viernes, 17 de marzo de 2017

XVIII Marxa dels Castells de la Segarra (12 de marzo de 2017)

Ya son cuatro ocasiones las que he participado en esta prueba, y creo que costará que me canse de ella. Es fantástica, tanto si se plantea como un objetivo en sí misma como si es parte de un plan, como ha sido mi caso esta vez. El recorrido, de unos 54,5 km, es circular y cada dos años intercambian la base entre Guissona y Cervera. Sus 1.200 metros de desnivel acumulado la hacen bastante llana y corrible prácticamente en su totalidad, si las fuerzas lo permiten. La época del año en la que se celebra es además la que más belleza paisajística ofrece en esta zona, con los campos de cereales ahora verdes y los almendros en flor. Y qué decir de la organización, profesional y atenta a todos los detalles: marcaje del circuito, cantidad y calidad de los avituallamientos, seguridad, etc.

Universitat de Cervera
A las 7 de la mañana se daba la salida desde la plaza de la Universidad de Cervera a los más de 1800 participantes. Al final llegarían a meta unos 1500, la mayoría en un tiempo de entre 8 y 12 horas. Sólo un 15% llegaría entre 4 y 8 horas desde la salida, y es que esta marcha combina participantes que irán andando; andando y corriendo; o corriendo. Esto implica un esfuerzo organizativo muy grande, ya que los avituallamientos deben ser cubiertos durante muchas horas desde que pasa el primero hasta el último de los participantes.

Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Hacía cuatro meses que no corría una distancia tan larga, y tenía mis dudas sobre cómo me iba a sentir. La idea era aguantar corriendo a ritmo suave como parte de mi entrenamiento para la Trail Menorca Camí de Cavalls. El día es fresco y el cielo está cubierto durante las primeras horas. Corro con camiseta térmica y guantes. Me noto bien durante los primeros kilómetros, pero no sé lo que va a pasar más tarde, así que voy reservando. Paso el km 10 en 55 minutos y el 21 en 1 hora 55 minutos. He pasado por un par de avituallamientos y he parado a beber agua, pero no he comido nada. Al final no tomaré nada hasta el km 37 en Guissona. El espectáculo al llegar al pabellón deportivo de Guissona es impresionante, preparado para la hora de la comida de los caminadores. Sin embargo, yo paso por allí algo antes de las once menos cuarto de la mañana, así que me sólo me tomo un vaso de caldo y un trozo de plátano. Después de unos 12 minutos, vuelvo a emprender la marcha. Ya sólo quedan 17 kilómetros hasta la meta, pero van a ser los más duros. La tendencia del perfil en en subida, y las piernas ya empiezan a notar el esfuerzo. La velocidad se resiente, pero voy bien. Pienso que, cuando esté en Menorca, 54 km no serán ni la tercera parte de todo lo que tendré que recorrer. Buf, más vale no pensarlo mucho...
Foto: Xavier Capdevila (FEEC)
Me hace gracia mirar el reloj a mi paso por la distancia del maratón: 4 horas 21 minutos. Voy adelantada respecto a mi paso por este punto el año pasado, ¡estupendo! A estas alturas, los corredores que me rodean son siempre los mismos, ahora están más cerca, luego más lejos. Último esfuerzo en subida y entramos en Cervera. El último kilómetro es en bajada, y lo conozco bien porque es el mismo recorrido de la Cursa de Cervera de 10 km del pasado mes de septiembre. Así que mi idea es acelerar todo lo que pueda. No es por ganar un minuto y medio, es para ver si mi cuerpo aún tiene fuerzas después de tantos kilómetros. Y finalmente entro en el edificio de la Universitat de Cervera en 5 horas 47 minutos, mejorando en 10 minutos el tiempo del año pasado. Contenta.

Descansé el lunes y el martes salí a entrenar, pero las sensaciones no fueron nada buenas. Las piernas me pesaban cien kilos cada una, pero corrí durante 45 minutos. Descansé un día más y el jueves volví a intentarlo. Esta vez hice 13 km a buen ritmo y los ánimos volvieron a subir. Este fin de semana tocan 60 kilómetros más, esta vez con 5.400 metros de desnivel acumulado en las montañas de Prades.

¡Ya os contaré!

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