domingo, 19 de marzo de 2017

VII Almogàvers Muntanyes de Prades (18 de marzo de 2017)

Y dicen que a la tercera va la vencida, así que, después de los dos fiascos del año pasado (uno por la nieve y el otro por la lluvia) este año me volví a apuntar a la Almogàvers de Prades. Eso sí, esperé hasta el último momento para ver antes la previsión meteorológica, ja, ja, ....

Prades es un pueblo precioso situado a 950 m de altitud en el centro de las montañas de Prades, uno de los accidentes geográficos más importantes de Catalunya. La prueba está pensada para descubrir rincones poco conocidos de esta maravillosa zona y el circuito discurre prácticamente en su totalidad por senderos de montaña, evitando núcleos habitados. El recorrido, de algo más de 60 km y 5.442 m de desnivel acumulado, es circular, con salida y llegada a Prades.

Prades. Fuente: www.prades.cat
Después de levantarme todos los días a las 5 de la mañana para ir a trabajar, levantarme a las 4:30 un sábado cuesta bastante, la verdad. Pero dicen que sarna con gusto no pica, así que a las 7 de la mañana ya estaba en la línea de salida junto con unos 160 participantes más. Sé que es una prueba muy dura, así que me he propuesto hacerla en un tiempo límite de 12 horas. La idea es llegar antes de que se ponga el sol, pues correr por la montaña de noche es algo que me aterra bastante. He visto que ese día el sol se pondrá a las 19:05, así que, si todo va bien, creo que voy a tener tiempo suficiente.

El circuito es un subir y bajar constante, desde los 600 m hasta más de 1100 m de altitud. Los kilómetros en la montaña no tienen nada que ver con los de asfalto. Ya me dí cuenta el año pasado, en mi participación en el Circuito de Caminadas de Resistencia, que el tiempo aquí sigue una escala diferente. Al principio, acostumbrada a la referencia de 1 km en 5 minutos, los kilómetros por montaña se me hacían eternos. Así que, para tener una previsión media del tiempo de llegada, me marco como objetivo cada punto de control, que están repartidos uniformemente a lo largo del circuito.

Al principio vamos un grupo bastante nutrido de corredores juntos, aunque ya sé que más adelante voy a estar completamente sola. Voy bien, ahora ya conozco bastante la técnica de bajada por sitios pedregosos, así que el ritmo que llevo es bastante alto, muy por debajo de las 12 horas objetivo. Llego al control del km 21 en 3 h 15 minutos, lo que serían unas 10 horas de tiempo final. Pero aún quedan muchos kilómetros por delante.

Atravesando el río
Atravesamos ríos varias veces, apoyando los pies con cuidado en pequeñas rocas tambaleantes. El paisaje es excepcional. Nos rodean paredes verticales de conglomerado y roca calcárea donde encontramos grupos haciendo escalada. De repente, veo una cinta en una grieta de una de esas paredes y no me imagino escalándola. Cuando me acerco, veo una fisura de un metro de ancho por la que hay que superarla, con manos, rodillas, pies y como uno buenamente pueda. En el tramo final hay una escalera de mano fijada a la roca. Precioso, pero a estas alturas las fuerzas ya escasean.

¡Para arriba!
Voy a ritmo, pero eso no impide que me pare a admirar el paisaje, tan impresionante. Pasamos junto a la cova dels tions, una abertura en la roca donde los niños de Mont-ral guardan los troncos de navidad fuera de temporada navideña. Justo después, nos internamos en una zona entre rocas, protegida del viento, donde parece que haya un microclima, con vegetación propia de climas más húmedos. Parece que estemos en un bosque de cuento.

Cova dels tions
Todo era maravilloso y, de repente, en el kilómetro 41, no veo unas cintas y sigo adelante. Avanzo durante un buen rato y me extraña no ver ninguna marca, pero pienso que quizá estén más adelante. Cuesta darse cuenta de que te has equivocado y decidir volver atrás. Finalmente doy la vuelta y me doy cuenta de que, justo en un paso de agua, al estar atenta a no resbalar, no he visto la indicación de salir del camino por una importante pendiente en bajada. Está húmeda, y con la desconcentración de haberme perdido, resbalo, el pie me va a dar contra una roca y se me tuerce el tobillo. Veo las estrellas y creo que ya no me voy a poder mover de allí. Me tumbo unos minutos en la pendiente y cuando veo que el dolor remite pruebo a apoyar el pie en el suelo. Creo que no me he roto nada, menos mal. Puedo seguir, al menos hasta el siguiente avituallamiento, aunque mirando centímetro a centímetro dónde apoyo el pie para pisar recto y no torcerlo. Cosa muy difícil de hacer por una bajada rocosa y muy empinada durante nada menos que 6 kilómetros.

Aquí casi se acaba la carrera
Tengo que llegar como sea al km 46. Ese control es una vía de escape, donde muchos participantes abandonan y un autobús les lleva de vuelta a Prades. No sé cómo, pero consigo llegar. Allí ya hay un corredor con el pie inflado que lo deja. Mi cabeza dice que debería dejarlo yo también, ya que el tramo que queda es de los más duros de toda la prueba: una subida que no se acaba nunca hasta la cima de la montaña. Pero decido seguir adelante. La razón por la que estoy aquí es que estoy entrenando para la vuelta a Menorca. Seguro que allí tendré muchos momentos en los que desearé dejarlo y quiero saber cómo gestionar esos malos ratos. Estoy muy mal, para qué nos vamos a engañar. Tengo un problema añadido, y es que no he comido nada durante toda la prueba. Se me cierra el estómago y no puedo hacer nada. En el último avituallamiento me dan un plato de albóndigas que tiene una pinta excelente, pero pruebo una y casi vomito, así que las tengo que dejar. No paro de beber agua, y una cápsula de sales cada hora, pero eso no es suficiente para reponer la energía que estoy perdiendo. Me noto sin fuerzas, muy débil. Este es un tema que voy a tener que solucionar de cara a la Trail de Menorca, pues es imposible que recorra los 185 km en más de 30 horas sin comer.

Llevo poco más de 9 horas de recorrido y sólo faltan 10 kilómetros. Una distancia que en condiciones normales podría hacer bastante rápido, pero hoy no tengo claro ni siquiera que vaya a poder llegar. Voy subiendo y parando cada pocos metros, hasta que llego a la cima. Por fin un tramo de pista sin piedras de unos 7 kilómetros hasta llegar a Prades. El paraíso en otras circunstancias, pero hoy el sol me da en los ojos y noto que me estoy durmiendo. Supongo que la causa es el dormir poco y la falta de energía por no comer. En un punto, encuentro una persona que me dice que quedan sólo 2 kilómetros y, entonces, sacando fuerzas de donde pensaba que no quedaba nada, empiezo a correr a buen ritmo. Pienso que es sólo una vuelta del parque donde suelo entrenar, y eso está chupado. Entro en Prades, atravieso el pueblo por sus calles empedradas y finalmente ficho en el control de llegada poco después de las 6 de la tarde. 11 horas después de haber salido.

Así quedan los pies después de 60 km por montaña
Ni siquiera me quito las zapatillas pues no sé cómo va a estar el tobillo y más vale no tocar nada. Por lo menos puedo conducir... Cuando llego a casa veo el desastre. No tengo idea de ir al médico para que me lo venden y no pueda correr, así que espero que se cure pronto él solito. Hoy ya ha salido el hematoma y ando con una tobillera. El fin de semana tengo otra carrera, así que más le vale estar bien para entonces, je, je,...

¡Ya os contaré!


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada