecto es tan tentador que me lanzo a por un par de ellas. Tengo que coger fuerzas para afrontar el tercer tramo.

Crestes de la Seda. Foto: Miguel de Pablo.
El tercer bucle, de unos 35 km, es el más largo. El primer kilómetro lo hacemos de nuevo junto al barranco, igual que en el primero, para empezar enseguida a subir bastante intensamente. ¿Os he dicho antes que por senderos llenos de piedras? En una de las bajadas con mucha pendiente y resbaladiza, un chico delante mío me deja impresionada. La baja esquiando. Los esquís son las zapatillas y la tierra y las piedras son la nieve, pero se ayuda de los bastones para saltar de un lado a otro como si estuviera esquiando. Quizá me tenga que acostumbrar a llevarlos, ja, ja,... Después de uno de los avituallamientos (de nuevo espectacular) pasamos por una zona de baja altitud rodeada de vegetación y con algún riachuelo. Los kilómetros y el esfuerzo ya me pesan y me duelen los pies de pisar tantas piedras. Entonces viene lo que me faltaba, me ataca una horda de pequeños insectos que me empiezan a revolotear por la cara y hay dos que se me meten en el ojo. Aunque en muchos tramos está soplando el viento, en esa zona no se mueve ni una hoja, y no hay manera de quitármelos de encima. Así que, como los caballos con su cola, voy moviendo el brazo delante de la cara a ver si los espanto. Por suerte, al ir ganando altitud se van por donde vinieron.

Qué largo que se me está haciendo, es que llevo muchas horas en marcha. Cuando llego al penúltimo control en Llaberia, el cielo está cubierto y se oyen algunos truenos. Los voluntarios me dicen que seguramente no va a haber tormenta, ya que hace viento y en esas circunstancias no suele llover en esa zona. Qué gente más agradable, decido tomarme el avituallamiento con calma y charlar con ellos un rato. Son las 3 de la tarde. Me dicen que quedan 12 kilómetros (¡todavía!) y que serán unas dos horas y media. Casi me da un síncope. Y después de agradecerles que estén ahí por nosotros, me dirijo a afrontar las siguientes subidas y bajadas pedregosas.

Llaberia. Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
El paisaje es verdaderamente sorprendente. Estamos en la montaña, pero pasamos por un camino cubierto de arena de playa. Casi parece que pueda oir las olas. Al cabo de pocos kilómetros llegamos al último control, a unos 8 km de la meta. En teoría el perfil es descendente desde ese punto, pero yo no las tengo todas conmigo. Por si acaso, cojo un puñado de frutos secos con una mano y otro de gominolas con la otra. Son las 15:48. Mi idea era acabar antes de las 17 h (en menos de 11 horas) y quizá pueda conseguirlo. Aunque pronto veo que no va a ser tan fácil. Seguimos por caminos con subidas y bajadas con mucha piedra, la mayor parte por el bosque. Bajamos por un antiguo camino de herradura y al final llegamos a una ancha pista (pedregosa, pero pista) que desciende con bastante pendiente. Se ve Pratdip a lo lejos, creo que no deben ser más de 2 km y son las 16:40. Estoy a tiempo de conseguirlo. Empiezo a correr a buena velocidad, voy siguiendo la pista, mirando al suelo para no tropezar. Y llego a un cruce. Me paro. No hay ninguna marca ni cinta. Con la emoción me he pasado una desviación. Se acabó el sueño de acabar en 10 horas y pico. Y ahora ¿qué hago? Si tengo que volver hacia arriba me muero, no tengo ni idea de dónde me he despistado. Por un instante me hundo. Pero al momento siguiente tomo la decisión de seguir adelante. El pueblo está ahí abajo, puedo verlo, y por el camino voy a llegar, no sé cuándo, pero seguro que llego. Pero ¿por cuál de las dos pistas? Decido tomar la de la izquierda. Vuelvo a correr, y llego a un segundo cruce. Ni idea, tomo de nuevo el camino de la izquierda. Y al cabo de un rato encuentro una cinta. Es un camino que viene desde arriba y que atraviesa la pista en ese punto. He hecho algún kilómetro de más, pero al final he tenido mucha suerte...

Cuando estoy entrando en el pueblo oigo sonar las 5 de la tarde en el campanario de la iglesia. Entro en el pabellón y me fichan la tarjeta en 11 horas y 3 minutos. Por poco.

¿Habéis visto qué camiseta más chula?
Como no podía ser menos, el avituallamiento final es la bomba. Hay tortilla de patatas y ¡callos! Llamo a casa para avisarles de que he sobrevivido y me quedo un rato de charla con algunos compañeros que conocía de otras pruebas y otros que he conocido hoy. Todo muy agradable.

Son 25 puntos más y ya tengo 176. La próxima será dentro de dos semanas y las 4 que me quedarán pendientes ya son para después del verano.

¡Hasta pronto!